Ilusión política de Las Americas
Fausto Rosario - 16 de noviembre 2002   

La Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobiernos que sesiona hoy en su doceava versión, será testigo de la parte de mayor interés y entusiasmo cuando cada mandatario pronuncie su discurso y ponga los énfasis en función de los intereses de su país o de su bloque comercial o regional. Esta cumbre tiene el desafío de convertirse en algo más que una reunión turística y propagandística, como han sido las anteriores, comenzando por la de Guadalajara, México, en 1991.

Esta iniciativa de las cumbres iberoamericanas ha sido diseñada con el propósito de sumar voluntades y de poner en común temas y problemas que nos afectan colectivamente como conjunto de países con raíces históricas parecidas, especialmente como ex colonias de España y Portugal. Los acuerdos y declaraciones que se derivan de estas reuniones no son conminatorios y por tanto quedan siempre en el ámbito de la buena voluntad, de la oportunidad, y sus declaraciones se revisan cada año, en el mes de noviembre, con fines de reiterarlas con más vigor en la cumbre del momento.

La región iberoamericana se encuentra en este momento en una situación especial, que debería ser aprovechada para fomentar acuerdos políticos firmes, que conduzcan a propuestas económicas de integración más eficientes ante las negociaciones bilaterales y multilaterales que se registran con Estados Unidos con miras al Acuerdo de Libre Comercio de Las Américas (ALCA).

Propuestas comunes se han originado en Centroamérica, así como en los países del Grupo Andino. El MERCOSUR, lidereado por Brasil, tiene posturas distantes de las norteamericanas, mientras países como México y Chile tienen ya pantalones largos en negociaciones comerciales y acuerdos de libre comercio que deberían servir de experiencias a los demás países de la región.

Sería ingenuo pensar que entre los propios países iberoamericanos que se reúnen en Bávaro, Higuey, no hay contradicciones e intereses encontrados, por las similitudes productivas y porque miran hacia los mismos mercados. Sin embargo, es posible pensar un poco más agresivamente en este ámbito, tomando en cuenta que los europeos han coincidido, en su amplia diversidad, y han conformado una comunidad económica y política que trasciende en mucho sus fronteras nacionales sus intereses particulares y tienen foros efectivos y eficientes para la solución de sus diferencias.

No es extraño que en las discusiones del documento final de esta XII Cumbre hayan sido España y Portugal los países que se han opuesto a que la declaración incluya una solicitud a los países desarrollados para que eliminen, como ellos han exigido a los países de la región, los subsidios a sus productores agrícolas que sobrepasan los 360 mil millones de dólares al año, a razón de aproximadamente 1000 millones de dólares diarios. Con esas diferencias no hay forma de desarrollo de las economías regionales ni nacionales, porque la competitividad seguirá siendo una ilusión.

Sin embargo, estos temas escapan a la capacidad común de ponernos de acuerdo, y cada quien asume su discurso particular, económico y político, sin tomar en cuenta que nos encontramos en un punto decisivo de las negociaciones multilaterales sobre el ALCA, con una voracidad y decisión firmes de Estados Unidos para negociar fragmentariamente con cada país y no con el conglomerado.

La decisión deben tomarla los jefes políticos de Las Américas, y son esos jefes políticos los que se encuentran reunidos este fin de semana en Bávaro, con las ausencias lamentables de Alejandro Toledo, de Perú, Mireya Moscoso, de Panamá, Fidel Castro, de Cuba, y Luiz Ignacio Lula Da Silva, presidente electo del Brasil, quien fue invitado por el presidente Hipólito Mejía, pero no ha tenido oportunidad de acudir al encuentro.

16 de noviembre 2002