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Una
visión optimista del país Hipólito Mejía tiene
puestas sus esperanzas en el potencial productivo de la República
Dominicana para abrirse paso en el mercado internacional, especialmente el
norteamericano, con miras a los acuerdos comerciales que desde hace tiempo
se gestan y en los que participa la República Dominicana. El presidente tiene interés
en lograr un acuerdo bilateral de libre comercio con los Estados Unidos,
no necesariamente con privilegios especiales, sino en los que se consignen
al país las mismas condiciones que se concedan a los países de Centroamérica. El mandatario reconoce que
República Dominicana no quedó en la categoría de las pequeñas economías
del Caribe, lo que sí pudo alcanzar el CARICOM, pero entiende que como país
somos una economía mucho más grande que el conjunto de las naciones que
integran ese bloque de negociadores comerciales. Hipólito Mejía confía en
el potencial del sector privado dominicano para invertir en los renglones
productivos en los que tenemos mayores ventajas comparativas que los países
centroamericanos, en los que hemos demostrado ser excelentes. Uno de esos
renglones es la producción de bananos orgánicos, como ejemplo, o la
producción de aguacates orgánicos que compitan, en los períodos del año
de menor productividad de los israelíes, con la gran producción de
aguacates del medio oriente. El Presidente piensa que el
plan de competitividad que auspicia el Gobierno, con el apoyo de Definpro
como aporte inicial al banco de incentivo a la productividad, puede ayudar
efectivamente a ubicar la producción dominicana en el conjunto de las
islas del Caribe, en donde se encuentra un buen mercado que debe ser
descubierto y estudiado con atención por los productores nacionales. El primer mandatario no le
otorga mucha importancia al proceso burocrático de las negociaciones
comerciales, pero piensa que el énfasis debe ponerse en conseguir un
trato igualitario de los Estados Unidos que el otorgado a Centroamérica.
Está consciente de la situación difícil de algunos sectores, como los
productores de dulces, que tienen el azúcar como materia prima, los
cuales han perdido espacio o algunos rubros del sector agropecuario. Piensa, sin embargo, que las
decisiones debemos tomarlas nosotros como país sobre los sectores
productivos en los que más énfasis debemos poner, como hicieron los
italianos, que se robaron el mercado mundial de calzados. El país importó
el año pasado cerca de 250 millones de dólares en maderas que pudo haber
evitado si la visión de los inversionistas hubiese sido más aguda. En
esa misma tónica hay varios casos que sirven de ejemplo en sus diálogos
a Hipólito Mejía. Está dispuesto a trabajar
con el sector privado para eliminar las trabas aún existentes para que la
producción nacional aumente, incluyendo rubros agrícolas en los que
tradicionalmente hemos tenido capacidad productiva, pero que han sido
invadidos por importaciones desconsideradas de otros países con altos
niveles de subsidios. Entre esas trabas estaría, incluso, la eliminación
del recargo cambiario, siempre que se permita al Estado compensar sus
ingresos para enfrentar la pobreza que padece la sociedad dominicana. Y como corolario, Hipólito
Mejía está convencido de que las transformaciones más importantes que
requiere la sociedad dominicana ya han comenzado con la educación en
primer plano, sin la cual no es posible sostener a largo plazo un aumento
de los componentes de la economía, y con la seguridad social que se ha
iniciado parcialmente. Ambos soportes requieren de tiempo para que se
conozcan sus resultados, pero son imprescindibles para que el país pueda
tener una visión futurista más auspiciosa. Estas son apenas unas
cuantas conclusiones de un encuentro casual, y de una conversación de
casi 40 minutos, con el presidente Hipólito Mejía. 10
de noviembre 2002 |