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Disyuntiva
del PRD: Negociación o División Los
predios del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) son un mar de
conjeturas sobre los senderos que puedan conducirlo a superar su crisis
actual, que tendrán que pasar como siempre por las negociaciones y
reparticiones que en el pasado no solo salvaron la unidad de la organización,
sino que le preservaron su poder. El
perredeísmo luce más expuesto que nunca a la división y la derrota al
no contar esta vez con el abarcador liderazgo de José Francisco Peña Gómez,
un malabarista de los arreglos políticos, con capacidad para inclinar la
dirección media y las bases del partido en la dirección que estimaba
unificadora. Entre
las opciones que se barajan entre dirigentes y mediadores la que parece más
racional y aplicable en las actuales circunstancias es la de una o más
encuestas para establecer si las mayorías perredeístas y nacionales están
de acuerdo con la repostulación del presidente Hipólito Mejía. Un juego trancado El
camino hacia la elección del candidato presidencial del PRD parecía esta
semana más trancado que nunca, con el endurecimiento de las posiciones
que encarnan los reeleccionistas del presidente Hipolito Mejía y Hatuey
de Camps, presidente de la organización, quien parece determinado a
jugarse su carrera política en la actual coyuntura. El
masivo acto político con que de Camps formalizó el domingo 6 su
precandidatura presidencial y la radicalidad antireeleccionista con que ha
revestido su discurso muestran una determinación llamada a forzar una
negociación o provocar un desgarramiento interno que agravaría aún más
las precarias posibilidades del continuismo en el poder. Curtido
en los enfrentamientos políticos desde su liderazgo estudiantil del
principio de los setenta, el presidente del partido blanco luce
determinado hasta a echar su última batalla política dentro de la
organización, convencido de que de lo contrario le pasarían un rodillo. Pero
esta vez Hatuey de Camps no quiere poco: reclama pura y simplemente que el
presidente Hipólito Mejía rescate el principio antireeleccionista del
PRD y abandone su propósito de buscar la repostulación. En esa posición
lo acompañan, aunque con diferentes matices, la mayoría de los que
aspiran a la candidatura presidencial del partido blanco. La
posición radical es compartida particularmente por otros tres aspirantes:
Ramón Alburquerque, Enmanuel Esquea y Rafael Flores Estrella. La
vicepresidenta Milagros Ortiz Bosch y Rafael Suberví Bonilla también están
convencidos de las escasas posibilidades del reeleccionismo en las
actuales perspectivas nacionales, pero se expresan más conservadoramente,
esperando convertirse en alternativa de negociación. La
ofensiva gubernamental se expresó esta semana en el calificativo de
traidor que el consultor jurídico de la presidencia y dirigente del
Proyecto Presidencial Hipólito (PPH), Guido Gómez Mazara, endilgó el miércoles
a Hatuey de Camps, a quien acusó de reunirse con el candidato
presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Leonel Fernández,
para tratar de impedir el continuismo. Consultado
sobre el particular, de Camps negó que tal reunión se haya producido,
"ni siquiera por accidente". Aseguró que la última vez que vió
al doctor Fernández fue hace 6 meses cuando se encontraron en una reunión
internacional en América Central. El tiempo apremia Después
que los otros dos grandes partidos eligieran candidato presidencial,
especialmente tras la exitosa votación primaria del PLD, el tiempo corre
contra las posibilidades del PRD mantenerse en el poder en los comicios de
mayo próximo. Detonada
la confrontación interna, los perredeístas asisten a un progresivo
desgaste y a un descrédito mayor, ya que en la opinión pública se
manifiestan sistemáticas quejas sobre su incapacidad para entenderse en
el ejercicio del poder, habida cuenta de las experiencias del período
1978-86. Entre
analistas políticos se estima que cada día que agoten en la confrontación,
los perredeístas estarán construyendo la trampa en que quedarían
atrapados en mayo del 2004. Sobre todo por el deterioro de la economía
nacional, manifiesto en la devaluación del ciento por ciento del último
año y en la inflación y el desempleo de la primera mitad del 2003. Los
que estiman que las perspectivas económicas, aún contando con el acuerdo
con el Fondo Monetario Internacional, no apuntan a una mejoría
significativa que pueda incidir sobre los electores dentro de 10 meses,
concluyen en que ya cualquiera que sea el candidato perredeísta tendrá
pocas posibilidades de éxito. Cada
día son más los que dentro y fuera del PRD consideran que el presidente
Mejía se encamina a un suicidio político propio y de su partido, de
conseguir la repostulación, aún entre quienes atribuyen la mayor parte
del malestar económico a factores fuera del control gubernamental, como
los de origen externos que afectaron la economía en los últimos dos años
y la costosa quiebra del Banco Intercontinental. Esos
criterios se expresan cada vez más abiertamente en artículos en los periódicos
y revistas y en los comentarios de radio y televisión. Abarcan incluso a
importantes funcionarios gubernamentales, incluyendo a algunos que desearían
la reelección del presidente Mejía. También a respetables dirigentes
del partido que no quieren tomar parte en los enfrentamientos. Hasta
entre abiertos promotores de la reelección se manifiestan las dudas en
las últimas semanas, sin faltar quienes entienden que el presidente debe
retirar su aspiración continuista y erigirse como líder del partido.
