Jaime David, para otro momento
Fausto Rosario - 05 de julio 2003   

Jaime David Fernández Mirabal ha demostrado nuevamente que es un digno contendiente y que prestigia el ejercicio político dominicano. Si un deseo pudiera hacerse realidad, en el ámbito del ejercicio político, ese fuese que los políticos modernos tuvieran la entereza y la actitud respetuosa del ex vice-presidente de la República.

El país debe reconocer en el doctor Fernández Mirabal una de sus reservas políticas más promisorias. Es joven, enarbola principios, respeta las reglas del juego, ha realizado un esfuerzo político por el fortalecimiento y crecimiento de su partido, y en el desempeño de la función pública no se le ha reconocido como un traficante de influencias ni un político clientelista o practicante del nepotismo.

El ideal político dominicano se sintetiza en esos valores que representa Jaime David. Sin embargo, la maleada práctica política ha resaltado el modelo balaguerista hasta encumbrarlo como el único posible de resultar ganancioso en las contiendas internas de los partidos y en las contiendas extrapartidarias. Así los políticos sin principios, sin ideales, sin propuestas, aparecen como los exitosos porque saben negociar y amarrar, y en este sentido son muchos los que pueden mencionarse de los partidos PRD, PRSC y PLD.

Jaime David ha perdido la convención de su partido, y Leonel Fernández le ha elogiado su madurez y apego a las normas partidarias, porque antes de que se emitiera el primer boletín ya Fernández Mirabal le había llamado y felicitado, y sin perder tiempo se dirigió el pasado domingo en la noche al local del PLD a ofrecer su reconocimiento al doctor Fernández Reyna por el triunfo obtenido. La diferencia fue demasiado grande, 87% contra 12%, pero eso no debe desanimar a Jaime.

Como precandidato ofreció una gran batalla con dignidad y con propuestas, sin prácticas desleales, y ayudó a su partido a crecer. Hizo una gran campaña política, solo que no se percató de que este tiempo no era el suyo, y esta nueva derrota lo reafirma como un contendiente perdedor, porque ya en el 2000 perdió la batalla por la candidatura presidencial de Danilo Medina, y ahora la pierde, de mala manera, de Leonel Fernández.

Jaime David debe seguir haciendo política, y debe ratificar su manera de hacer política, porque los políticos tradicionales que han seguido imitando a Balaguer van agotando sus posibilidades. Alguna vez este país, y no será muy lejos, valorará a los políticos como él, y los preferirá en las funciones públicas, agotadas las posibilidades del clientelismo, que nunca resolverá ningún problema fundamental de la sociedad.

Jaime David tiene un gran futuro. Debe trabajar sin descanso, no debe desmayar en la consolidación de una fuerza política al interior de su partido que le allane el camino para conquistar el poder. Jaime es una reserva ética para muchas personas fuera del PLD y fuera de las estructuras partidarias.

El 14 de septiembre del año pasado valoré positivamente el esfuerzo de Jaime David, pero observé dos problemas para conseguir sus propósitos: “Fernández Mirabal arrastra hoy, y desde entonces, dos problemas fundamentales que le impedirán alcanzar la candidatura presidencial del PLD para el 2004: El primero, que se acostumbró a su condición de segundo de Leonel Fernández, y la población que simpatizaba con él transfirió esa preferencia, y segundo, que contrario al deseo de la población y de los militantes del PLD que le seguían, Jaime David no dio la batalla para defender el terreno conquistado” cuando más cerca estuvo de ser candidato del PLD para las elecciones del año 2000.

Concluía mi comentario diciendo que “Jaime David Fernández Mirabal debe seguir sembrando. Pero no es este el momento de su cosecha”. Insisto en que Jaime debe, ahora más que nunca, afianzar su trabajo político, crear una corriente fuerte al interior del PLD que le garantice retomar las simpatías que tuvo entre 1998 y el 2000, y prepararse para nuevas contiendas electorales. El futuro le pertenece.

     Fausto Rosario Adames
     frosario@elcaribe.com.do


05 de julio 2003