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Hasta
el cansancio Hay
que repetirlo hasta el cansancio, no importa que lo hayamos dicho miles de
veces. Hay que escribirlo en las paredes cual si fuese la tarea impuesta
por una fabulosa, honrada y ética maestra de pueblo: sobre los corruptos debe
caer todo el peso de la ley, las investigaciones sobre actos corruptos
deben ser llevadas hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga,
nadie debe quedar impune, la investigación no debe detenerse ante la
puerta de ningún despacho. Hay que repetirlo hasta encontrar el más grande de
los ecos en la ciudadanía, hasta convertirnos en múltiples voces que
desatan la más grande de las avalanchas arrasadora de toda la podredumbre
y suciedad que nos rodea por doquier; hasta construir un aluvión de
voluntades que atemorice a quien desee tomar un solo centavo que no le
pertenezca: sobre los corruptos debe caer todo el peso de la ley, las
investigaciones sobre actos corruptos deben ser llevadas hasta las últimas
consecuencias, caiga quien caiga, nadie debe quedar impune, la investigación
no debe detenerse ante la puerta de ningún despacho. Todo corrupto es responsable de la mala calidad de
los servicios públicos, de la falta de dinero para llevar a cabo una auténtica
política social del gobierno, de la carestía de los artículos de
primera necesidad. Por eso hay que darle categoría de genocidio a esa
corrupción rampante, petulante que zalamera y servicial se burla de todos
y todas. De ninguna manera una sociedad podrá ser libre si se queda
indolente ante tanta iniquidad, si no grita a todo pulmón que sobre los
corruptos debe caer todo el peso de la ley, las investigaciones sobre
actos corruptos deben ser llevadas hasta las últimas consecuencias, caiga
quien caiga, nadie debe quedar impune, la investigación no debe detenerse
ante la puerta de ningún despacho. Sólo convirtiendo nuestro clamor en un grito único
y poderoso, siendo responsables como ciudadanos y votantes podremos
combatir con éxito la corrupción. Y no olviden que quien protege a un
corrupto es cómplice.
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