![]() |
![]() |
|
|
|
La
beligerancia entre perredeístas El Partido Revolucionario Dominicano atraviesa por una de sus muchas
crisis política interna, con consecuencias importantes para todo el
aparato político, incluyendo al propio Estado. Los perredeístas tienen
siempre la capacidad de arrastrar a los demás en sus problemas internos,
y hace apenas unas horas que el consultor jurídico Guido Gómez Mazara
decidió incluir al doctor Leonel Fernández, candidato presidencial del
PLD, en la contienda intraperredeísta. El presidente del PRD, licenciado Hatuey Decamps, con su manifestación
política del domingo, y con el encendido discurso que pronunció,
reabasteció de combustible los motores del Proyecto Presidencial Hipólito
y nuevamente le abrió la pista para las embestidas que ha recibido como
respuesta a su picante consigna de “Compadre, váyase en paz”. Las notas más significativas de la crisis del PRD son las siguientes: La polaridad entre el licenciado Hatuey Decamps y el presidente Hipólito
Mejía, por la reelección presidencial, opaca las posibilidades de ese
partido de ver el fondo del conflicto: la estrategia del PRD para
conservar el poder. En segundo lugar, al PRD y a los precandidatos actuales, les resulta
imposible detener el deterioro de su imagen pública, y les traba las
posibilidades de darle coherencia a la política partidaria con la política
oficial, de modo que apenas el PPH está en condiciones de defender un
gobierno que salió de los esfuerzos del partido blanco. En tercer lugar, no ha aparecido un grupo mediador con fuerza suficiente
para ser escuchado seriamente por los contendientes, y la abrupta salida
del doctor Salvador Jorge Blanco de la Comisión de Mediación le augura a
los integrantes de esa comisión un fracaso casi seguro. La beligerancia entre Hipólito Mejía y Hatuey Decamps favorece a los
pre-candidatos intermedios, especialmente a la vice-presidenta Milagros
Ortiz Bosch, quien ha mantenido una postura de crítica al proyecto
reeleccionista, pero de cierta cautela. La explicación podría estar en
su condición de vicepresidenta de la República y ministra de Educación.
Sin embargo, Ortiz Bosch no ha formulado ninguna propuesta especifica que
contribuya a la salida de la crisis. La oposición debe estar muy satisfecha con este circo político que ha
originado la reelección presidencial. La debilidad del gobierno, los
problemas financieros, la crisis de la Junta Central Electoral, los
apagones, la devaluación del peso, la inflación y la propia presencia
del Fondo Monetario Internacional, son elementos que tienden a la
inestabilidad y que potencian a los adversarios del Gobierno. Pero si a
este escenario le sumamos la contienda política de los perredeístas, es
casi seguro el desplazamiento de este partido en las elecciones del 2004. El licenciado Hatuey Decamps ha sido el blanco de los ataques del
Gobierno, y su descalificación pública para un objetivo de primer orden
del equipo del PPH. Llamarle traidor y conspirador ha sido un exceso de
Guido Gómez. Decir a un grupo de estudiantes que la oposición de Hatuey
es “viento que no tumba plátanos” es otro exceso, y más si viene del
presidente Hipólito Mejía. Decamps ha demostrado tener fuerza suficiente para dañarle el sancocho
reeleccionista al Presidente. Está claro que el presidente del PRD está
dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias. Como el conflicto está
en su momento más doloroso, por la guerra verbal, lo correcto era que
Hatuey Decamps le tendiera un puente al presidente Mejía, le ofreciera el
apoyo del PRD para darle solución conjunta a los problemas más
acuciantes del país, al mismo tiempo que le abría la puerta para que el
presidente Mejía, con dignidad, desistiera de sus aspiraciones. Pero el
momento para esa propuesta pasó, que era el acto de lanzamiento oficial
de la precandidatura de Decamps en el Estado Olímpico, el pasado domingo. Tal vez deba Hipólito Mejía dar el paso, y demostrar así que tiene un
legítimo interés en ser ente de moderación y no de conflicto,
especialmente por su condición de presidente de la República en un
momento de deterioro de la economía y la política. Fausto Rosario Adames |