Los partidos son las entidades más subsidiadas
Fausto Rosario - 11 de agosto 2003   

No es posible determinar cuánto cuesta una campaña presidencial, pero se estima que su costo es muy alto  

La JCE hará que se cumpla la Ley en la realización de auditorías a la inversión en las campañas electorales

La campaña presidencial es muy costosa para cualquiera que aspire, especialmente si lo hace por los partidos Revolucionario Dominicano (PRD), de la Liberación Dominicana (PLD) o Reformista Social Cristiano (PRSC). De tanto haberse encarecido, la política viene siendo ya la actividad más subsidiada de la sociedad dominicana.

No es posible, sin embargo, determinar el gasto total de una campaña electoral, porque no existen los mecanismos contables para supervisar los gastos, y porque el caciquismo provincial y regional también oculta el monto total de lo que se invierte. La Junta Central Electoral ni la Contraloría General de la República, las dos entidades designadas por la ley para supervisar las gastos de los partidos, tienen formas de supervisar la inversión en las campañas. Todo cuanto existe son aproximaciones y estimados que no son creíbles, incluyendo lo que dicen los propios partidos y candidatos.

Un ejemplo es lo reportado como inversión total en la campaña electoral del año 2000 por el PRD: 84.9 millones de pesos, apenas 6 millones adicionales a los 78.4 millones que le otorgó el Estado a través de la Junta Central Electoral. Para esa misma campaña el PLD reportó haber invertido 143.4 millones y el PRSC 99.6 millones. Eso significa que mientras el PRD recabó 6.4 millones en el sector privado, el PLD obtuvo 79 millones y el PRSC 69.1 millones.  

Inversión de 1,600 millones en el 2000

Pero una campaña presidencial cuesta mucho más dinero, como dice Guillermo Caram, del PRSC. Revela que su equipo de campaña le hizo una extrapolación para determinar cuánto necesitaba él para llevar a cabo una pre-campaña por la candidatura presidencial en el reformismo. “Me presentaron un presupuesto que alcanzaba la suma de 100 millones de pesos. De modo que si tú tienes cuatro candidatos por partido, sólo para las primarias, la inversión que se haría en la precampaña superaría los mil millones de pesos”.

Estimó que el costo total de la última campaña presidencial, la del 2000, fue de aproximadamente 1,600 millones de pesos, por lo que la inversión de los partidos en las elecciones de mayo próximo podría aumentar considerablemente esa suma, si tomamos en cuenta que la tasa de cambio se duplicó y que las contribuciones en naturaleza han disminuido mucho. El otro elemento es más preocupante todavía: para movilizar a un simpatizante hay que dotarlo de recursos, porque de lo contrario la acción política no tiene efecto. La actividad política está completamente metalizada.

“Yo diría que el costo de la publicidad es apenas la mitad del costo total de una campaña. El resto es el costo de la maquinaria burocrática, la impresión de materiales, los desplazamientos, los viáticos a quienes se movilizan, el costo del día de las elecciones es alto, la movilización de los delegados. Sobre todo porque se ha perdido el sentido voluntario del ejercicio político”, dijo Guillermo Caram.

 

Hay que cumplir la Ley Electoral

Isis Duarte, de Participación Ciudadana, y quien ha estudiado el fenómeno coincide con la visión de que no es posible determinar el costo de una campaña electoral, aunque es posible hacer algunas aproximaciones. Su organización hace un cálculo de la inversión publicitaria en radio y en televisión, y en las elecciones del 2002 la inversión estimada fue de 201 millones de pesos.

“Ese monto no es ni siquiera la mayor inversión que hacen los partidos políticos en la campaña. Hay que incluir las vallas publicitarias, la publicidad en periódicos, los mítines, las dádivas. Hay una inversión muy alta que sobrepasa con creces las estimaciones que se han hecho en varios trabajos. Pero es muy difícil estimar el monto total que invierte en un candidato en una campaña electoral”.

 Demanda el cumplimiento de la Ley Electoral en la parte de la rendición de cuentas de los gastos de los partidos en las campañas, incluyendo los recursos que reciben del Estado y los que reciben como donaciones de grupos privados. “Aquí no hay ni siquiera una lista de quienes son los donantes del sector privado”, expresa. Para la socióloga el Estado debe exigir que se cumpla la Ley Electoral sobre la rendición de cuentas, para determinar si el financiamiento público a los partidos ha cumplido la función que originalmente estaba llamado a cumplir.

