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Una
oportunidad para los Panamericanos Parece
que ya es tiempo de que todos demos una oportunidad a estos Juegos
Panamericanos y creemos las condiciones ambientales para que la nación
sea una anfitriona espléndida y reciba con entusiasmo a nuestros miles de
huéspedes de todos los rincones del continente, lo más representativo de
la juventud sonriente de esta América siempre de la esperanza. A
la luz de los problemas coyunturales de nuestra economía parecen tener
razones quienes desde el principio estimaron que el costo de organizar
estos juegos era demasiado alto para nuestras posibilidades. Y francamente
no sé cuánto hemos tenido que invertir. Supongo que entre dos y tres mil
millones de pesos, que a una tasa promedio para estos años de 20 por uno
serían entre 100 y 150 millones de dólares. Si
la inversión llegara a 4 mil millones de pesos, apenas estaríamos
hablando de la catorceava parte del hueco dejado por la quiebra del
Baninter, que estamos pagando sin que se nos consultara previamente. Sería
más o menos lo que recibió sin garantía uno cualquiera de sus "clientes",
sin averiguaciones ni debates previos, sin consenso político ni deportivo. Visto
en retrospectiva y dada nuestra capacidad para afrontar un inesperado e
inconsulto compromiso por casi 56 mil millones de pesos, es obvio que
estabamos en sobradas condiciones para afrontar este de tres o cuatro mil
millones de pesos. Con
la diferencia fundamental de que gran parte del dinero de los Juegos
Panamericanos queda para la nación, para la juventud dominicana, en
infraestructuras físicas, en incentivo, en promoción del ejercico físico
y la conjunción espiritual de los deportes. Buena
parte de la inversión ha sido destinada a restaurar obras que se nos
estaban cayendo encima, como el conjunto del Centro Olímpico, y que estábamos
condenados a rescatar, si no queríamos mostrarlas como ruinas. Tiene
racionalidad también que alguna proporción de esa inversión sea
ofrendada a la promoción del país que hoy tiene el turismo como su
fuente principal de ingresos, columna vertebral de la economía nacional. Es
cierto que somos una nación pobre, pero en el concierto continental
eramos de las economías más firmes y prometedoras al momento de contraer
el compromiso de los Panamericanos. Y alguna vez los pobres también
recibimos en nuestras casas, con nuestros limitados recursos reciprocamos
las atenciones recibidas. Hemos
estado en los trece Juegos Panamericanos anteriores. Era justo que alguna
vez nos tocara ser anfitriones y pagar. Esta es nuestra oportunidad. En la
XIV edición. Y ya que lo vamos a hacer, hagámoslo con entereza y
satisfacción. Tenemos
que prepararnos para que la nación sea una sede espléndida. Suspender
provisionalmente nuestras querellas, lavar y tender nuestras ropas sucias,
plancharlas y redecorar la casa para recibir los visitantes con nuestras
mejores atenciones. Sin privar de ricos, pero también sin exhibir
nuestras miserias. Sin derroches, pero tambien sin mezquindades. No
podemos llegar a la víspera de la celebración cantandonos nuestras
miserias, porque terminaremos deprimiendo a nuestras jóvenes atletas que
podrían llegar a la errada conclusión de que son culpables de nuestra
pobreza. Todavía
no tenemos todo listo para cumplir fielmente el compromiso. Pero lo
lograremos. Llegará el agua a la Villa Panamericana y se completarán las
obras instalaciones y las vías inconclusas y se obtendrán las
facilidades aún pendientes. Los pobres siempre llegamos tarde. Incluso al
bautismo y a la boda. Pero llegamos. Si
fuera en los Estados Unidos o Canadá, supongo que las obras ya estarían
listas hace tiempo. Y tal vez en México, Argentina y Venezuela. Pero aún
en estos países hemos descubierto que más de la mitad de la población
vive en la pobreza, algo que evidentemente ha olvidado el mexicano Mario Vásquez
Raña, presidente de la Organización Deportiva Panamericana, cuando nos
reclama con tanta prepotencia los "problemas t ras problemas"
que hemos tenido para montar los Juegos. Siquiera
por dignidad, ante la prepotencia de este multimillonario mexicano con sueños
de grandeza, debemos poner un alto y decir todos presentes en estos Juegos
Panamericanos que nos tocan. Que
por demás deberían convertirse en una oportunidad para recuperar el espíritu
de pueblo, para sacudirnos de la modorra, del derrotismo y la desesperanza.
Para sobreponernos sobre las miserias, y para avanzar hacia el futuro, sin
olvidarnos de nuestros problemas, pero también sin dejarnos aplastar por
ellos.- |