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Salida
en vez de solución Creada
y desencadenada la crisis por la forma en que fueron designados los jueces
de la Junta Central Electoral, aunque se defendió que no se produciría
crisis alguna porque la designación era legal, vino primero la
resistencia a todo intento y demanda de que se resolviera el problema
creado. Luego tuvo que producirse la convocatoria a un diálogo nacional
que, en base a la negociación negada en la designación, intentara
resolver la crisis. Y como en toda negociación hay que ceder, lográndose
un acuerdo sobre lo que es posible, no lo deseable, todas las partes
hicieron renuncia en algunas de sus demandas, terminando por aceptarse una
salida, que no es una solución. Desatada
la crisis y convocados los participantes al diálogo comienzan entonces
las negociaciones que no se hicieron en su momento y que por no haberlas
hechas se dio lugar a la crisis. Es decir, se hace ahora lo que se debió
haber hecho antes. Y como ya ha ocurrido en versiones anteriores, muchos
son convocados y muchos son los que discuten, pero las decisiones son
tomadas por unos pocos, y teniendo que dejar muchas veces la aprobación
de lo acordado al mismo órgano
que produjo la crisis, lo cual implica que los acuerdos logrados en el diálogo
no siempre pueden ser aprobados como fueron pactados, si es que se
aprueban. Como en toda negociación se produce un “toma y daca”, lo
normal que suceda es que se llegue a una salida, no a una solución,
producto de renuncias parciales a las demandas de las partes, razón por
la cual todos se sienten solo parcialmente complacidos. Entonces vienen
los problemas para que lo acordado sea formalmente aprobado como fue
pactado. Luego de lograrse la aprobación de lo acordado, viene entonces
la lucha por su ejecución y su permanencia en el tiempo. Como hemos visto,
una decisión aunque legal, pero no realizada de la mejor manera, obliga a
un proceso al final del cual debemos agradecer que el problema haya podido
tener una salida, pero que no es enteramente satisfactoria para ninguna de
las partes. Plateada
la crisis hemos tenido que buscar una salida, no una solución. El aumento
en el número de los jueces de la Junta Central Electoral no resuelve el
problema, pero ayuda a manejarlo. La separación en dos jurisdicciones del
tribunal, sin un perfil distinto para los jueces de cada una de las
jurisdicciones, es aun una salida. Además, mientras el sistema electoral
permita que un partido político pueda tener una mayoría casi total en el
órgano que designa a éstos jueces, sin haber obtenido ni siquiera el 50%
de los votos, permanecerá la tentación de configurar una Junta Central
Electoral que responda a sus intereses. Sin embargo, los acuerdos logrados
en el Diálogo, siendo una salida, pueden ser inicio de la solución. Conviene
señalar que, como en ocasiones anteriores, la convocatoria a un gran diálogo
nacional viene precedida por una crisis que se pretende solucionar de esta
manera. Es una lástima que normalmente recurramos a un diálogo para
enfrentar una crisis y no para evitarla. Además, aunque se tenga la
pretensión de abordar otros temas importantes, es difícil que pueda
continuar después de darle salida a lo que fuera el motivo principal de
su convocatoria. 07
de noviembre 2002 |