 

La Contraloría debe auditar, según la Ley

Luis Arias, el presidente del Pleno de la Junta Central Electoral, reconoce que la Ley Electoral, en el párrafo 2 del artículo 52 exige la rendición de cuentas a los partidos que reciben recursos públicos, pero admite que no se le ha dado seguimiento al cumplimiento de ese mandato de la ley.

“La ley electoral vigente contempla el financiamiento público a los partidos y les permite recabar dinero en el sector privado. Pero la Ley dispone principios contables y los partidos lo que hacen es traer a la JCE su contabilidad. Lamentablemente no hay ese control de que se observen esos principios contables, y los electores no tienen acceso formal a los gastos de los partidos”, expresa. El párrafo dice: “La JCE solicitará a la Contraloría General de la República que audite los registros contables de cada partido para determinar las fuentes de los ingresos y los gastos correspondientes”.

Aclara que la JCE tiene que auditar los recursos que entrega el Estado, no los que los partidos obtienen en el sector privado. Pero el organismo está interesado en hacer transparente el tema de los recursos. “La JCE quiere fomentar el cumplimiento de este aspecto de la Ley Electoral. Si hubiera un sector que se interesara y presionara para que esto se hiciera quizás hubiera resultado, pero es un laisser-faire, nadie plantea el problema con relación a eso”, se lamenta.

 

Controles que podrían aplicarse, según Luis Arias

Tiene algunas ideas que los controles que se podrían establecer. “Una de esas medidas podría ser reducir, en términos razonables, el período de la campaña. Otra es ponerle un tope a la contribución del sector privado a los partidos. Otra opción es limitar la publicidad pagada en los medios de comunicación”.

Una posibilidad adicional, según Luis Arias, sería idear mecanismos de control más operativos, “y hasta se podrían imponer penalidades. Fíjate que al MIUCA se le otorgó una partida del presupuesto y no fueron a las elecciones y se les obligó a devolver ese dinero. Otra posibilidad de imponer penalidades es permitir únicamente participar en las elecciones a aquellos partidos que observaron los principios contables en sus gastos de campaña”.

Arias es partidario de establecer límites a las aportaciones del sector privado a los partidos políticos en las campañas electorales. Sus razones son obvias: “Los controles son necesarios por dos razones: primero por la situación económica deficitaria del Estado, y lo segundo es la corrupción. Esas son las dos causales que motivan a establecer más controles. Si hubiera mecanismos de control operativo, y se auditara a los partidos, el dinero no gastado sería devuelto, pero ¿tú has visto alguno que haya devuelto dinero? Ninguno. Si esta disposición de la ley se aplicara quizás los resultados hubieran sido más confiables”.

 

Eliminar el subsidio oficial a los partidos

Rosario Espinal, profesora de la Universidad de Temple, Estados Unidos, y estudiosa del fenómeno político y electoral dominicano es partidaria de eliminar el subsidio del Estado a los partidos. “El problema dominicano es que los partidos políticos se han convertido en las empresas más subsidiadas. Son subsidiados por el Estado con recursos públicos y son subsidiados por el sector privado, en un país sin la institucionalización necesaria para controlar los ingresos y los egresos de los partidos. No tenemos mecanismos fiscalizadores efectivos ni representantes que puedan monitorear los partidos, porque se vería como un ataque a la libertad de los partidos”.

Sostiene que el financiamiento público lo que hace es inflar los gastos en campaña. “El punto central aquí es que el financiamiento público se otorga para evitar que los grupos con poder económico en el sector privado controlen a los políticos”. Pero el subsidio a los partidos se mantiene, ya sobre un sobresubsidio, pese a que se han eliminado los subsidios al gas propano y a la electricidad.

“Eso crea problemas, porque hace las campañas sumamente caras, lleva a los candidatos a sobregastar dinero, satura a la población de imágenes y candidatos en procesos electorales. Aquí lo que hay que hacer es recortar el financiamiento a los partidos políticos”. Mientras más oferta de recursos hay para los partidos más caras se hacen las campañas electorales, dice. “Mi posición es que hay que subsidiar menos para bajar el costo de las campañas”.  

Fausto Rosario Adames

frosario@elcaribe.com.do


11 de agosto 2003