Hipólito Mejía desactiva la crisis política y fortalece su imagen de negociador
Fausto Rosario - 02 de noviembre 2002   

Morel Cerda tendría más poder en el nuevo concepto de la JCE acordado en el diálogo

Los detalles podrían empantanar la puesta en práctica del pacto sobre el tribunal de elecciones 

La solución que han dado los comisionados del diálogo, convocados por el presidente Hipólito Mejía para buscar solución al conflicto que envuelve a la Junta Central Electoral,  es positiva y trae por lo menos el sosiego momentáneo a los actores políticos y económicos de la sociedad dominicana, principalmente al Gobierno.

La salida fue aceptada por el presidente Hipólito Mejía desde el primer momento en que le fue presentada por Monseñor Agripino Núñez Collado, coordinador del ejercicio de consenso. Los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil, incluyendo a las iglesias y al sector empresarial, acogieron con agrado la salida, pese a que no es lo suficientemente sólida, institucionalmente, como para dejar resueltos otros problemas que se derivan de estos acuerdos.

Con excepción de una protesta del doctor Ramón Pina Acevedo, comisionado por el Partido Reformista Social Cristiano, debido a que el doctor Manuel Ramón Morel Cerda seguirá en el tribunal electoral, no hay disensiones mayores sobre los acuerdos, y el presidente Mejía tendrá que aplicar el extraordinario poder que tiene en el Senado para conseguir la aceptación de lo pactado.

Los acuerdos se resumen en dividir la Junta Central Electoral en dos cámaras, una contenciosa y otra administrativa, en elevar a nueve el número de jueces para que la primera cámara esté integrada por cinco y la segunda por tres jueces. Un tercer organismo sería el plenario de ambas cámaras, que estaría presidido por el titular del organismo, en este caso el doctor Manuel Ramón Morel Cerda. El acuerdo dejó explícito que excluye cualquier posibilidad de modificar la Constitución de la República, y se remite exclusivamente a la reforma de la Ley Electoral 175-97, para lo cual los comisionados entregarán al presidente de la República un proyecto que sería enviado al Congreso Nacional.

 

Faltan los dos temas más importantes

Hasta este punto la salida a la crisis podría ser eficiente momentáneamente. Las sesiones del diálogo fueron suspendidas inmediatamente, a sugerencia del representante del Gobierno, licenciado Sergio Grullón Estrella, según sus palabras hasta que sesione en el país y concluya la XII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, que tendrá lugar en dos semanas en el país.

El punto que parcialmente ha quedado solucionado es apenas el primero de tres que fueron acordados al inicio de la primera sesión del diálogo el 21 de octubre. Los otros dos tienen mayor importancia que el primero, pero aparentemente menos urgencia. El segundo tema es la identificación de objetivos y el consenso de los actos para el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica del país, y el tercero es el consenso sobre el establecimiento de una agenda nacional de desarrollo a corto, mediano y largo plazo, que sea respetada por los partidos responsables de la conducción de los destinos nacionales.

El hecho de que el representante del Gobierno haya sugerido que las sesiones se descontinuaran hasta la finalización de la Cumbre Iberoamericana deja claro que oficialmente había mucha preocupación por la paralización de la Cámara de Diputados y por las consecuencias que tendría la crisis política en medio de una cumbre que genera la atención mundial en lo que sucede en los días de sesiones de los mandatarios en la República Dominicana.

 

Una solución débil institucionalmente

La última reforma constitucional generó un temor muy grande en los actores políticos sobre las futuras modificaciones a la Constitución, y esa es la razón fundamental por la que nadie aceptó que la crisis se resolviera recurriendo a un cambio de los preceptos constitucionales en materia electoral.

Lo que se hizo fue recurrir a las brechas existentes en la Ley 175-97. La misma Constitución Dominicana habla de las asambleas electorales, pero apenas en su artículo 23 se refiere a la atribución del Senado de “elegir al presidente y demás miembros de la Junta Central Electoral y sus suplentes”. La ambigüedad es obvia, y por eso es posible dividir en dos o en tres las funciones de la Junta Central Electoral.

Las modificaciones serán exclusivamente a la Ley 175-97, lo podría convertirse en una debilidad de los acuerdos. Estará sujeto a reglamentación legal en el Congreso el rol del presidente de la JCE y de los jueces miembros de las dos cámaras, pero todo el mundo conoce el temple del doctor Morel Cerda y no hay dudas de que su vocación será dirigir a los dos organismos y no precisamente al colegio de jueces para la gestión propiamente legal. De donde se puede colegir perfectamente que el doctor Morel Cerda puede resultar con más poder del que tiene en la actualidad, y eso explicaría la protesta del doctor Pina Acevedo.

 

Más poder para Morel Cerda

Un inconveniente que podría surgir tiene que ver con la decisión de los comisionados del Gobierno de conseguir la renuncia de uno de los actuales jueces, probablemente el doctor Rafael Díaz Vásquez, suplente del doctor Morel Cerda en el actual esquema de la JCE. Si el doctor Díaz acoge la sugerencia estaría aceptando que fue una ficha oficial colocada allí para cumplir funciones a control remoto del sector oficial. Si eso no le importa mucho, renunciaría y asumiría sus funciones el suplente Jorge Emilio Méndez Pérez.

La comisión del diálogo tendrá que sugerir los nombres de los dos nuevos miembros del tribunal electoral, o de tres, en el caso de que también se decida que el suplente de Díaz Vásquez también renuncie. La tentación más peligrosa sería acoger nuevamente a militantes políticos como jueces electorales, y ese sentido Núñez Collado debe hilar muy fino para que el diálogo no le vuelva atrás y le quede empantanado en el momento de los detalles, tomando en cuenta que el Senado no tendría inconvenientes en acoger la propuesta que le envíe el presidente Hipólito Mejía.

En estas negociaciones no es posible dividir a los actores entre ganadores y perdedores, pero si hay un actor que sale fortalecido del conflicto, indudablemente es el presidente de la República, quien consigue desactivar un montaje que buscaba deslucir el montaje oficial de la XII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno. No perdamos de vista la posibilidad de que el doctor Morel Cerda se convierta en el presidente de una Junta Central Electoral, de dos cámaras de jueces electorales y de un plenario de nueve jueces, que como se vio en el pasado puede ser tan fácil de controlar como uno de cinco o de siete tribunos.

02 de noviembre 2002