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¿Será
demasiado tarde? La confesión del
Presidente Hipólito Mejía Domínguez de aspirar a la reelección
presidencial en las elecciones del 2004, además de representar desdecirse
las mismas veces en que afirmó y reiteró que no lo haría, significa
también que el PPH logró doblegar la voluntad del Presidente, convirtiéndolo
en un hombre que no respeta la palabra empeñada,
e imponerse sobre la opinión de la familia, que también se había
manifestado opuesta a que buscara reelegirse. ¿Qué hizo posible que una
persona que se había distinguido toda su vida por ser un hombre de
palabra terminara desdiciéndose y, de paso, rechazando la opinión de la
familia, después de haber dicho que una de las razones para no aspirar a
la reelección era precisamente que su familia se oponía a la misma? Aunque como candidato el ingeniero Hipólito Mejía había
dicho que solo estaría en la Presidencia por los cuatro años por los que
fuera electo, y después de Presidente lo reiterara en innumerables
ocasiones, si vemos retrospectivamente el proceso seguido hasta la
aceptación de lo que había rechazado, es razonable pensar que mucho
antes de manifestar que aceptaba ir en pos de la reelección ya había
cambiado de parecer, aunque siguiera afirmando que no lo haría. Esa
mirada retrospectiva permite apreciar ahora que hechos aislados,
iniciativas rechazadas y desobediencias a deseos expresados, no eran más
que partes de una estrategia previamente elaborada y aceptada. Mientras el
Presidente reiteraba su rechazo a la reelección, sus colaboradores más
cercanos se dedicaban a promoverla, sin que se produjera una decisión que
los detuviera. La tolerancia del Presidente a ese desacato aparente a sus
deseos hoy se puede interpretar como anuencia. La misma reforma a la
Constitución para introducir la reelección, promovida hasta lograrla por
sus más estrechos colaboradores, puede pensarse legítimamente que
formaba parte también de la misma estrategia, a pesar de los intentos del
Presidente de que no se materializara. El manejo de la composición de la
Junta Central Electoral, que ha dado lugar al cuestionamiento sobre su
imparcialidad, también ahora puede verse asociado a la decisión de optar
por un segundo período consecutivo en la Presidencia. Una vez que el
Presidente Mejía decidió aceptar presentarse a la reelección muchas
cosas que sucedieron antes sin una explicación satisfactoria, ahora
parece que la tienen. Las piezas dispersas del rompecabezas ahora encajan
perfectamente. Quién basó su campaña en que era un político atípico, ha terminado
siendo un político de los más típicos. Tan típico como el Dr. Joaquín
Balaguer quien de la misma manera negaba reiteradamente que no aspiraría
a un segundo mandato continuo, pero que al final se veía obligado, por
las circunstancias y por el reclamo de sus partidarios, a tener que
sacrificarse, aceptando lo que había sistemáticamente rechazado. Como
Balaguer, el ingeniero Hipólito Mejía termina aceptando que solo su
candidatura asegura la permanencia del partido en el poder, lo que
justifica el sacrificio suyo y el de su familia. Hay que reconocer, sin
embargo, que Balaguer esgrimió argumentos más elegantes, al menos, que
los del ingeniero Mejía para aspirar a continua en el poder. No cambiar
de caballo cuando se cruza el río tiene más solidez argumental para
buscar la reelección que buscarla simplemente porque se ha sentido
agraviado y desafiado a lo interno de su partido. A pesar de que el Presidente
Mejía ha reconfirmado en más de una ocasión que se presentará a la
reelección, y que el PPH pregona que ningún otro candidato o candidata
del PRD asegura el triunfo en las elecciones del 2004, considero que hay
suficientes razones, de mucho peso por lo demás, para que el ingeniero
Hipólito Mejía reconsidere esta decisión. Las consecuencias económicas,
sociales y políticas para el país del fraude de Baninter reclaman que el
liderazgo del Presidente se ponga al servicio de la búsqueda, de forma
consensuada, de las medidas más adecuadas para enfrentar esta situación
exitosamente. El país necesita en estos momentos un Jefe de Estado
asegurando la gobernabilidad y el futuro de todos los ciudadanos, no la
reelección. Por otro lado, desaparecido Peña Gómez, el Partido
Revolucionario Dominicano necesita con urgencia un líder que asegure la
unidad interna y ejerza las
funciones de árbitro. El ingeniero Mejía tiene suficientes cualidades
para hacerlo, pero para lograrlo no puede generar enfrentamientos que
puedan eventualmente provocar una división. Y la reelección está
demostrando que es fuente de controversias y de distanciamientos. No se
puede ser líder de una organización, y mucho menos de un partido político,
si se opta por ser parte que genera enfrentamientos. En adición a las anteriores,
hay otras razones por las que el Presidente Mejía debe reconsiderar su
decisión de presentarse a la reelección, y volver a ser considerado un
hombre de palabra. El costo de la repostulación y la reelección no puede
ser el destrozo del PRD, o su división,
y la desconsideración de su liderazgo.. Además, cualquier candidato o
candidata con el apoyo del Presidente y del PPH tiene asegurado el triunfo
en las primarias internas y, eventualmente, la victoria en las elecciones
presidenciales del 2004. Sr. Presidente,
usted que en más de una ocasión ha sabido dar marcha atrás para
rectificar, que ha comprendido que rectificar es de sabios, no persistir
en el error, debe tomar en cuenta las razones expuestas y reconsiderar su
decisión de aspirar a la reelección. La situación por la que atraviesa
el país, la unidad del PRD, la tranquilidad de su familia y el aprecio de
sus amigos le aconsejan desistir de la reelección y utilizar su liderazgo
para conducir adecuadamente al país en estos caminos inciertos, preservar
al PRD y apoyar al candidato o candidata con mayores posibilidades de
retener el poder en las elecciones de mayo próximo. Los grandes líderes
no solo toman las grandes decisiones y logran el concurso de los demás
para ejecutarlas exitosamente. A veces también tienen que hacer grandes
sacrificios, teniendo que relegar aspiraciones que él o sus colaboradores
más cercanos consideran legítimas. Peña Gómez dio ejemplo de estas
cualidades más de una vez. En estos momentos optar por la reelección no
es una buena decisión ni para el país, ni para el PRD, ni para su futuro
político. ¿Será demasiado tarde para rectificar y volver a ser un
hombre de palabra que cuente con el reconocimiento de los ciudadanos y el
aprecio de sus amigos? |