¿Será demasiado tarde?
Rafael Toribio - 15 de junio 2003
 

La confesión del Presidente Hipólito Mejía Domínguez de aspirar a la reelección presidencial en las elecciones del 2004, además de representar desdecirse las mismas veces en que afirmó y reiteró que no lo haría, significa también que el PPH logró doblegar la voluntad del Presidente, convirtiéndolo en un hombre que no respeta la palabra empeñada, e imponerse sobre la opinión de la familia, que también se había manifestado opuesta a que buscara reelegirse. ¿Qué hizo posible que una persona que se había distinguido toda su vida por ser un hombre de palabra terminara desdiciéndose y, de paso, rechazando la opinión de la familia, después de haber dicho que una de las razones para no aspirar a la reelección era precisamente que su familia se oponía a la misma?  

Aunque como candidato el ingeniero Hipólito Mejía había dicho que solo estaría en la Presidencia por los cuatro años por los que fuera electo, y después de Presidente lo reiterara en innumerables ocasiones, si vemos retrospectivamente el proceso seguido hasta la aceptación de lo que había rechazado, es razonable pensar que mucho antes de manifestar que aceptaba ir en pos de la reelección ya había cambiado de parecer, aunque siguiera afirmando que no lo haría. Esa mirada retrospectiva permite apreciar ahora que hechos aislados, iniciativas rechazadas y desobediencias a deseos expresados, no eran más que partes de una estrategia previamente elaborada y aceptada. Mientras el Presidente reiteraba su rechazo a la reelección, sus colaboradores más cercanos se dedicaban a promoverla, sin que se produjera una decisión que los detuviera. La tolerancia del Presidente a ese desacato aparente a sus deseos hoy se puede interpretar como anuencia. La misma reforma a la Constitución para introducir la reelección, promovida hasta lograrla por sus más estrechos colaboradores, puede pensarse legítimamente que formaba parte también de la misma estrategia, a pesar de los intentos del Presidente de que no se materializara. El manejo de la composición de la Junta Central Electoral, que ha dado lugar al cuestionamiento sobre su imparcialidad, también ahora puede verse asociado a la decisión de optar por un segundo período consecutivo en la Presidencia. Una vez que el Presidente Mejía decidió aceptar presentarse a la reelección muchas cosas que sucedieron antes sin una explicación satisfactoria, ahora parece que la tienen. Las piezas dispersas del rompecabezas ahora encajan perfectamente.  

Quién basó su campaña en que era un político atípico, ha terminado siendo un político de los más típicos. Tan típico como el Dr. Joaquín Balaguer quien de la misma manera negaba reiteradamente que no aspiraría a un segundo mandato continuo, pero que al final se veía obligado, por las circunstancias y por el reclamo de sus partidarios, a tener que sacrificarse, aceptando lo que había sistemáticamente rechazado. Como Balaguer, el ingeniero Hipólito Mejía termina aceptando que solo su candidatura asegura la permanencia del partido en el poder, lo que justifica el sacrificio suyo y el de su familia. Hay que reconocer, sin embargo, que Balaguer esgrimió argumentos más elegantes, al menos, que los del ingeniero Mejía para aspirar a continua en el poder. No cambiar de caballo cuando se cruza el río tiene más solidez argumental para buscar la reelección que buscarla simplemente porque se ha sentido agraviado y desafiado a lo interno de su partido.  

A pesar de que el Presidente Mejía ha reconfirmado en más de una ocasión que se presentará a la reelección, y que el PPH pregona que ningún otro candidato o candidata del PRD asegura el triunfo en las elecciones del 2004, considero que hay suficientes razones, de mucho peso por lo demás, para que el ingeniero Hipólito Mejía reconsidere esta decisión. Las consecuencias económicas, sociales y políticas para el país del fraude de Baninter reclaman que el liderazgo del Presidente se ponga al servicio de la búsqueda, de forma consensuada, de las medidas más adecuadas para enfrentar esta situación exitosamente. El país necesita en estos momentos un Jefe de Estado asegurando la gobernabilidad y el futuro de todos los ciudadanos, no la reelección. Por otro lado, desaparecido Peña Gómez, el Partido Revolucionario Dominicano necesita con urgencia un líder que asegure la unidad interna  y ejerza las funciones de árbitro. El ingeniero Mejía tiene suficientes cualidades para hacerlo, pero para lograrlo no puede generar enfrentamientos que puedan eventualmente provocar una división. Y la reelección está demostrando que es fuente de controversias y de distanciamientos. No se puede ser líder de una organización, y mucho menos de un partido político, si se opta por ser parte que genera enfrentamientos.

En adición a las anteriores, hay otras razones por las que el Presidente Mejía debe reconsiderar su decisión de presentarse a la reelección, y volver a ser considerado un hombre de palabra. El costo de la repostulación y la reelección no puede ser el destrozo del PRD, o su  división, y la desconsideración de su liderazgo.. Además, cualquier candidato o candidata con el apoyo del Presidente y del PPH tiene asegurado el triunfo en las primarias internas y, eventualmente, la victoria en las elecciones presidenciales del 2004.  

Sr. Presidente,  usted que en más de una ocasión ha sabido dar marcha atrás para rectificar, que ha comprendido que rectificar es de sabios, no persistir en el error, debe tomar en cuenta las razones expuestas y reconsiderar su decisión de aspirar a la reelección. La situación por la que atraviesa el país, la unidad del PRD, la tranquilidad de su familia y el aprecio de sus amigos le aconsejan desistir de la reelección y utilizar su liderazgo para conducir adecuadamente al país en estos caminos inciertos, preservar al PRD y apoyar al candidato o candidata con mayores posibilidades de retener el poder en las elecciones de mayo próximo. Los grandes líderes no solo toman las grandes decisiones y logran el concurso de los demás para ejecutarlas exitosamente. A veces también tienen que hacer grandes sacrificios, teniendo que relegar aspiraciones que él o sus colaboradores más cercanos consideran legítimas. Peña Gómez dio ejemplo de estas cualidades más de una vez. En estos momentos optar por la reelección no es una buena decisión ni para el país, ni para el PRD, ni para su futuro político. ¿Será demasiado tarde para rectificar y volver a ser un hombre de palabra que cuente con el reconocimiento de los ciudadanos y el aprecio de sus amigos?

 
15 de junio 2003