Hasta el cansancio
Ramón Tejada Holguín - 11 de noviembre 2002

Hay que repetirlo hasta el cansancio, no importa que lo hayamos dicho miles de veces. Hay que escribirlo en las paredes cual si fuese la tarea impuesta por una fabulosa, honrada y ética maestra de pueblo: sobre los corruptos debe caer todo el peso de la ley, las investigaciones sobre actos corruptos deben ser llevadas hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga, nadie debe quedar impune, la investigación no debe detenerse ante la puerta de ningún despacho. 

Hay que repetirlo hasta encontrar el más grande de los ecos en la ciudadanía, hasta convertirnos en múltiples voces que desatan la más grande de las avalanchas arrasadora de toda la podredumbre y suciedad que nos rodea por doquier; hasta construir un aluvión de voluntades que atemorice a quien desee tomar un solo centavo que no le pertenezca: sobre los corruptos debe caer todo el peso de la ley, las investigaciones sobre actos corruptos deben ser llevadas hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga, nadie debe quedar impune, la investigación no debe detenerse ante la puerta de ningún despacho. 

Todo corrupto es responsable de la mala calidad de los servicios públicos, de la falta de dinero para llevar a cabo una auténtica política social del gobierno, de la carestía de los artículos de primera necesidad. Por eso hay que darle categoría de genocidio a esa corrupción rampante, petulante que zalamera y servicial se burla de todos y todas. De ninguna manera una sociedad podrá ser libre si se queda indolente ante tanta iniquidad, si no grita a todo pulmón que sobre los corruptos debe caer todo el peso de la ley, las investigaciones sobre actos corruptos deben ser llevadas hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga, nadie debe quedar impune, la investigación no debe detenerse ante la puerta de ningún despacho. 

Sólo convirtiendo nuestro clamor en un grito único y poderoso, siendo responsables como ciudadanos y votantes podremos combatir con éxito la corrupción. Y no olviden que quien protege a un corrupto es cómplice.


ratehol@yahoo.com

11 de noviembre 2002