Ley de Migración
Ramón Tejada Holguín - 30 de diciembre 2002

A Samuel Arias, juez valiente
La importancia de las migraciones en términos socioeconómicos y culturales es innegable. Pensemos en las remesas de los emigrantes o en la influencia de la música y las pautas de conductas estadounidenses entre nuestros jóvenes. Pensemos en las yolas y los viajes ilegales. Pensemos en los miles de dominicanos residentes en el exterior, que sueñan con el retorno a esta su patria, y qué cantidad de obstáculos se les presentan cuando retornan, qué difícil se les hace el proceso de readaptación.

Los que emigran crean redes que son de gran ayuda para los dominicanos que se quedan y desean migrar: brindan información sobre las necesidades laborales en los países de destino, conectando así nuestra oferta de mano de obra y cerebros con la demanda en esos países. Estas redes hacen menos costosa la decisión de migrar y aumentan las posibilidades de beneficio para el migrante. Las mismas se han formado sin intervención estatal y el Estado no aprovecha este capital social de las migraciones.

Las reglas vigentes son: la Ley de Inmigración No. 95 de abril de 1939, y el reglamento No. 279 de mayo del mismo año. Es evidente que una ley de hace más de sesenta años no puede dar respuestas a nuestras inquietudes y a los retos que la globalización crea. Sobre todo en un país en donde los asuntos migratorios son complejos, ya que no somos sólo un país expulsor, somos también zona de atracción, principalmente para nuestro vecino Haití. Ningún tema despierta tantas pasiones y sorderas como el tema de las migraciones haitianas a República Dominicana. Pero, este es sólo un aspecto del problema; como hemos visto, una ley de migración debe responder a las complejidades del fenómeno migratorio a cabalidad.

¿Acaso no debemos reclamar que los derechos y deberes de las naciones de destino sean extendidos a nuestros emigrantes allí residentes y otorgar semejantes derechos a los que vienen a nuestra parte de la isla, así como exigirles cumplir sus deberes?

ratehol@yahoo.com


30 de diciembre 2002