El gobierno enfrenta su mayor escándalo
Juan Bolívar Díaz - 15 de noviembre 2002


El caso que protagoniza el coronel Pedro Julio Goico, con implicaciones no esclarecidas, pone de relieve la debilidad de las instituciones nacionales

Por Juan Bolívar Díaz

El fraude atribuido al coronel Pedro Julio Goico, hasta principios de noviembre jefe de la avanzada de seguridad del Presidente de la República, constituye el mayor escándalo producido en los dos años y 3 meses que lleva este gobierno, cuya imagen ha quedado empañada y merece más aclaraciones que las ofrecidas hasta el momento.

El caso se constituyó en la comidilla nacional y hasta salpicó la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estados y de Gobiernos, en cuya seguridad ya trabajaba el rudo militar, subjúdice desde hace 5 años cuando fue sometido a la justicia, involucrado en un fraude a la Lotería Nacional que fue cuantificado en 90 millones de pesos.

Diversos aspectos de la ocurrencia muestran una vez más la debilidad de las instituciones nacionales, desde el Poder Ejecutivo hasta el Judicial, incluyendo a las Fuerzas Armadas, donde hasta un gerente bancario puede ser convertido en oficial sin más requisito que la de socio de cualquier usufructuario del poder.

La comidilla nacional

El fraude en que está involucrado el jefe de seguridad del Presidente de la República y su acompañante más notorio en sus desplazamientos dentro y fuera del país, se constituyó en la gran comidilla nacional de las últimas dos semanas.

En todos los círculos, fueran políticos, empresariales o sociales, en los estadios de beisbol o en los centros nocturnos no se ha cherchado de otra cosa, y ni hablar de los medios de comunicación, donde se ha especulado en todas las dimensiones, afectando considerablemente la imagen del gobierno.

La ocurrencia ofreció material de actualidad al espectáculo "Humor Viejo no se Olvida" que han estado presentando en el club nocturno Maunaloa los destacados humoristas Freddy Beras Goico, Cuquín Victoria, Felipe Polanco y Luisito Martí, con la algarabía y carcajadas de los asistentes.

En la prensa internacional, incluyendo los diarios madrileños, se dio alto relieve al escándalo, resaltándose el cargo del coronel Goico y la circunstancia de que estaba llamado a tener un papel fundamental en la seguridad de los dignatarios que asitirían a la Cumbre Iberoamericana de Bábaro.

Muchos de los cientos de periodistas que llegaron al país no preguntaban otra cosa, tratando de que les esclarecieran los alcances de la corrupción denunciada, algo que resultaba difícil hasta para muchos de los mejores conocedores de las triquiñuelas nacionales.

La imagen de bravucón que con tanto esmero había cultivado el coronel Goico era la perfecta para magnificar el escándalo. Y periodistas y medios nacionales han aprovechado para cobrarle parte de los desafueros en que incurrió con reporteros de todas las categorías.

Se ha llegado a publicar que el comportamiento de Goico en los más de 30 viajes internacionales del presidente Hipólito Mejía había provocado protestas de autoridades de varios países, entre los cuales se citan a Estados Unidos, México, Japón, y en Canadá, donde habría de concluir la carrera del jefe de seguridad presidencial.

Inexplicable lentitud

Producido el escándalo ha resultado inexplicable que el presidente Hipólito Mejía colocara en un papel tan relevante, en su propio entorno de seguridad, a alguien que estaba subjúdice, en libertad bajo fianza tras haber sido involucrado en un fraude denunciado en septiembre de 1997 contra la Lotería Nacional, de la que, por cierto, era también jefe de seguridad.

Se le acusó, junto al haitiano Frederick Marzourka, de estafa a fondos públicos y asociación de malhechores, y a quien la jueza Miriam Germán ordenó mantener en prisión, el 24 de octubre de 1997, considerando que existían "indicios graves, serios, precisos y concordantes" de responsabilidad en los hecho que se le imputaron.

Pasó 6 meses en prisión, hasta lograr libertad condicional bajo fianza por decisión de la Suprema Corte de Justicia en marzo de 1998, lo que no lo relevaba del procesamiento judicial.

Entonces era mayor del Ejército Nacional y por los cargos juidiciales quedó suspendido. Se supone que por "haberse fajado" en la campaña electoral, el presidente Mejía ordenó su reincorporación y lo hizo objeto de dos ascensos, hasta convertirlo en coronel.

