Una visión optimista del país
Fausto Rosario - 10 de noviembre 2002   

Hipólito Mejía tiene puestas sus esperanzas en el potencial productivo de la República Dominicana para abrirse paso en el mercado internacional, especialmente el norteamericano, con miras a los acuerdos comerciales que desde hace tiempo se gestan y en los que participa la República Dominicana.

El presidente tiene interés en lograr un acuerdo bilateral de libre comercio con los Estados Unidos, no necesariamente con privilegios especiales, sino en los que se consignen al país las mismas condiciones que se concedan a los países de Centroamérica.

El mandatario reconoce que República Dominicana no quedó en la categoría de las pequeñas economías del Caribe, lo que sí pudo alcanzar el CARICOM, pero entiende que como país somos una economía mucho más grande que el conjunto de las naciones que integran ese bloque de negociadores comerciales.

Hipólito Mejía confía en el potencial del sector privado dominicano para invertir en los renglones productivos en los que tenemos mayores ventajas comparativas que los países centroamericanos, en los que hemos demostrado ser excelentes. Uno de esos renglones es la producción de bananos orgánicos, como ejemplo, o la producción de aguacates orgánicos que compitan, en los períodos del año de menor productividad de los israelíes, con la gran producción de aguacates del medio oriente.

El Presidente piensa que el plan de competitividad que auspicia el Gobierno, con el apoyo de Definpro como aporte inicial al banco de incentivo a la productividad, puede ayudar efectivamente a ubicar la producción dominicana en el conjunto de las islas del Caribe, en donde se encuentra un buen mercado que debe ser descubierto y estudiado con atención por los productores nacionales.

El primer mandatario no le otorga mucha importancia al proceso burocrático de las negociaciones comerciales, pero piensa que el énfasis debe ponerse en conseguir un trato igualitario de los Estados Unidos que el otorgado a Centroamérica. Está consciente de la situación difícil de algunos sectores, como los productores de dulces, que tienen el azúcar como materia prima, los cuales han perdido espacio o algunos rubros del sector agropecuario.

Piensa, sin embargo, que las decisiones debemos tomarlas nosotros como país sobre los sectores productivos en los que más énfasis debemos poner, como hicieron los italianos, que se robaron el mercado mundial de calzados. El país importó el año pasado cerca de 250 millones de dólares en maderas que pudo haber evitado si la visión de los inversionistas hubiese sido más aguda. En esa misma tónica hay varios casos que sirven de ejemplo en sus diálogos a Hipólito Mejía.

Está dispuesto a trabajar con el sector privado para eliminar las trabas aún existentes para que la producción nacional aumente, incluyendo rubros agrícolas en los que tradicionalmente hemos tenido capacidad productiva, pero que han sido invadidos por importaciones desconsideradas de otros países con altos niveles de subsidios. Entre esas trabas estaría, incluso, la eliminación del recargo cambiario, siempre que se permita al Estado compensar sus ingresos para enfrentar la pobreza que padece la sociedad dominicana.

Y como corolario, Hipólito Mejía está convencido de que las transformaciones más importantes que requiere la sociedad dominicana ya han comenzado con la educación en primer plano, sin la cual no es posible sostener a largo plazo un aumento de los componentes de la economía, y con la seguridad social que se ha iniciado parcialmente. Ambos soportes requieren de tiempo para que se conozcan sus resultados, pero son imprescindibles para que el país pueda tener una visión futurista más auspiciosa.

Estas son apenas unas cuantas conclusiones de un encuentro casual, y de una conversación de casi 40 minutos, con el presidente Hipólito Mejía.

10 de noviembre 2002