Suceden cuando suceden
Rafael Toribio - 31 de agosto 2003

La Biblia nos dice que hay un tiempo oportuno para que las cosas sucedan, desde el nacer hasta el morir. La sabiduría oriental, por su parte, complementa esta enseñanza bíblica al señalarnos que los hechos ocurren realmente cuando tienen que ocurrir. Ni antes, ni después, aunque nos preguntemos a veces, sobre todo cuando somos víctimas de algunos acontecimientos, por qué nos ocurren a nosotros, y en ese preciso momento. Lo que sucede es que parece que llegan en un momento inoportuno, pero es para nosotros, no para lo lógica de los propios acontecimientos. Ante un hecho que nos afecta de forma negativa, nuestra primera reacción es cuestionarnos qué hicimos para provocarlo, o lo que debimos haber hecho para evitar que sucediera. Pensamos, a veces, que pudiera ser el producto de algún designio que no alcanzamos a comprender. Sin embargo, cuando ocurren acontecimientos que nos favorecen hay pocas preguntas, y sí una aceptación complaciente. Lo que nos afecta, lo cuestionamos; lo que nos beneficia, lo aceptamos. La pregunta sobre el por qué y la oportunidad de los acontecimientos, la formulamos sólo cuando nos perjudican, no cuando nos benefician.

Muchas y distintas son las oportunidades en las que la vida nos depara acontecimientos sorpresivos que nos afectan negativamente, frente a los cuales hacemos la pregunta de porqué a nosotros, y ahora. Unas veces es un embarazo inesperado, que puede ser a temprana edad o madura; otras es un accidente de tránsito, que suele suceder cuando nos prestan el auto por primera vez, o cuando lo tomamos prestado sin permiso para dar una vuelta. El golpe que nos aturde puede manifestarse en forma de una enfermedad catastrófica que nos afecta a nosotros mismos, a un familiar cercano, o a un entrañable amigo. Puede ser también la pérdida del trabajo cuando la situación económica hace difícil que pueda conseguir un nuevo en poco tiempo; o la quiebra de un negocio por las dificultades económicas del momento. En todos estos casos, y muchos mas como éstos que nos llegan de repente, en el momento que consideramos más inoportuno, se convierten en tragedias personales o familiares,  de las cuales pensamos que no podremos salir, o que solo lo lograremos hacer después de muchos sufrimientos. Y todo porque pensamos que se produjeron de forma inesperada, afectándonos negativamente, en el momento más inoportuno.

Antes de abundar en el por qué de lo que nos ha sucedido, buscando una explicación, mas racional que emotiva, lo que hacemos es cuestionarnos porqué nos tocó a nosotros, de esa manera, y en ese momento. Un análisis objetivo pudiera conducirnos a una explicación más cercana a las enseñanzas de la Biblia y de la sabiduría oriental, aceptando que lo que nos ocurrió se produjo cuando tenía que suceder, no antes, ni después. El embarazo que llegó cuando no se esperaba, tenía que llegar si la práctica sexual se realizaba sin las cautelas recomendadas, fuera a temprana edad, o ya en la edad madura. Sin las cautelas debidas, lo normal era que sucediera lo que sucedió. De igual manera, el accidente de tránsito solo puede suceder una vez que se maneja, no antes,  y en la primera vez que se hace hay mas probabilidades de que se produzca por la inexperiencia, se haga con autorización o sin ella. Por otro lado, una enfermedad catastrófica es más normal que suceda cuando se tienen los años suficientes para que el deterioro del organismo permita que el sistema inmunológico no pueda mantener a raya a los agentes patógenos productores de esas enfermedades, o que las potencialidades genéticas, que nos acompañan desde el nacimiento, hayan tenido tiempo de desarrollarse y aflorar en forma de una grave dolencia. Este tipo de enfermedad suele llegar cuando se tiene cierta edad y se han superado las etapas iniciales de dificultades, sobre todo económicas, y la persona afectada es que puede entonces comenzar a disfrutar de la vida. Aún así, debemos reconocer, que normalmente llega cuando están dadas las condiciones en que debiera hacerlo.

¿Y qué decir de la pérdida del trabajo en una situación de dificultades económicas y financieras? Que cuando hay crecimiento económico, y una situación de pleno empleo, no es probable que se produzcan despidos. Los despidos se producen, precisamente, cuando las dificultades económicas, al determinar la reducción de la demanda de bienes y servicios, aconsejan a las empresas a disminuir los puestos de trabajo para ajustar la producción a la demanda del mercado. El incremento del desempleo es entonces normal que se produzca en los momentos de disminución de las actividades económicas. Igualmente, los negocios quiebran cuando hay estrechez económica, no en los períodos de bonanza. En medio de un estancamiento de la economía, o de recesión económica, es cuando normalmente se producen las quiebras y los despidos.

A pesar de cuestionarnos sobre la oportunidad de los acontecimientos, sobre todo los que nos afectan de manera negativa, no podemos, ni debemos, aceptarlos  como inexorables. Está en nosotros la posibilidad de influir en su ocurrencia con acciones  u omisiones que los propicien o dificulten. Conforme a esto, lo primero que debemos hacer es ver qué propiciamos o hacemos difícil que ocurra con lo que realizamos o dejamos de hacer, sabiendo que una cosa o la otra tienen algún nivel de incidencia en lo que finalmente nos ocurre. Pero cuando el acontecimiento sucede, aunque nos cueste reconocerlo, no siempre lo hace en el momento inoportuno, como es nuestra creencia Si reflexionáramos con algo de detenimiento nos percataríamos de que el hecho ocurrió, y nos ocurrió a nosotros, en el momento en que había mayores probabilidades de que ocurriera; cuando estaban dadas las circunstancias para que se produjera. Además, como todo acontecimiento, aún el que tenga efectos mas negativos, nos puede proporcionar alguna enseñanza, debemos aprender de lo que nos sucede para evitar que con nuestros comportamientos propiciemos en el futuro circunstancias que hagan posible acontecimientos que nos perjudiquen. Y siempre está la posibilidad de ayudar a los demás a encontrar una explicación a los hechos que afectan sus vidas, y sobre los cuales tienen la opinión de que nunca debieron suceder, menos a ellos, y jamás en el momento en que lo hicieron.    

Rafael Toribio
rtoribio@intec.edu.do

 
31 de agosto 2003