Ausencia de discursos
Fausto Rosario - 13 de septiembre 2003   

Es lamentable que en un país con tanta pasión por la política no exista un real debate. El pragmatismo ha ganado adhesiones y se ha encumbrado en la casi totalidad de los temas de interés público, y las instancias naturales para el debate público, especialmente el político, son la evidencia de que nos encontramos en una verdadera orfandad teórica.  

PRSC: En esta organización se produjo una división como consecuencia de las irregularidades denunciadas por Jacinto Peynado, y que favorecieron a Eduardo Estrella, electo y proclamado oficialmente como candidato presidencial del reformismo. Aún en los peores momentos, los reformistas no han presentado una diferencia sustancial de carácter político o conceptual para mantener su separación. Se trató, en su lógica, de un arrebato y nadie en ese partido ha sugerido una salida política de largo plazo, con una propuesta programática que le sirva de bandera para retornar al poder. Los discursos de Peynado, Eduardo Estrella y Bello Andino carecen de contenido y se limitan al recuento anecdotario de lo que hizo Balaguer.  

PRD: El presidente del PRD, Hatuey De Camps, y en menor medida la vicepresidenta de la República Milagros Ortiz Bosch, han mantenido el tema de los principios y la doctrina política como parte de su discurso. Rechazan de ese modo la reelección presidencial, pero no hay en el PRD un debate político que incluya al conjunto de los precandidatos y a los funcionarios del PPH fuera de la lógica maniquea de quién es el mejor candidato para enfrentar al doctor Leonel Fernández. Como en el reformismo, entre los perredeístas ha ganado mucho espacio la corriente de que ser un partido de poder implica formar parte de transacciones, incluyendo las propias posiciones públicas, sin tomar en cuenta a qué se van al Estado ni cuál es la lógica del ejercicio del poder: transformar, para bien, la sociedad y sus instituciones.  

PLD: Jaime David Fernández le hizo un gran aporte al PLD y al país al desarrollar una campaña interna basada en temáticas de fondo, incluso desafiando a un debate al doctor Leonel Fernández. El ex presidente descartó esa discusión, probablemente sabiéndose mayoría, y se negó en todo momento a referirse al desafío planteado por Jaime David, acoplándose de ese modo al criterio de que el debate se realiza en las urnas.  

Congreso: Tanto el Senado como la Cámara de Diputados son los escenarios idóneos para el debate institucional y político del Estado. Cada día, en cada sesión, en cada cámara, se pierden oportunidades brillantes para determinar el rumbo a seguir por el país, y allí no existe otra preocupación que la del mercader. No existe, siquiera, una agenda legislativa coherente. No hay temas de debate entre los bloques parlamentarios, no se formulan propuestas, y cada proyecto es un oportunismo más, desconectado de su partido, de su ideología y de cualquier propuesta de desarrollo.  

Diálogo: Agripino Núñez Collado y su diálogo nacional ofrecieron nuevamente una oportunidad para el debate de los más señeros líderes políticos. El documento firmado no generó mayores comentarios, y casi todo el mundo hizo mutis al respecto. Las opiniones que se emitieron giraron en torno a la pragmática comisión de seguimiento a la Junta Central Electoral. En los discursos que allí se pronunciaron hubo, con alguna excepción, una tremenda pobreza argumental y de contenido. Leonel Fernández se lució frente a los demás, Eduardo Estrella leyó un texto al que poca gente le hizo caso, mientras Hatuey De Camps se quedó en el anecdotario intrapartidario, con indirectas y directas al presidente Hipólito Mejía. El mismo presidente, en sus palabras finales, rechazó la oportunidad de enviar algún mensaje institucional y político contundente, para quedarse en dos consideraciones particulares: la repostulación va y no se harán patrañas para permanecer en el poder, y no le seguirá “dando leña” a Hatuey De Camps.  

De modo que el país, con sus partidos políticos, su Congreso Nacional, su diálogo nacional, su Junta Central Electoral y todas las demás instancias de consensos, está huérfano de discursos, de propuestas, de visiones de desarrollo. Estamos en el más traumático inmediatismo político.

Fausto Rosario Adames  
frosario@elcaribe.com.do


13 de septiembre 2003