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Ausencia
de discursos Es lamentable que en un país con tanta pasión por
la política no exista un real debate. El pragmatismo ha ganado adhesiones
y se ha encumbrado en la casi totalidad de los temas de interés público,
y las instancias naturales para el debate público, especialmente el político,
son la evidencia de que nos encontramos en una verdadera orfandad teórica. PRSC: En esta organización se produjo una división
como consecuencia de las irregularidades denunciadas por Jacinto Peynado,
y que favorecieron a Eduardo Estrella, electo y proclamado oficialmente
como candidato presidencial del reformismo. Aún en los peores momentos,
los reformistas no han presentado una diferencia sustancial de carácter
político o conceptual para mantener su separación. Se trató, en su lógica,
de un arrebato y nadie en ese partido ha sugerido una salida política de
largo plazo, con una propuesta programática que le sirva de bandera para
retornar al poder. Los discursos de Peynado, Eduardo Estrella y Bello
Andino carecen de contenido y se limitan al recuento anecdotario de lo que
hizo Balaguer. PRD: El presidente del PRD, Hatuey De Camps, y en
menor medida la vicepresidenta de la República Milagros Ortiz Bosch, han
mantenido el tema de los principios y la doctrina política como parte de
su discurso. Rechazan de ese modo la reelección presidencial, pero no hay
en el PRD un debate político que incluya al conjunto de los precandidatos
y a los funcionarios del PPH fuera de la lógica maniquea de quién es el
mejor candidato para enfrentar al doctor Leonel Fernández. Como en el
reformismo, entre los perredeístas ha ganado mucho espacio la corriente
de que ser un partido de poder implica formar parte de transacciones,
incluyendo las propias posiciones públicas, sin tomar en cuenta a qué se
van al Estado ni cuál es la lógica del ejercicio del poder: transformar,
para bien, la sociedad y sus instituciones. PLD: Jaime David Fernández le hizo un gran aporte
al PLD y al país al desarrollar una campaña interna basada en temáticas
de fondo, incluso desafiando a un debate al doctor Leonel Fernández. El
ex presidente descartó esa discusión, probablemente sabiéndose mayoría,
y se negó en todo momento a referirse al desafío planteado por Jaime
David, acoplándose de ese modo al criterio de que el debate se realiza en
las urnas. Congreso: Tanto el Senado como la Cámara de
Diputados son los escenarios idóneos para el debate institucional y político
del Estado. Cada día, en cada sesión, en cada cámara, se pierden
oportunidades brillantes para determinar el rumbo a seguir por el país, y
allí no existe otra preocupación que la del mercader. No existe,
siquiera, una agenda legislativa coherente. No hay temas de debate entre
los bloques parlamentarios, no se formulan propuestas, y cada proyecto es
un oportunismo más, desconectado de su partido, de su ideología y de
cualquier propuesta de desarrollo. Diálogo: Agripino Núñez Collado y su diálogo
nacional ofrecieron nuevamente una oportunidad para el debate de los más
señeros líderes políticos. El documento firmado no generó mayores
comentarios, y casi todo el mundo hizo mutis al respecto. Las opiniones
que se emitieron giraron en torno a la pragmática comisión de
seguimiento a la Junta Central Electoral. En los discursos que allí se
pronunciaron hubo, con alguna excepción, una tremenda pobreza argumental
y de contenido. Leonel Fernández se lució frente a los demás, Eduardo
Estrella leyó un texto al que poca gente le hizo caso, mientras Hatuey De
Camps se quedó en el anecdotario intrapartidario, con indirectas y
directas al presidente Hipólito Mejía. El mismo presidente, en sus
palabras finales, rechazó la oportunidad de enviar algún mensaje
institucional y político contundente, para quedarse en dos
consideraciones particulares: la repostulación va y no se harán patrañas
para permanecer en el poder, y no le seguirá “dando leña” a Hatuey
De Camps. De modo que el país, con sus partidos políticos,
su Congreso Nacional, su diálogo nacional, su Junta Central Electoral y
todas las demás instancias de consensos, está huérfano de discursos, de
propuestas, de visiones de desarrollo. Estamos en el más traumático
inmediatismo político.
Fausto Rosario Adames |