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Necesitamos
un borrador A Esther En esta ocasión no me refiero a un escrito preliminar con ideas básicas que necesitan ser desarrolladas para luego ser presentadas en una versión final, sino a un artefacto utilizado, preferentemente por los docentes, para hacer desaparecer de la pizarra lo que ya no tiene utilidad, o fue puesto por equivocación. No es sobre algo incompleto que luego permanecerá, después de haber sido modificado, sino de algo que merece hacer que desaparezca. Esta entrega está inspirada en la acción de una entrañable amiga que une a la alegría por la vida una profunda fe religiosa, quizás la causa de su permanente estado de ánimo positivo, y detalles como el que da lugar a este artículo. Sucedió que una
amiga recibe de Esther un regalo que la deja perpleja. Es un borrador de
pizarra. Surge de inmediato la pregunta de ¿por qué un borrador, para qué?
La respuesta, acompañada de una gran sonrisa, fue “para que puedas
borrar de tu vida todas las cosas que no te gusten”. Fui testigo de la
pregunta surgida por lo extraño regalo y de la respuesta, que parece
desconcertante sólo si no reparamos en la profundidad de su significado.
¡Que importante sería que cada uno de nosotros pudiera disponer de un
borrador con el cual poder perdonar y perdonarnos, enmendar errores,
rectificar! En el transcurso de la
vida debemos tomar decisiones y realizar determinadas acciones, y estamos
obligados a cargar con las responsabilidades que se derivan de ellas. De
lo que hicimos somos responsables, primero ante nuestra conciencia, y
luego frente al juicio de los demás. Las consecuencias de las decisiones
y acciones que tomaron e hicieron otros, tenemos que soportarlas, sobre
todo las que nos afectaron de forma negativa. Las nuestras nos pueden
producir remordimientos y culpas; las de los demás, rencores y
enemistades. Esto es respecto al pasado. En el presente debemos enfrentar
y padecer situaciones, así como decisiones y
comportamientos, que lesionan la dignidad humana, de la mayoría de
la población por cierto, y que comprometen negativamente su futuro. Si repasamos y valoramos
lo que sido nuestra vida debemos aceptar que tiene tantas luces como
sombras. Que hay decisiones y actuaciones de las que nos sentimos
orgullosos, pero hay otras que consideramos que no debimos haberlas
realizado. Sus consecuencias, para nosotros mismos, o para otras personas,
hacen que no nos sintamos complacidos de ellas. Pero también pidiéramos
apreciar que decisiones y acciones de otras personas nos afectaron tan
negativamente que nunca debieron ocurrir. Fue tal el impacto que tuvieron
en nuestra vida que algún tipo de rencor aún guardamos por quién lo
hizo. Si dispusiéramos de ese borrador, tendríamos la oportunidad de
hacer desaparecer de nuestra memoria, y de nuestra conciencia, esas cosas
de las que no nos sentimos orgullos. Pero no sólo eso. Sería posible,
además, sustituir el rencor por el perdón, y hasta restablecer la
amistad y la comunicación con las personas que nos perjudicaron con sus
acciones. En relación a lo ocurrido, lo que nos debe permitir un borrador,
es, sobre todo, reparar y perdonar. Si tuviéramos la posibilidad enmendar
lo sucedido en el pasado ¿qué cosas estarías dispuesto a borrar, de lo
hiciste y de lo que hicieron? Además de la tranquilidad
respecto al pasado, disponer de un borrador tiene también su importancia
en lo que hacemos en el presente. Nos permitiría rectificar de inmediato
decisiones erradas y actuaciones incorrectas, antes de que afecten a los
demás. Con un borrador en la mano evitaríamos la permanencia de errores
cometidos, ofensas realizadas, solidaridad negada, compromisos eludidos,
renunciar a lo que se había
defendido, silencios cómplices mantenidos, apego excesivo por lo material
que hacen de lo superfluo una
necesidad, y otras tantas actuaciones que nos dificultan vivir como
persona humana entre personas humanas. De igual manera, disponer de un
borrador nos puede hacer más tolerante, hasta llegar al perdón, en
relación a quienes nos afectan con sus decisiones y acciones. De entrada,
no las consideraríamos como permanentes, sino transitorias, con la
posibilidad de que puedan ser rectificadas. En el caso de que no fuera así,
entonces las borramos y evitamos que nos sigan afectando. En términos más
generales, en la actualidad el país enfrenta serias dificultades, y
aunque hay discursos que pronostican soluciones a muy corto plazo, todo
parece indicar que esas
dificultades tardarán en solucionarse, y algunas hasta pude que se
agraven. Creo que con un borrador en las manos, muchos de nosotros estaríamos
en disposición de hacer que desaparezcan cosas que no solo nos atormentan
de manera particular, sino que representan graves inconvenientes para el
desarrollo del país, de sus habitantes y de poder llevar una vida con mas
dignidad y decoro. De poder hacerlo, suprimiríamos, de un borrón, haber
detenido el crecimiento económico que veníamos experimentado para tratar
de recuperar el nivel perdido después de varios años de esfuerzos y
sufrimientos; el pragmatismo que se ha apoderado de la dirigencia privada
y pública que ha determinado que se haga solo lo que conviene, aunque sea
realizar un inmenso fraude o decidir la violación de lo establecido en
una ley; los beneficiados y complicidades alrededor de hoyos financieros,
que al final pagaremos todos; el aprovechamiento de las necesidades de la
población y transformar la
pobreza en una oportunidad para el clientelismo; la desfachatez de quienes
piensan que el poder le permite realizar hasta lo insólito; la renuncia a
lo que antes se había defendido y la incoherencia entre lo que se dice y
lo que se hace. Haríamos desaparecer también la bochornosa escena de la
elección del bufete directivo de la Cámara de Diputados, que no fue otra
cosa que una vergüenza nacional. Sin embargo, no quisiera
que se confundiera borrar lo desagradable, lo que nos duele, lo que afecta
a los demás, con el olvido. Olvidar es buscar la tranquilidad dejando que
las cosas sigan sucediendo. El borrador que Esther regala a sus amigos es
para que puedan reparar y perdonar. El borrador que me permití insinuar
que debiera usarse frente a lo social y colectivo es para testimoniar el
rechazo que debe recibir todo lo que degrada al ser humano, tanto al que
lo realiza como al que lo padece. Rafael Toribio |