Salida en vez de solución
Rafael Toribio - 07 de noviembre 2002

Creada y desencadenada la crisis por la forma en que fueron designados los jueces de la Junta Central Electoral, aunque se defendió que no se produciría crisis alguna porque la designación era legal, vino primero la resistencia a todo intento y demanda de que se resolviera el problema creado. Luego tuvo que producirse la convocatoria a un diálogo nacional que, en base a la negociación negada en la designación, intentara resolver la crisis. Y como en toda negociación hay que ceder, lográndose un acuerdo sobre lo que es posible, no lo deseable, todas las partes hicieron renuncia en algunas de sus demandas, terminando por aceptarse una salida, que no es una solución. 

Desatada la crisis y convocados los participantes al diálogo comienzan entonces las negociaciones que no se hicieron en su momento y que por no haberlas hechas se dio lugar a la crisis. Es decir, se hace ahora lo que se debió haber hecho antes. Y como ya ha ocurrido en versiones anteriores, muchos son convocados y muchos son los que discuten, pero las decisiones son tomadas por unos pocos, y teniendo que dejar muchas veces la aprobación de lo acordado  al mismo órgano que produjo la crisis, lo cual implica que los acuerdos logrados en el diálogo no siempre pueden ser aprobados como fueron pactados, si es que se aprueban. Como en toda negociación se produce un “toma y daca”, lo normal que suceda es que se llegue a una salida, no a una solución, producto de renuncias parciales a las demandas de las partes, razón por la cual todos se sienten solo parcialmente complacidos. Entonces vienen los problemas para que lo acordado sea formalmente aprobado como fue pactado. Luego de lograrse la aprobación de lo acordado, viene entonces la lucha por su ejecución y su permanencia en el tiempo. Como hemos visto, una decisión aunque legal, pero no realizada de la mejor manera, obliga a un proceso al final del cual debemos agradecer que el problema haya podido tener una salida, pero que no es enteramente satisfactoria para ninguna de las partes. 

Plateada la crisis hemos tenido que buscar una salida, no una solución. El aumento en el número de los jueces de la Junta Central Electoral no resuelve el problema, pero ayuda a manejarlo. La separación en dos jurisdicciones del tribunal, sin un perfil distinto para los jueces de cada una de las jurisdicciones, es aun una salida. Además, mientras el sistema electoral permita que un partido político pueda tener una mayoría casi total en el órgano que designa a éstos jueces, sin haber obtenido ni siquiera el 50% de los votos, permanecerá la tentación de configurar una Junta Central Electoral que responda a sus intereses. Sin embargo, los acuerdos logrados en el Diálogo, siendo una salida, pueden ser inicio de la solución. 

Conviene señalar que, como en ocasiones anteriores, la convocatoria a un gran diálogo nacional viene precedida por una crisis que se pretende solucionar de esta manera. Es una lástima que normalmente recurramos a un diálogo para enfrentar una crisis y no para evitarla. Además, aunque se tenga la pretensión de abordar otros temas importantes, es difícil que pueda continuar después de darle salida a lo que fuera el motivo principal de su convocatoria.  

07 de noviembre 2002