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¿Transparencia
o Desfachatez? Como parte de lo se llama
ahora “buen gobierno”, se les está exigiendo a las autoridades públicas
y a los demás actores del sistema político, que en adición de observar
en la toma de decisiones, y en la ejecución de las mismas, los
procedimientos exigidos por
la institucionalidad democrática, la
ciudadanía esté debidamente informada de lo que sus autoridades realizan,
como también de los otros actores que intervienen en el quehacer político,
incluyendo a las organizaciones de la sociedad civil, que no sólo deben
reclamar la transparencia en la actuación de los demás, sino ellas
mismas proceder con la transparencia exigida a los otros. La “rendición
de cuentas”, que es la forma en que se debe concretizar la transparencia
que se demanda, tiene asignada un valor de mucha importancia en el
esfuerzo por una democracia de mayor calidad, pero que no puede
confundirse con la desfachatez o el desparpajo. A principios de esta misma
semana hemos leído con asombro las declaraciones de uno de los principales dirigentes del Proyecto
Presidencial Hipólito, en la que hacía de conocimiento público que esta
tendencia dentro del PRD asumiría
las funciones de asesorar al Gabinete Económico del gobierno en la
inversión que se realizaría en el desarrollo de un plan social para
contrarrestar los efectos en las clases populares del acuerdo con el Fondo
Monetario Internacional. Dicho plan contaría con recursos económicos del
presupuesto nacional y otros facilitados al gobierno dominicano por
agencias de cooperación internacional, en forma de asistencia financiera
y préstamos. La justificación para asumir funciones propias de un órgano
especializado del gobierno, como ONAPLAN o el Gabinete Social, es que por
su condición de tendencia política del Presidente de la República
disponen de las informaciones sobre las necesidades de las poblaciones más
empobrecidas y dónde éstas se encuentran, además de que esta inversión
mejoraría la imagen del gobierno y del Presidente. La disponibilidad de
estas valiosas informaciones en manos del PPH no hay porqué discutirlas.
Lo que es muy discutible es que se las suministren al Gabinete Económico
sin un propósito proselitista que beneficie a los propósitos
reeleccionistas del Presidente de la República, transformando una
asistencia necesaria en un recurso de promoción del clientelismo. Llena de asombro que una
tendencia suplante al partido en el gobierno en algo que se estima tan
importante como lo es la formulación de políticas públicas, sobre todo
cuando se orienta a paliar las consecuencias del acuerdo con el FMI, y que
asuma funciones de gobierno con relación a la inversión de recursos económicos
aportados par agencias externas de cooperación, la mayoría de los cuales
se harán bajo la modalidad de préstamos. El asombro será mayor si ese
propósito se materializa sin que los organismos internacionales que
aportan esos recursos indiquen que los mismos, además de ser
administrados por los órganos competentes del gobierno, no pueden
dirigirse, bajo ningún concepto, a apoyar los intentos reeleccionistas
del actual mandatario, que es lo que, lamentablemente, se tratará de
hacer. Las consecuencias de la grave situación económica que afecta a la
mayoría de la población no debiera ser aprovechada como oportunidad para
promover la reelección, mucho menos con fondos internacionales. Rafael Toribio |