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Dos
gabinentes económicos y dos partidos en el gobierno Parece urgente resolver las incoherencias para recuperar la confianza
y contener la desproporcionada devaluación
Está
generalizada la convicción de que la corrida cambiaria de las últimas
semanas es desproporcionada a la situación de la economía nacional y está
determinada en gran parte por
un ambiente de incertidumbres y falta de confianza incentivado por
incoherencias en el gobierno.
Se afianza la impresión de que hay dos gabinetes económicos y dos
partidos enfrentados en el gobierno del presidente Hipólito Mejía, lo
que genera desconfianza en la conducción económica, especialmente de
cara a un próximo año que será preelectoral, por lo que aumentarán las
tentaciones de querer gastar más de lo que la situación económica
soporta.
Para recuperar la confianza el gobierno tendría que comenzar por
contener los desbordamientos que se registran entre sus propios
legisladores, cuyas más negativas expresiones han sido los intentos por
elevar el monto de los bonos soberanos y desconocer el pacto político
para dividir las funciones de la Junta Central Electoral. Grave corrida cambiaria
El
proceso devaluatorio que ha sufrido el peso en el último cuatrimestre del
año alcanzó esta semana niveles sumamente preocupantes, llamados a
desatar fuerte devaluación, afectando la estabilidad macroeconómica que
ha predominado en los últimos diez años y que hasta hace poco era de los
éxitos reconocidos al gobierno.
Con el peso sobre 23 por dólar, la devaluación ronda
el 33 por ciento en lo que va del año, con una corrida que se
inició en agosto, cuando todavía se cotizaba a 18.30, y que ha
desarrollado una alarmante velocidad en las últimas tres semanas. Al
concluir el 2001 el peso se cotizaba a poco más de 17 por dólar.
Los funcionarios del sector económico, encabezados por el
secretario de Finanzas, atribuyen la corrida a especulación y los
dirigentes de las asociaciones empresariales a la incertidumbre y falta de
confianza, pero todos concuerdan en que no hay fundamentos económicos
para ese nivel de devaluación.
De nada han valido las inyecciones de divisas dispuestas por el
Banco Central en los últimos meses, las que han reducido las reservas
monetarias en unos 570 millones de dólares, para dejarlas en apenas poco
más de 300 millones. Tampoco han dado resultado las restricciones
monetarias, que hace un par de meses llegaron a ser exageradas, ni la
emisión de certificados de participación.
No hay explicación objetiva si son ciertas las estimaciones de que
el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos se ha reducido
este año a 1.3 por ciento del producto bruto interno, lo que sería la
tercera parte del 4 por ciento registrado el año pasado. Menos aún
cuando la principal fuente de divisas, el turismo, ha comenzado a dar
muestras de recuperación, mientras las remesas siguen aumentando, aunque
a menor nivel que en los años anteriores. Incertidumbre y desconfianza
Los líderes
empresariales coincidieron esta semana en la estimación de que la corrida
cambiaria está determinada por un ambiente de incertidumbres y
desconfianza que se habría apoderado de los agentes económicos. El
presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada dijo que la tasa
cambiaria debe estabilizarse entre 20 y 21 pesos por dólar
Marino Ginebra descarta la especulación simple y sostiene que
“se trata de un asunto de desconfianza que pudiera solucionarse con un
Congreso en sintonía con los asuntos económicos”.
Por su parte el presidente de la Asociación de Industrias,
Lisandro Macarrulla, estimó que estamos enfrentando “una crisis de
confianza y falta de credibilidad en la gestión gubernamental”.
La Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios también juzgo
desproporcionada el alza de la tasa de cambio, atribuyéndola a “pérdida
de confianza de los agentes financieros en las políticas del gobierno”.
La desconfianza en los controles gubernamentales del gasto ha
llevado a políticos, economistas y empresarios a sugerir una negociación
con el Fondo Monetario Internacional, la cual conllevaría rígida
disciplina fiscal.
Las preocupaciones se centran en el gasto gubernamental de este año,
con fuerte endeudamiento, y en las proyecciones para el próximo y se
multiplicaron con el empeño de la mayoría perredeísta en el Senado de
elevar el monto de 600 millones de dólares en los bonos soberanos
solicitados en el proyecto de ley del Poder Ejecutivo.
En principio los senadores propusieron aumentar los bonos hasta 800
millones de dólares y en primera lectura los bajaron a 750, supuestamente
para readquirir acciones de las empresas distribuidoras de energía
capitalizadas hace poco más de tres años.
La decisión senatorial ha estado huérfana de bases objetivas, ya
que dos de las tres distribuidoras han reiterado que no están vendiendo
acciones, que en todo caso no podrían ser compradas con 150 o 200
millones de dólares.
La mayoría de los senadores perredeístas se ha embarcado en una
acción de puro corte politiquero, pretendiendo capitalizar la seria
inconformidad de la población con el desempeño de esas empresas y el
costo de la energía, creando expectativas falsas que el gobierno no puede
satisfacer.
