¿Transparencia o Desfachatez?
Rafael Toribio - 28 de agosto 2003

Como parte de lo se llama ahora “buen gobierno”, se les está exigiendo a las autoridades públicas y a los demás actores del sistema político, que en adición de observar en la toma de decisiones, y en la ejecución de las mismas, los procedimientos  exigidos por la institucionalidad democrática,  la ciudadanía esté debidamente informada de lo que sus autoridades realizan, como también de los otros actores que intervienen en el quehacer político, incluyendo a las organizaciones de la sociedad civil, que no sólo deben reclamar la transparencia en la actuación de los demás, sino ellas mismas proceder con la transparencia exigida a los otros. La “rendición de cuentas”, que es la forma en que se debe concretizar la transparencia que se demanda, tiene asignada un valor de mucha importancia en el esfuerzo por una democracia de mayor calidad, pero que no puede confundirse con la desfachatez o el desparpajo.

A principios de esta misma semana hemos leído con asombro las declaraciones  de uno de los principales dirigentes del Proyecto Presidencial Hipólito, en la que hacía de conocimiento público que esta tendencia dentro del PRD  asumiría las funciones de asesorar al Gabinete Económico del gobierno en la inversión que se realizaría en el desarrollo de un plan social para contrarrestar los efectos en las clases populares del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Dicho plan contaría con recursos económicos del presupuesto nacional y otros facilitados al gobierno dominicano por agencias de cooperación internacional, en forma de asistencia financiera y préstamos. La justificación para asumir funciones propias de un órgano especializado del gobierno, como ONAPLAN o el Gabinete Social, es que por su condición de tendencia política del Presidente de la República disponen de las informaciones sobre las necesidades de las poblaciones más empobrecidas y dónde éstas se encuentran, además de que esta inversión mejoraría la imagen del gobierno y del Presidente. La disponibilidad de estas valiosas informaciones en manos del PPH no hay porqué discutirlas.  Lo que es muy discutible es que se las suministren al Gabinete Económico sin un propósito proselitista que beneficie a los propósitos reeleccionistas del Presidente de la República, transformando una asistencia necesaria en un recurso de promoción del clientelismo.

Llena de asombro que una tendencia suplante al partido en el gobierno en algo que se estima tan importante como lo es la formulación de políticas públicas, sobre todo cuando se orienta a paliar las consecuencias del acuerdo con el FMI, y que asuma funciones de gobierno con relación a la inversión de recursos económicos aportados par agencias externas de cooperación, la mayoría de los cuales se harán bajo la modalidad de préstamos. El asombro será mayor si ese propósito se materializa sin que los organismos internacionales que aportan esos recursos indiquen que los mismos, además de ser administrados por los órganos competentes del gobierno, no pueden dirigirse, bajo ningún concepto, a apoyar los intentos reeleccionistas del actual mandatario, que es lo que, lamentablemente, se tratará de hacer. Las consecuencias de la grave situación económica que afecta a la mayoría de la población no debiera ser aprovechada como oportunidad para promover la reelección, mucho menos con fondos internacionales.    

Rafael Toribio
rtoribio@intec.edu.do

 
28 de agosto 2003