Un ciudadano para la presidencia
Fausto Rosario - 23 de agosto 2003   

He salido a la calle a preguntar por las opciones más idóneas para ocupar la presidencia de la República, sin importar la condición económica, social, política, sexual, religiosa de las personas sugeridas. La petición la he hecho pensando únicamente en condiciones gerenciales, administrativas, éticas, de transparencia e idoneidad en el manejo de un Estado que tradicionalmente ha sido objeto de pillaje y de muy mala gerencia.

Aunque algunas personas sugirieron a dirigentes políticos que en la actualidad buscan la nominación presidencial, en el caso del PRD, y a los que ya son candidatos oficiales por sus partidos, como en el caso del Partido de la Liberación Dominicana y el Partido Reformista Social Cristiano, decidí excluirlos de mi lista de potenciales presidentes ideales de la República.

Digo, sin embargo, que nadie de los consultados se refirió a Eduardo Estrella, ni a Leonel Fernández, ni a Hipólito Mejía, pero sí fueron mencionados Milagros Ortiz Bosch, Enmanuel Esquea Guerrero y Hatuey Decamps. Registro exclusivamente los nombres mencionados del grupo de los que aspiran ostensiblemente, pero aclaro que en mi sondeo me percaté de un profundo rechazo de muchas personas, principalmente de clase media, profesionales, periodistas, empleados privados y estudiantes, contra la actividad política y contra los políticos.

La otra percepción que recibí fue de un gran desánimo en las perspectivas del país para salir adelante. Parece que hay mucho dolor acumulado contra la dirección política del país, contra los partidos, y un cansancio en las expectativas. Como si se pensara que ya nadie resuelve nada. Estoy conciente de que se trata de un ejercicio inútil, sin ningún valor, pero sugiero que quien quiera pasar por una experiencia alucinante haga lo mismo.

A los cuestionados les resultaba muy difícil encontrar nombres. Me pedían que les diera un tiempo para pensarlo. Otros me decían que me llamarían por teléfono media hora más tarde. Algunos se quedaron pensando a quién proponer, y al final no llegaron con sus propuestas.

Hubo algunas coincidencias notables. Por ejemplo, dos de los tres nombres que más se repitieron fueron los de Guillermo Moreno, quien fuera fiscal del Distrito en el pasado Gobierno, y César Estrella Sahdalá, quien fuera presidente de la Junta Central Electoral. La otra persona fue Elena Viyella de Paliza, actualmente presidenta del Consejo Nacional de la Empresa Privada.

Independientemente de la militancia política de algunos, se incluyen porque son dirigentes políticos y pese al desencanto con la política partidaria sus nombres sobresalen y constituyen piezas claves para el próximo liderazgo nacional. En mi afan por hacer una lista lo más amplia posible, pedí que se incluyeran a obispos, arzobispos y cardenales, si lo entendían idóneos para el cargo, sin tomar en cuenta que esa posibilidad está cerrada por la misma Iglesia Católica.

La lista que resultó, sin más preámbulo, fue la siguiente:

Guillermo Moreno, Francisco Domínguez Brito pese a su partido, Elena Viyella, Hamlet Hermann,  César Estrella Sadhalá, Juan Sully Bonelly, Guillermo Caram pese a su partido, Licelot Marte de Barrios pese a su partido, Alfonso Abreu Collado, Rafael Toribio, Monseñor Ramón de la Rosa y Carpio, padre Jorge Cela, Eduardo García Michel, Ramón Flores, Rafael Emilio Yunén, Jesús Feris Iglesias pese a su partido, Jaime David Fernández Mirabal pese a su partido, Hugo Tolentino Dipp pese a su partido.

Juan Docoudray, Manuel Salazar, Rubén Silié, Oscar Grullón, Josefina Padilla, Francisco Antonio Santos, Frank Rainieri, Manuel Lara Hernández, Freddy Ginebra, José Joaquín Puello, Miguel Ceara Hatton, José León Asensio, Antonio Isa Conde, Fausto Ruiz, Virgilio Bello Rosa, Flavio Darío Espinal, Frank Moya Pons, Pepín Corripio y Aura Celeste Fernández.

Reconozco que se trata de un ejercicio inútil, sin fundamento, pero ante tanta desolación política, ante tanta carencia de opciones, esta lista puede ayudar a levantar las ilusiones y las expectativas en el país, de que no es cierto que todo esté perdido. Claro, ningún partido mayoritario llevará a ninguno de los miembros de esta lista en su boleta electoral.

Fausto Rosario Adames  
frosario@elcaribe.com.do


23 de agosto 2003