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Ilusión
política de Las Americas La Cumbre Iberoamericana de
Jefes de Estado y de Gobiernos que sesiona hoy en su doceava versión, será
testigo de la parte de mayor interés y entusiasmo cuando cada mandatario
pronuncie su discurso y ponga los énfasis en función de los intereses de
su país o de su bloque comercial o regional. Esta cumbre tiene el desafío
de convertirse en algo más que una reunión turística y propagandística,
como han sido las anteriores, comenzando por la de Guadalajara, México,
en 1991. Esta iniciativa de las
cumbres iberoamericanas ha sido diseñada con el propósito de sumar
voluntades y de poner en común temas y problemas que nos afectan
colectivamente como conjunto de países con raíces históricas parecidas,
especialmente como ex colonias de España y Portugal. Los acuerdos y
declaraciones que se derivan de estas reuniones no son conminatorios y por
tanto quedan siempre en el ámbito de la buena voluntad, de la oportunidad,
y sus declaraciones se revisan cada año, en el mes de noviembre, con
fines de reiterarlas con más vigor en la cumbre del momento. La región iberoamericana se
encuentra en este momento en una situación especial, que debería ser
aprovechada para fomentar acuerdos políticos firmes, que conduzcan a
propuestas económicas de integración más eficientes ante las
negociaciones bilaterales y multilaterales que se registran con Estados
Unidos con miras al Acuerdo de Libre Comercio de Las Américas (ALCA). Propuestas comunes se han
originado en Centroamérica, así como en los países del Grupo Andino. El
MERCOSUR, lidereado por Brasil, tiene posturas distantes de las
norteamericanas, mientras países como México y Chile tienen ya
pantalones largos en negociaciones comerciales y acuerdos de libre
comercio que deberían servir de experiencias a los demás países de la
región. Sería ingenuo pensar que
entre los propios países iberoamericanos que se reúnen en Bávaro,
Higuey, no hay contradicciones e intereses encontrados, por las
similitudes productivas y porque miran hacia los mismos mercados. Sin
embargo, es posible pensar un poco más agresivamente en este ámbito,
tomando en cuenta que los europeos han coincidido, en su amplia diversidad,
y han conformado una comunidad económica y política que trasciende en
mucho sus fronteras nacionales sus intereses particulares y tienen foros
efectivos y eficientes para la solución de sus diferencias. No es extraño que en las
discusiones del documento final de esta XII Cumbre hayan sido España y
Portugal los países que se han opuesto a que la declaración incluya una
solicitud a los países desarrollados para que eliminen, como ellos han
exigido a los países de la región, los subsidios a sus productores agrícolas
que sobrepasan los 360 mil millones de dólares al año, a razón de
aproximadamente 1000 millones de dólares diarios. Con esas diferencias no
hay forma de desarrollo de las economías regionales ni nacionales, porque
la competitividad seguirá siendo una ilusión. Sin embargo, estos temas
escapan a la capacidad común de ponernos de acuerdo, y cada quien asume
su discurso particular, económico y político, sin tomar en cuenta que
nos encontramos en un punto decisivo de las negociaciones multilaterales
sobre el ALCA, con una voracidad y decisión firmes de Estados Unidos para
negociar fragmentariamente con cada país y no con el conglomerado. La decisión deben tomarla
los jefes políticos de Las Américas, y son esos jefes políticos los que
se encuentran reunidos este fin de semana en Bávaro, con las ausencias
lamentables de Alejandro Toledo, de Perú, Mireya Moscoso, de Panamá,
Fidel Castro, de Cuba, y Luiz Ignacio Lula Da Silva, presidente electo del
Brasil, quien fue invitado por el presidente Hipólito Mejía, pero no ha
tenido oportunidad de acudir al encuentro. 16
de noviembre 2002 |