La crisis de los medios de comunicación
Fausto Rosario - 26 de septiembre 2003   


Nunca antes los medios de comunicación del país habían atravesado por una
crisis como la que padecen ahora. Ni siquiera en los gobiernos represivos de
Joaquín Balaguer, cuando se perseguía y se mataba a periodistas y se
chantajeaba a los propietarios.

No se trata, en este caso, de la represión del Gobierno ni del interés del
Poder Ejecutivo para ahogar económicamente a medios de comunicación, como ya
lo vivió el país con empresas que hicieron extraordinarios intentos por
imponer la vigencia de un periodismo independiente (periódicos Firme, La
Noticia, El Nuevo Diario, El Sol, entre otros).

Se trata de la crisis de la abundancia. Nunca antes los medios de
comunicación habían dispuesto de tantos recursos económicos y tecnológicos
para informar adecuadamente a la sociedad dominicana. Lamentablemente, pese
a sus proclamas, no han cumplido a cabalidad esa misión.

La llegada de los bancos a las empresas periodísticas, desde el inicio de
los años noventa, desbordó la realidad del mercado de las comunicaciones y
sobrepasó en oferta el potencial publicitario nacional.

La llegada del Grupo Baninter a los medios de comunicación, la incursión del
Grupo Popular y la presencia, un poco más antigua, de una rama de la familia
Pellerano en nuevos medios de comunicación, a través del Grupo Financiero
Nacional, potenció una competencia irracional por el control y predominancia
del sector financiero en la prensa, la televisión y la radio.

Son muchas las hipótesis que pueden plantearse sobre las razones de la
incursión del capital financiero en las empresas periodísticas.

Una es el descubrimiento de los mismos como fuentes de poder y de presión
ante las autoridades y ante los propios competidores.

Otra es la tenencia de medios como escudo ante las batallas económicas y
políticas lanzadas por los contrarios.

Otra es la inversión para convertirlos en abridores de puertas frente a
negocios vinculados al sector financiero y no relacionados directamente con
los medios.

Cada una de ellas podría plantear discusiones interesantes para el futuro
inmediato.

La competencia entre los grupos financieros, y la lucha por el poder, en la
relación con el Estado, llevaron a casi todos estos propietarios de medios a
realizar inversiones temerarias e irracionales, sin siquiera contar con los
estudios de factibilidad que indicaran la fuerza del mercado para que esas
empresas sobrevivieran sin la sombrilla del banco propietario.

Ni siquiera el producto periodístico más atractivo para el mercado
publicitario y de lectores pudo alcanzar la sustentabilidad: el Listín
Diario. El cambio de Gobierno en el 2000 dio pie al cambio de propiedad de
ese periódico.

Habría que analizar la racionalidad de su administración hasta el 2000, y si
el desbordamiento continuó después, pero ese medio es un claro ejemplo de
que el país no estaba en condiciones de pagar su costo. Con una deuda de
casi 100 millones de dólares, el Listín decidió hacer una inversión en
equipos e infraestructura de 25 millones de dólares más, lo que alejó
extraordinariamente su posibilidad de recuperación.

Claro, el Listín Diario tenía una fuente "inagotable" de recursos: el
Baninter, y era sombrilla de otros medios, como Ultima Hora, El Expreso, El
Financiero y numerosas inversiones adicionales en televisión por cable, en
radio y canales locales de producción de noticias. Cualquiera diría que se
trataba de una obsesión por los medios de comunicación, que al final ha
debido pagarla onerosamente el país.

Como consecuencia de la irracionalidad económica y financiera, a causa del
retorcimiento que le dieron sus auspiciadores, esos medios estaban
destinados al fracaso. Por eso no es casual la quiebra del Baninter, ni el
consiguiente cierre de los diarios Ultima Hora y El Financiero, y la
intervención y administración por parte del Estado, hasta ahora, del Listín
Diario y El Expreso, así como las empresas de radio, televisión y cable.

La quiebra de BANCREDITO dejó numerosos medios de comunicación sin la
sombrilla financiera, y es incierto su futuro. Empresas como Telecable
Tricom y Omnimedia (Diario Libre, Rumbo y otros) podrían padecer de los
mismos problemas que ya otros están sufriendo.

Diario Libre es el más innovador y pujante de los periódicos gratuitos,
modelo en el que incursionó el país entre el 2001 y el 2002, y como
consecuencia de la misma competencia e irracionalidad, pasamos de no tener
ninguno a cuatro diarios (El Expreso, Diario Libre, Ultima Hora y El Día).

La otra gran inversión la hizo el Grupo Popular, tanto en medios
electrónicos (CDN radio y televisión) como en el diario El Caribe. Muchos
millones de dólares potenciaron a estos medios hasta convertirlos en
punteros (en el caso de los electrónicos) y en uno de los mejores productos
periodísticos (en el caso del diario El Caribe), pese al fuerte lastre
trujillista que también compró esa inversión. El Caribe es el periódico
mejor vendido en la historia de la República Dominicana: apenas circulaba,
con buena infraestructura pero mediocre tecnología, fue adquirido por 16
millones de dólares, y sus instalaciones remozadas con esmero, hasta el
punto de convertirlo en el único diario en la región con un edificio con su
interior forrado en mármol.

La perspectiva de los medios no está clara en este momento. Se vaticinan
cambios importantes como consecuencia del replanteamiento de la supervisión
bancaria, y es muy probable que deban producirse variaciones en su
propiedad. Algunos cambios que se intentan hacer ahora no pueden borrar las
irracionalidades ya protagonizadas.

El Grupo de Comunicaciones Corripio (Hoy, El Nacional, El Día, Revista
Ahora, Telesistema, Teleantillas y Coral 39) se ha manejado con criterios
diferentes, ha luchado por mantener la rentabilidad y no ha hipotecado sus
respectivas políticas informativas, lo que les permite a sus medios
sobresalir como los más independientes.

¿Qué pasará con los medios de comunicación intervenidos por el Gobierno? ¿El
proceso de liquidación de Baninter permitirá licitar los periódicos, las
televisoras, los sistemas de cable y las emisoras de radio? ¿Influirá en su
venta o no la próxima contienda electoral? ¿Sobrevivirán los medios
auspiciados por los otros grupos financieros? ¿Cambiarán de dueños?
¿Permitirá el Estado que los bancos mantengan su presencia en los medios en
que ya la tienen? ¿Surgirán nuevos medios de comunicación con vocación
independiente?

Hay muchas dudas sobre el cambiante status de los medios de comunicación y
sobre sus posibilidades de ser empresas de Bien Común, sustentables
económicamente, que informen la verdad sin condicionamientos, y sin apego
exclusivo al particular interés de los banqueros.

Fausto Rosario Adames  
fausto.rosario@codetel.net.do


26 de septiembre 2003