La transacción se impondrá
Fausto Rosario - 26 de octubre 2002   

La gestión de monseñor Agripino Núñez Collado podría ser coronada por un éxito parcial, con la salida que se estaría gestando en las sesiones que han tenido los convocados y con las otras sesiones más exclusivas entre los grandes partidos y el Gobierno, al margen de la bendición del rector de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.

Cualquiera que sea la decisión que se acuerde en las mesas de negociaciones será bienvenida, y de seguro traerá sosiego y tranquilidad a los partidos, a la Junta Central Electoral, al Congreso Nacional, al Gobierno y al país. Aunque Sergio Grullón Estrella, el representante del Gobierno en el diálogo ha dicho que los convocados deben abrirse a otro tipo de solución distinto a la renuncia de los actuales jueces, es obvio que en el ambiente prevalece el interés por alguna salida alternativa.

Ayudará a esa salida la situación interna en la Junta Central Electoral, que en este momento no tiene nada de monolítica como en ocasiones anteriores había expresado el doctor Morel Cerda, presidente del organismo. Incluso, en plan de sacudirse de la bruma que afecta su nueva gestión, el doctor Morel Cerda ha pedido que lo dejen trabajar tranquilo en la preparación de las elecciones presidenciales del 2004.

Las posiciones extremistas siguen vigentes en los sectores más radicalizados. El PLD sigue exigiendo la renuncia de los siete jueces, lo mismo que el PRSC. Todo el mundo sabe que esas posiciones encontrarán el punto de equilibrio cuando se pongan en la balanza con las posiciones del PRD, del Gobierno y del Senado, en el sentido de que no hay vuelta atrás con la designación de los jueces, y en particular del doctor Morel Cerda.

Cada quien tiene sus cartas de negociación guardadas bajo la manga, y en esta semana comenzaron a aparecer algunas. Por lo menos los cuatro nuevos jueces podrían quedar envueltos en la negociación. Luis Nelson Pantaleón González, Rafaelina Peralta, Rafael Díaz Vásquez y Nelson Gómez podrían comenzar a desempeñar otras funciones en el Estado. Al parecer la continuidad en la JCE estará representada en Salvador Ramos, Luis Arias y Manuel Ramón Morel Cerda, este último como presidente.

La fórmula para desenrollar este embrollo no está clara, y dependerá fundamentalmente de la decisión personal de los recién designados jueces, quienes de seguro no querrán regresar a desempeñar funciones privadas, jurídicas subalternas, de subsecretario de Salud Pública o como abogado del Estado en Santiago.

Reformistas y peledeístas tendrán que ceder, de su lado, en las exigencias de los perredeístas y del Gobierno. No se trata de que se modifique nuevamente la Constitución y bajen el 50% para ganar la presidencia. No. Pero deberán regresar a la Cámara de Diputados y probablemente acoger, aunque no les guste, la aprobación de proyectos de leyes y convenios de altísimo interés del Gobierno para mantener la estabilidad macroeconómica del país y hacerle frente al complicado contexto internacional.

Monseñor Agripino Núñez Collado es el receptor de muchas confidencias en la actual coyuntura, no precisamente confesiones para lo que está preparado y protegido, por su condición sacerdotal, sino porque esta negociación es un simple rejuego de fuerzas en el que se recibe y se otorga. Y monseñor, quiéralo o no, está llevando y trayendo propuestas y contrapropuestas, consensuándolas en la mesa de la PUCMM y en el despacho presidencial del Palacio Nacional.

Lo deseable es que haya un acuerdo y que los participantes del diálogo queden plenamente satisfechos, y de paso apacigüen en encono del presidente del Senado, Andrés Bautista García, quien no ha cejado en llamar conspiradores a todos los que buscan echar atrás la decisión constitucional del Senado.

Lo posible será más adaptado a la realidad. Más transaccional. Lo bueno es que el protagonismo del diálogo corresponde a los partidos, y son sus líderes con la bendición de Agripino, los que darán la sanción a la transacción.

26 de octubre 2002