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Suceden
cuando suceden La Biblia nos dice que hay
un tiempo oportuno para que las cosas sucedan, desde el nacer hasta el
morir. La sabiduría oriental, por su parte, complementa esta enseñanza bíblica
al señalarnos que los hechos ocurren realmente cuando tienen que ocurrir.
Ni antes, ni después, aunque nos preguntemos a veces, sobre todo cuando
somos víctimas de algunos acontecimientos, por qué nos ocurren a
nosotros, y en ese preciso momento. Lo que sucede es que parece que llegan
en un momento inoportuno, pero es para nosotros, no para lo lógica de los
propios acontecimientos. Ante un hecho que nos afecta de forma negativa,
nuestra primera reacción es cuestionarnos qué hicimos para provocarlo, o
lo que debimos haber hecho para evitar que sucediera. Pensamos, a veces,
que pudiera ser el producto de algún designio que no alcanzamos a
comprender. Sin embargo, cuando ocurren acontecimientos que nos favorecen
hay pocas preguntas, y sí una aceptación complaciente. Lo que nos afecta,
lo cuestionamos; lo que nos beneficia, lo aceptamos. La pregunta sobre el
por qué y la oportunidad de los acontecimientos, la formulamos sólo
cuando nos perjudican, no cuando nos benefician. Muchas y distintas son las
oportunidades en las que la vida nos depara acontecimientos sorpresivos
que nos afectan negativamente, frente a los cuales hacemos la pregunta de
porqué a nosotros, y ahora. Unas veces es un embarazo inesperado, que
puede ser a temprana edad o madura; otras es un accidente de tránsito,
que suele suceder cuando nos prestan el auto por primera vez, o cuando lo
tomamos prestado sin permiso para dar una vuelta. El golpe que nos aturde
puede manifestarse en forma de una enfermedad catastrófica que nos afecta
a nosotros mismos, a un familiar cercano, o a un entrañable
amigo. Puede ser también la pérdida del trabajo cuando la situación
económica hace difícil que pueda conseguir un nuevo en poco tiempo; o la
quiebra de un negocio por las dificultades económicas del momento. En
todos estos casos, y muchos mas como éstos que nos llegan de repente, en
el momento que consideramos más inoportuno, se convierten en tragedias
personales o familiares, de
las cuales pensamos que no podremos salir, o que solo lo lograremos hacer
después de muchos sufrimientos. Y todo porque pensamos que se produjeron
de forma inesperada, afectándonos negativamente, en el momento más
inoportuno. Antes de abundar en el por qué de lo que nos ha
sucedido, buscando una explicación, mas racional que emotiva, lo que
hacemos es cuestionarnos porqué nos tocó a nosotros, de esa manera, y en
ese momento. Un análisis objetivo pudiera conducirnos a una explicación
más cercana a las enseñanzas de la Biblia y de la sabiduría oriental,
aceptando que lo que nos ocurrió se produjo cuando tenía que suceder, no
antes, ni después. El embarazo que llegó cuando no se esperaba, tenía
que llegar si la práctica sexual se realizaba sin las cautelas
recomendadas, fuera a temprana edad, o ya en la edad madura. Sin las
cautelas debidas, lo normal era que sucediera lo que sucedió. De igual
manera, el accidente de tránsito solo puede suceder una vez que se maneja,
no antes, y en la primera vez
que se hace hay mas probabilidades de que se produzca por la inexperiencia,
se haga con autorización o sin ella. Por otro lado, una enfermedad
catastrófica es más normal que suceda cuando se tienen los años
suficientes para que el deterioro del organismo permita que el sistema
inmunológico no pueda mantener a raya a los agentes patógenos
productores de esas enfermedades, o que las potencialidades genéticas,
que nos acompañan desde el nacimiento, hayan tenido tiempo de
desarrollarse y aflorar en forma de una grave dolencia. Este tipo de
enfermedad suele llegar cuando se tiene cierta edad y se han superado las
etapas iniciales de dificultades, sobre todo económicas, y la persona
afectada es que puede entonces comenzar a disfrutar de la vida. Aún así,
debemos reconocer, que normalmente llega cuando están dadas las
condiciones en que debiera hacerlo. ¿Y qué decir de la pérdida del trabajo en una
situación de dificultades económicas y financieras? Que cuando hay
crecimiento económico, y una situación de pleno empleo, no es probable
que se produzcan despidos. Los despidos se producen, precisamente, cuando
las dificultades económicas, al determinar la reducción de la demanda de
bienes y servicios, aconsejan a las empresas a disminuir los puestos de
trabajo para ajustar la producción a la demanda del mercado. El
incremento del desempleo es entonces normal que se produzca en los
momentos de disminución de las actividades económicas. Igualmente, los
negocios quiebran cuando hay estrechez económica, no en los períodos de
bonanza. En medio de un estancamiento de la economía, o de recesión económica,
es cuando normalmente se producen las quiebras y los despidos. A pesar de cuestionarnos sobre la oportunidad de los
acontecimientos, sobre todo los que nos afectan de manera negativa, no
podemos, ni debemos, aceptarlos como
inexorables. Está en nosotros la posibilidad de influir en su ocurrencia
con acciones u omisiones que
los propicien o dificulten. Conforme a esto, lo primero que debemos hacer
es ver qué propiciamos o hacemos difícil que ocurra con lo que
realizamos o dejamos de hacer, sabiendo que una cosa o la otra tienen algún
nivel de incidencia en lo que finalmente nos ocurre. Pero cuando el
acontecimiento sucede, aunque nos cueste reconocerlo, no siempre lo hace
en el momento inoportuno, como es nuestra creencia Si reflexionáramos con
algo de detenimiento nos percataríamos de que el hecho ocurrió, y nos
ocurrió a nosotros, en el momento en que había mayores probabilidades de
que ocurriera; cuando estaban dadas las circunstancias para que se
produjera. Además, como todo acontecimiento, aún el que tenga efectos
mas negativos, nos puede proporcionar alguna enseñanza, debemos aprender
de lo que nos sucede para evitar que con nuestros comportamientos
propiciemos en el futuro circunstancias que hagan posible acontecimientos
que nos perjudiquen. Y siempre está la posibilidad de ayudar a los demás
a encontrar una explicación a los hechos que afectan sus vidas, y sobre
los cuales tienen la opinión de que nunca debieron suceder, menos a ellos,
y jamás en el momento en que lo hicieron. Rafael Toribio |