Fue notable que transcurrió mes y medio desde el momento (el 20 de septiembre pasado) en que el presidente del Banco Intercontinental puso en conocimiento del mandatario las irregularidades en que se involucra al coronel Goico, hasta que fue destituido y apresado.

Aún después de la denuncia se le permitió viajar al Japón para iniciar los preparativos del próximo viaje presidencial a ese país, y llegar a Canadá, donde estaba el mandatario, para proceder a la investigación correspondiente.

En el interregno se produjo la detención e investigación de un avión y un helicóptero operados por una compañía a nombre de socios de Goico, lo que hace presumir que otras irregularidades fueron las que forzaron la acción gubernamental. Y al respecto se han publicado abundantes especulaciones, incluyendo posible tráfico de narcóticos y lavado de dinero.

La lentitud en reaccionar fue lo que complicó el escándalo y permitió que detonara en el momento más inoportuno para la imagen del gobierno, puesto que estabamos ya a la puerta de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estados.

Por momentos se consideró la posibilidad de esperar que pasara Cumbre para someter a Goico, pero el remedio se perfilaba peor que la enfermedad, puesto que ya el escándalo tenía ribetes internacionales y convenía demostrar firmeza e intentar cerrar el caso.

El fraude bancario

Todavía no se sabe oficialmente cómo fue realizado el fraude al Banco Intercontinental por 40 millones de pesos de que se acusa a Goico, al gerente de la entidad financiera Alberto Torres Pezzoti, al primer teniente Newton Abreu Méndez y al señor Pedro Díaz, presidente de la empresa que regentea el avión y el helicóptero retenidos en la base militar de San Isidro desde finales de octubre.

El comunicado publicado por el banco no es suficientemente explícito, pero todo parece indicar que Goico era usufructuario de una especie de "tarjeta de cortesía" para cubrir eventuales gastos en las giras presidenciales.

Se ha dicho que con esa tarjeta Goico simuló innumerables compras, de vehículos, yates y hasta viviendas, y obtuvo sumas en efectivo, hasta alcanzar 40 millones de pesos. Se ignora en cuánto tiempo se consumió esa cantidad y cómo pudo pasar deapercibido un gasto tan desproporcionado para una tarjeta de crédito.

Se deduce que era una tarjeta "de cortesía", porque en más de dos años no se le pasó cuenta a nadie. El secretario administrativo de la Presidencia aclaró que el Estado nada tenía que ver con esa tarjeta y que los gastos del presidente en el exterior se pagaban con otra que manejaba el jefe de sus ayudantes militares.

Se presume que el gerente bancario Torres Pezzoti sería el responsable de dar seguimiento a esa tarjeta. Pero muchos se preguntan cómo fue posible que ningún otro funcionario del banco registrara que los montos de los cargos rebasaban los "límites de la cortesía".

Debilidad institucional

La forma en que se ejecutó el fraude y las responsabilidades deberán conocerse cuando se dilucide públicamente el expediente con que la comisión investigadora decidió enviar a los acusados ante la justicia civil.

Pero mientras tanto el escándalo pone de relieve las debilidades que aquejan al cuerpo institucional de la nación:

1.- Que pasaran 5 años desde el sometimiento a la justicia del señor Pepe Goico por un hecho grave de corrupción y que el expediente haya quedado dormido.

2.- Que se pueda reintegrar a las Fuerzas Armadas y ascender dos veces a alguien con un juicio penal pendiente.

3.- Que ese alguien pudiera incorporar a la Marina de Guerra a un gerente bancario amigo con grado de capitán y a un socio de negocios con grado de sargento.

4.- Que un banco emita una tarjeta "de cortesía" sin controles eficientes a un alto oficial encargado de la seguridad del Presidente de la República y se presumiera que pagaba gastos millonarios del jefe del Estado durante más de dos años. Y todavía el escándalo no está conjurado, porque falta conocer los detalles del expediente y que se explique el papel jugado por el avión y el helicóptero y la versión de que se le alquilaban a la avanzada de seguridad que encabezaba Goico a un precio que pasaba del doble de lo prevaleciente en el mercado. Lo que de ser cierto constituiría otro delito por dilucidar.

Es generalizado el criterio de que lo que más conviene al gobierno es la transparencia total. Y cuanto antes mejor. Porque los aspectos nebulosos alientan la continuación del mayúsculo escándalo.-

 

15 de noviembre 2002