INSOLITO
Rafael Toribio - 14 de agosto 2003

En nuestra realidad  suceden cosas que por su truculencia no debieran suceder, pero suceden, y lo hacen con una regularidad que espanta. Lo peor es que, además, solo despiertan en algunos una cierta manifestación de asombro o de repulsa. La mayoría las tolera y termina por aceptarlas. Los menos, porque participan en ellas o se benefician, las defienden. Numerosos son los comportamientos, situaciones y acciones que lo menos que podemos decir de ellos es que son acontecimientos insólitos. Que no debieran haber sucedidos, llenar de vergüenza a sus autores y beneficiarios y recibir de todos el más completo rechazo. 

Por lo menos de insólito tenemos que catalogar la conspiración que se ha dado en la mayoría de la Cámara de Diputados que ha imposibilitado que el Diputado Radhamés Ramos García, el Chino García, perdiera su inmunidad para que pudiera ser juzgado por la justicia, ya que se determinó que existen suficientes indicios de culpabilidad para que comparezca ante un tribunal de justicia. Primero se amparó en su inmunidad como Diputado; luego la solidaridad de sus “compañeros” impidió que se aprobara una moción para que la perdiera y pudiera ser juzgado; más tarde informó que renunciaría a la inmunidad, pero nunca lo hizo; luego, cuando terminó la legislatura y perdió su inmunidad, entonces sucede que ni el Ministerio Público ni los organismos policiales y de seguridad del Estado pueden localizarlo. Visto lo sucedido, tenemos que concluir que estamos ante un caso insólito.

¿Y qué decir de la violación de la ley, y hasta de la Constitución, por autoridades que juran cumplirlas y hacerlas cumplir, aduciendo urgencia económica o la transitoriedad de lo establecido por un Decreto, cuando debe serlo por una ley emanada del Congreso? No nos queda otra alternativa que catalogarlo de insólito, como lo es también que las autoridades que tienen el deber de ejecutar una sentencia de un tribunal de justicia no lo hagan de manera inmediata, sino que les dan larga al asunto, negando que estén en franco  desacato de lo decidido por la sentencia de un juez, pero dando tiempo a que se presente una instancia que trate de evitar la ejecución de lo decidido y no cumplido.

Algo insólito también es que después de reclamar para que se consigne en el presupuesto los recursos económicos que  se establecen en  la vigente Ley General de Educación, sin lograrlo, haya que luchar de nuevo para que lo aprobado por el Congreso no sea disminuido en su ejecución por el Poder Ejecutivo. Sin embargo,  más insólito aún es sufrir la reducción del presupuesto de  educación, y que esa reducción sea para aumentar el de las Fuerzas Armadas. Preferimos gastar en los militares que invertir en los maestros.

Pero lo más insólito de todo lo que estamos presenciando es que quién se vendiera como un hombre de palabra, que negara en innumerables oportunidades la posibilidad de presentarse a la reelección, y que, inclusive, haya declarado que era partidario de prohibirla de manera absoluta,  ahora sea su más fervoroso defensor y que para lograrla esté dispuesto a imponerla.

 
14 de agosto 2003