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La
transacción se impondrá La gestión de monseñor
Agripino Núñez Collado podría ser coronada por un éxito parcial, con
la salida que se estaría gestando en las sesiones que han tenido los
convocados y con las otras sesiones más exclusivas entre los grandes
partidos y el Gobierno, al margen de la bendición del rector de la
Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Cualquiera que sea la decisión
que se acuerde en las mesas de negociaciones será bienvenida, y de seguro
traerá sosiego y tranquilidad a los partidos, a la Junta Central
Electoral, al Congreso Nacional, al Gobierno y al país. Aunque Sergio
Grullón Estrella, el representante del Gobierno en el diálogo ha dicho
que los convocados deben abrirse a otro tipo de solución distinto a la
renuncia de los actuales jueces, es obvio que en el ambiente prevalece el
interés por alguna salida alternativa. Ayudará a esa salida la
situación interna en la Junta Central Electoral, que en este momento no
tiene nada de monolítica como en ocasiones anteriores había expresado el
doctor Morel Cerda, presidente del organismo. Incluso, en plan de
sacudirse de la bruma que afecta su nueva gestión, el doctor Morel Cerda
ha pedido que lo dejen trabajar tranquilo en la preparación de las
elecciones presidenciales del 2004. Las posiciones extremistas
siguen vigentes en los sectores más radicalizados. El PLD sigue exigiendo
la renuncia de los siete jueces, lo mismo que el PRSC. Todo el mundo sabe
que esas posiciones encontrarán el punto de equilibrio cuando se pongan
en la balanza con las posiciones del PRD, del Gobierno y del Senado, en el
sentido de que no hay vuelta atrás con la designación de los jueces, y
en particular del doctor Morel Cerda. Cada quien tiene sus cartas
de negociación guardadas bajo la manga, y en esta semana comenzaron a
aparecer algunas. Por lo menos los cuatro nuevos jueces podrían quedar
envueltos en la negociación. Luis Nelson Pantaleón González, Rafaelina
Peralta, Rafael Díaz Vásquez y Nelson Gómez podrían comenzar a desempeñar
otras funciones en el Estado. Al parecer la continuidad en la JCE estará
representada en Salvador Ramos, Luis Arias y Manuel Ramón Morel Cerda,
este último como presidente. La fórmula para desenrollar
este embrollo no está clara, y dependerá fundamentalmente de la decisión
personal de los recién designados jueces, quienes de seguro no querrán
regresar a desempeñar funciones privadas, jurídicas subalternas, de
subsecretario de Salud Pública o como abogado del Estado en Santiago. Reformistas y peledeístas
tendrán que ceder, de su lado, en las exigencias de los perredeístas y
del Gobierno. No se trata de que se modifique nuevamente la Constitución
y bajen el 50% para ganar la presidencia. No. Pero deberán regresar a la
Cámara de Diputados y probablemente acoger, aunque no les guste, la
aprobación de proyectos de leyes y convenios de altísimo interés del
Gobierno para mantener la estabilidad macroeconómica del país y hacerle
frente al complicado contexto internacional. Monseñor Agripino Núñez
Collado es el receptor de muchas confidencias en la actual coyuntura, no
precisamente confesiones para lo que está preparado y protegido, por su
condición sacerdotal, sino porque esta negociación es un simple rejuego
de fuerzas en el que se recibe y se otorga. Y monseñor, quiéralo o no,
está llevando y trayendo propuestas y contrapropuestas, consensuándolas
en la mesa de la PUCMM y en el despacho presidencial del Palacio Nacional. Lo deseable es que haya un
acuerdo y que los participantes del diálogo queden plenamente satisfechos,
y de paso apacigüen en encono del presidente del Senado, Andrés Bautista
García, quien no ha cejado en llamar conspiradores a todos los que buscan
echar atrás la decisión constitucional del Senado. Lo posible será más
adaptado a la realidad. Más transaccional. Lo bueno es que el
protagonismo del diálogo corresponde a los partidos, y son sus líderes
con la bendición de Agripino, los que darán la sanción a la transacción. 26
de octubre 2002 |