Parte de estos favorecen que la candidatura recaiga en la vicepresidenta
Ortiz Bosch, otros en Rafael Suberví. Suma de debilidades Como
expresión política de la sociedad dominicana, el PRD adolece de una
serie de debilidades que le han impedido fortalecerse institucionalmente.
A lo largo de su vida, desde su fundación misma, ha tenido que vivir de
negociación en negociación para mantener la unidad, especialmente cuando
ha tenido que escoger candidatos. Los
perredeístas se habituaron a la repartición. Lo hicieron hasta en 1999
cuando el agrónomo Hipólito Mejía fue electo con el 74 por ciento de
los votos en unas primarias nacionales. Esta vez no hay quien pueda
garantizarse ni siquiera la mitad de los votos de las bases. Al menos eso
aseguran casi todos los precandidatos, varios de los cuales dicen estar
amparados en encuestas que no dan a luz pública. Por
hábito de esas negociaciones de repartición, los organismos perredeístas
no han funcionado eficientemente y muy pocos creen que puedan hacerlo
ahora por primera vez, sin un gran árbitro como lo fue durante más de
dos décadas el doctor Peña Gómez. Nadie puede asegurar cuándo fue la
última vez que se eligió formalmente la dirigencia nacional del perredeísmo.
A
consecuencia de tal orfandad institucional, la convicción general es que
el partido blanco está atrapado y forzado una vez más a la negociación
si no quiere dividirse, pues una convocatoria del Comité Ejecutivo
Nacional tropieza con el problema de que ni siquiera hay consenso de cuántos
y quiénes son sus miembros. Su convocatoria devendría en un
enfrentamiento que abriría de par en par las puertas a la división. Los
estatutos partidarios hablan de la incompatibilidad entre los cargos
gubernamentales y los del partido, pero nunca se ha aplicado y ahora
resultaría más que imposible. Entre
las sugerencias de los últimos días está la posibilidad de convocar el
presidium del partido, pero hay quienes argumentan que no es el organismo
con facultad para dirimir las diferencias. La vía de la encuesta El
doctor Enmanuel Esquea propuso la semana pasada la realización de un
plebiscito para que los militantes del PRD decidan si procede la
precandidatura presidencial del agrónomo Mejía. Rafael
Suberví Bonilla, Milagros Ortiz Bosch y Hatuey de Camps favorecerían la
realización de una o varias encuestas, encargadas a firmas
internacionales para determinar si los militantes y el electorado en
general favorecen la reelección presidencial. Esta
fórmula parece tener amplia aceptación en los estamentos dirigenciales,
pero no ha sido aceptada por el PPH. Fuentes bien informadas indican que
se ha barajado en las reuniones que propicia un grupo de dirigentes que se
han erigido en mediadores, a la cabeza de los cuales estuvo el
expresidente Salvador Jorge Blanco, quien la abandonó el jueves, después
de ser objetado públicamente por el senador Ramón Alburquerque, quien lo
descalificó acusándolo de haberse pronunciado a favor de la reelección. La
profesora Ivelisse Prats Ramírez, el doctor Tirso Mejía Ricart, el
licenciado Tony Raful y la viuda de Peña Gómez, Peggy Cabral, también
forman parte de la comisión, que se ha reunido dos veces con el
presidente Mejía. Después de varias dificultades lograron conversar con
Hatuey de Camps el jueves 10. En
diversos ámbitos perredeístas se cree que el presidente Hipólito Mejía
podría renunciar al continuismo, para lo cual abogan porque se le ofrezca
una escalera. Se baraja la posibildiad de ofrecerle la presidencia del
partido a él o alguno de los dirigentes de su grupo, el PPH. En cualquier
caso la negociación conllevaría un acuerdo de respeto y protección del
Presidente de la República y su familia. Por
el momento nadie en los predios perredeístas cree que la solución de la
crisis esté al doblar de la esquina y se teme que pasarán semanas antes
de que del deterioro los obligue a negociar. La
posición del PPGH sigue siendo que unas elecciones primarias determinen
si el agrónomo Mejía se repostula o no. Para Hatuey de Camps y los suyos
los principios del PRD no permiten ni siquiera inscribir la precandidatura
presidencial. Afirman que no habrá elección primaria hasta que el
antireeleccionismo sea reivindicado.- |