El espectáculo montado el miércoles 4 cuando los senadores
insultaron a los representantes de las empresas distribuidoras de energía
en medio de un prolongado interrogatorio, en nada contribuye al ambiente
de sosiego que precisa el gobierno para buscar soluciones a la problemática
energética. Aunque hay quienes creen que de esa manera reducirán la
prepotencia con que se manejan algunas de esas empresas. Dos gabinetes económicos
Lo
peor es que en el Senado parece haber un equipo económico enfrentado al
del Poder Ejecutivo. Desde la semana anterior el Secretario de Finanzas
publicó un comunicado advirtiendo sobre los riesgos de la pretendida
compra de acciones, estimando que podría enviar señales equívocas al
mercado de inversionistas y perjudicar el esfuerzo por colocar los 600
millones de dólares en bonos.
Pero los cuestionamientos senatoriales se revierten contra el mismo
gobierno que negoció en Madrid los contratos con las distribuidoras de
energía y que ha estado haciéndolo también con las generadoras.
Los senadores han llevado su activismo al grado de sustituir a los
agentes del Poder Ejecutivo que son los llamados a trazar la política
energética y a renegociar soluciones. Es
este gobierno también el que ha autorizado los recientes
incrementos en la tarifa de la energía eléctrica.
Como las cabezas del intento senatorial son precisamente del grupo
perredeísta del presidente Hipólito Mejía (el PPH), se expresan dudas
de si hay en realidad una rebelión contra la política gubernamental o un
doble juego para meter de contrabando otros 150 millones de dólares en
bonos soberanos que luego serían destinados a inversiones en un año
preelectoral. Ese es un factor generador de incertidumbre y desconfianza.
Ya algunos legisladores gobiernistas, incluyendo al presidente del
Senado, han adelantado también el propósito de elevar la asignación
dispuesta para el Congreso en el proyecto de ley de presupuesto para el
2003, elaborado por el equipo económico del Poder Ejecutivo. Dos partidos en uno
Hace
meses que se incrementan las diferencias en el seno del partido de
gobierno, y sus propios dirigentes denuncian sistemáticamente que el PPH
es quien controla los legisladores y mantiene una ofensiva de tierra
arrasada frente a otras
corrientes dentro de la organización.
Eso quedó en evidencia en ocasión de la prolongada discusión
sobre las reformas constitucionales que concluyó contradiciendo el credo
antireeleccionista del Partido Revolucionario Dominicano, cuyos organismos
lucen inoperantes.
El partido como tal no ha predominado en las resonantes iniciativas
de sus legisladores. Y su presidente Hatuey de Camps, como muchos otros
dirigentes, incluyendo a varios de los aspirantes a la próxima
candidatura presidencial, se han desligado de las mismas. Los
precandidatos Enmanuel Esquea y Ramón Alburquerque han buscado abierta
distancia, criticando políticas oficialistas y las improvisaciones
legislativas. Y ni la vicepresidenta Milagros Ortiz Bosch ha podido
mantenerse al margen, formulando críticas diplomáticas. Esquea
proclamó esta semana en el telediario de Teleantillas que “no se puede
mantener el poder sin un partido”, tras diagnosticar una situación de
serias incongruencias entre el PRD, sus legisladores y su gobierno. La
percepción es que la lucha por la candidatura presidencial aumentará las
incoherencias en el partido de gobierno, donde aún hay quienes sueñan
con convencer al presidente Mejía de que se lance a la carrera
continuista, lo que elevaría el tono de las disputas intrapartidarias.
No hay duda de que los factores políticos no tienden a generar
confianza en el futuro inmediato, lo que juega en abono de la pérdida del
cada vez más precario equilibrio macroeconómico, dentro de un panorama
económico internacional desfavorable y portador de incertidumbres por
riesgos de guerra.
Responsabilidad del Presidente
Por factores
objetivos y subjetivos la imagen del gobierno sigue en picada, no sólo
por recientes escándalos como el llamado “Pepegate”, sino
especialmente por la delicada situación económica.
Los problemas ponen a prueba el liderazgo del presidente Hipólito
Mejía, quien la noche del jueves anunció un discurso para referirse
nuevamente al asunto energético y pidió a los legisladores que se
limiten a los bonos solicitados en su proyecto de ley.
Debe
resultarle difícil volver a hablar de los problemas energéticos, después
de los discursos de agosto y septiembre y de numerosos intentos fallidos,
como aquel de prohibir por decreto los “apagones financieros”.
Pero el mandatario debe asumir el liderazgo frente a los
legisladores y tratar de recomponer la coherencia en su partido para lo
cual tendría que contener definitivamente los pujos de los
reeleccionistas.
En lo inmediato deberá disipar las incertidumbres requiriendo una
rápida aprobación del presupuesto y de sólo los 600 millones en bonos
soberanos, así como de la reforma electoral que ya acogieron los
diputados.
Más que cambiar el equipo económico, como algunos han propuesto
en términos radicales, podría fortalecerlo tratando de concluir el pacto
para la estabilidad económica negociado
con la cúpula del empresariado. Eso y una contundente proclama de
austeridad para el próximo año podría contribuir a disipar las
incertidumbres y a devolver la estabilidad al mercado cambiario.-
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