La cantaleta de la institucionalidad
Francisco Alvarez Valdez - 23 de agosto 2003


La necesidad de adoptar medidas para enfrentar la crisis económica que vivimos ha llevado al gobierno a violar la constitución y las leyes y a distintos funcionarios y asesores oficiales a defender este hecho de una manera absolutamente vergonzosa.    

Todas las medidas de naturaleza impositiva discutidas con el Fondo Monetario Internacional se están implementando por decreto a pesar de que el ordinal 1 del artículo 37 de la constitución otorga al Congreso esta potestad con carácter de exclusividad y  que su artículo 54 obliga a que el presidente, antes de entrar en funciones, preste el siguiente juramento: “Juro por Dios, por la Patria y por mi honor, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República…”.  

No se trata de funcionarios que ignoran lo que es un estado de derecho en su concepción de Estado sometido a la ley, bajo el criterio establecido en la Revolución Francesa de que no hay autoridad superior a la de la ley. Abandonan el camino de la institucionalidad siguiendo el ejemplo de los gobernantes que dominaron el siglo pasado y lograron una permanencia en el poder a la que aspiran los del presente.  

De esta manera somos testigos de expresiones como la de la secretaria de Estado de Industria y Comercio, que ante una pregunta sobre la ilegalidad de la aplicación por decreto del 5%  transitorio a las exportaciones, respondió con una pregunta (¿amenaza?) de si los empresarios preferían que fuese a través de una ley pero de manera permanente. No hacía otra cosa que seguir el estilo del presidente, quien ofreció eliminar el 5% si los cambistas bajaban la prima al 25.  

Pero parece que el cerebro de esta estrategia lo es el asesor presidencial, Andy Dauhajre, quien en su programa Trialogo señaló que ya estaba bueno de la “cantaleta esta sobre la institucionalidad” que sostienen algunas organizaciones de la sociedad civil, agregando que está perdido el gobernante que no ejerce el poder como se hace en estos momentos. Contradecía lo señalado en la página que publica la Fundación Economía y Desarrollo, que él dirige, en su edición del 5 de julio de este año, bajo el título de “Instituciones y desarrollo”, y en el que se expresa que “mientras mejor sea la calidad institucional, menor es la volatilidad del crecimiento.”

Dos poderes del Estado se hacen cómplices del proceso de desinstitucionalización: El Congreso, que observa como se usurpan sus funciones pero calla para que muchos de sus miembros puedan seguir contando con el favor presidencial; y la Suprema Corte de Justicia (SCJ), que no se ha atrevido a fallar algunas acciones en inconstitucionalidad para evitar roces con un poder ejecutivo en exceso agresivo. La excusa del presidente de la SCJ de que el Procurador General aún no ha dictaminado, es vana, porque en el pasado el Dr. Subero había expresado que no era obligatorio aguardar el dictamen. La frase de que el SCJ es la guardiana de la constitución, va perdiendo credibilidad.

Francisco Alvarez Valdez
Abogado
falvarez@hrafdom.com

23 de agosto 2003