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La
propuesta del Presidente Mejía De
acuerdo a revelaciones confidenciales, el primer mandatario propone que el
candidato presidencial sea electo por la mayoría absoluta de los votos de
los perredeístas. Eso obligaría a una segunda ronda entre los dos más
votados, si en la primera ninguno obtiene la mitad más uno de los
sufragios. Esa
fórmula impediría que el candidato perredeísta pudiera ser fruto de una
minoría del universo de la militancia, en virtud de la multiplicidad de
competidores. Y permitiría alianzas para la segunda ronda, con lo cual
los opositores a la reelección tendrían la oportunidad de hacer causa
común. Un
candidato de minoría, cualquiera que fuere, en las actuales
circunstancias de dispersión del PRD, implicaría casi automáticamente
una o más divisiones, o por lo menos la inhibición de una parte del
partido, lo que terminaría por dar el palo de gracia a las expectativas
de mantenerse en el poder más allá del 16 de agosto próximo. Lo
que debería rechazar la mayoría de los aspirantes a la candidatura es la
otra prte de la propuesta, según lo que ha trascendido. Eso de que el
poder se reparta entre los precandidatos en proporción a los votos que
obtengan. Reivindica un criterio patrimonialista del Estado que esta nación
tiene que rechazar. Asumiendo
que la mayoría de los perredeístas son contrarios al reeleccionismo,
como han indicado las encuestas, terminaría imponiéndose el principio
sustentado por la organización desde su fundación en 1939. Los
siete precandidatos que recientemente firmaron un pacto para cerrar el
paso al continuismo y reivindicar los principios perredeístas tendrían
todavía la opción de sumar fuerzas desde la primera votación, lo que
tendería a fortalecer su posición. Esto
último parece sumamente difícil en un partido donde cualquiera monta una
campaña para presidente y se cree con posibilidades de ganar, aunque no
quede registrado en una sola encuesta, o sus índices de popularidad anden
en un solo dígito. El
único reparo que podrían presentar los precandidatos antireeleccionistas
es que la fórmula del presidente Mejía deja abierta la posibilidad de
contradecir el principio que defienden, reafirmado por numerosas
convenciones de la organización, aunque no está expresamente consignado
en sus estatutos. Pero
no es suficiente argumentación. En última instancia sería la mayoría
de la militancia la que decidiría. La propuesta de plebiscito también
deja abierta la posibilidad de que la mayoría diga sí al continuismo. Como
Milagros Ortiz Bosch, Hatuey de Camps, Rafael Suberví Bonilla, Enmanuel
Esquea, Ramón Alburquerque, Rafael Abinader y Rafael Flores Estrella están
convencidos de que la mayoría de los perredeístas rechazan la reelección,
la propuesta de Hipólito Mejía permite demostrarlo. De
lo contrario tendrían que admitir que su partido se transofrmó en el
poder, y si no lo aceptan construir otro que reivindique el principio. Al
fin de cuentas algunos de ellos no hicieron nada o muy poco para oponerse
a la burlesca reforma constitucional del año pasado que restableció la
posibilidad de la reelección, prohibida por el propio partido apenas 8 años
antes. Queda
el reparo de que la maquinaria gobiernista se impondría en primera o
segunda votación. Pero ¿ no ocurriría también en el plebiscito que
proponen los siete precandidatos? Después
de todo, lo que propone el presidente Mejía es una fórmula de transacción.
Es un paso importante que él esté dispuesto a someterse al mandato de la
mayoría de los militantes de su partido. No aceptar esa fórmula podría
conducir a la división, con la que pierden todos, y tal vez hasta el país.
Sería sugestivo que alguno piense que podría doblar el brazo por
completo a un Presidente de la República. Por
priemra vez en meses de disputa, los perredeístas tienen una oportunidad
de poenrse de acuerdo. Tienen que apresurarse, porque ya hay bastante
cansancio de sus querellas y enfrentamientos. El tiempo se les está
agotando y hay quienes creen que ya puede ser demasiado tarde. Y
si vuelven a perder el poder por incpacidad de ponerse democráticamente
de acuerdo, que se preparen para la dispersión y para enterrar ese
partido que ha sido símbolo de la democracia. Pero como ésta en la
situación nacional, más pretensión que realidad.-
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