![]() |
![]() |
|
|
|
El
absurdo de la revista de vehículos Apenas
hube entrado de lleno en la Churchill cuando el agente policial me hizo
insistente señales para detenerme, cosa que hice atendiendo el llamado,
mientras me preguntaba qué habría hecho mal como para ser requerido por
la autoridad. Con
toda parsimonia y con esa sonrisa del que se siente amparado por la ley y
los derechos, fui entregándole al agente los papeles que me pedía.
Primero la licencia, luego la matrícula y el seguro. Todo al día y sin
arruga. A
esa altura del interrogatorio pensé que aquel policía era un superdotado
y me preguntaría cómo llevaba ese niño tan pequeño sentado en un asiento
delantero. Lo ví girar por el frente del vehículo y abordarme a
continuación con una sonrisa de vencedor: y qué de la revista, preguntó. Como
si hubiera ensayado aquella situación, le respondí sin titubeo: oiga
comandante, parece mentira que un agente tan diligente como usted, no
conozca suficientemente la ley de tránsito. ¿Usted no sabe que esa ley
establece que los carros no requieren revista hasta que pasan de los cinco
años y que éste que usted está viendo no ha cumplido el primero, como
puede comprobar en la matrícula? Avergonzado,
el policía de tránsito me devolvió mis documentos mientras me
felicitaba por ser un ciudadano dotado de todos los papeles del conductor
y además por dominar de esa manera la ley 241. Durante
muchos sábados no se me ocurrió cruzar por aquella confluencia, temiendo
que aquel agente habría consultado si la ley de tránsito tenía esa
previsión y que me acecharía para vengarse del engaño. La
realidad es que me cuento entre los privilegiados que suelen andar en
automóviles confortables. De los que no dejan a uno en medio de la calle.
Y acostumbro darle mantenimiento. El de la historia era en realidad
nuevecito. El primer Acura Integra que llegó el país y que los muchachos
los mecánicos y los policías gustaban observar minuciosamente. En
Estados Unidos había ganado premios y sin ser de lujo ni de los más
caros, era funcional y eficiente. ¿Por
qué tendría que ir a tránsito terrestre para que "le pusieran la
revista"? Sobre todo porque la tal revista cuando "la pasan"
se limita a ver si enciende las luces, tiene una goma de repuesta y un trángulo
refractivo. Siempre
me ha parecido que la tal revista es uno de los mayores absurdos que
sufrimos. Sobre todo cuando uno ve tantos "anafes" o "cacharros"
de todas las marcas en circulación . Si la revista fuera revisión, miles
de ellos irían a parar a los hornos de Metaldom. En
cualquier caso la ley debería establecer, como en otros países, que
hasta los 5 años o determinada cantidad de kilómetros corridos los vehículos
no requieren someterse a la revisión, como forma de racionalizarla. De
entrada se disminuye drásticamente la cantidad de solicitantes y se puede
realizar una real revisión en aquellos vehículos que sí la requieren. La
práctica indica que la revista es un relajo, porque ni siquiera puede
justificarse como recaudación, pues lo que el Estado percibe es menor que
el costo del marbete más el personal, los establecimientos y los equipos
que se requieren para esa tarea. Y de ser un impuesto, lo que correspondería
sería facilitar su pago, hasta por teléfono. Imponer
a miles de personas madrugar y gastar ocho y hasta 14 horas para sacar la
revista es de los absurdos más graves de nuestros días. Sobre todo
porque en las aglomeraciones el papelito se facilita tanto que en muchas
empresas se entregan al por mayor. Las
energías de la Autoridad Metropolitana del Transporte, comenzando por las
de su jefe, deberían emplearse en la persecución de los violadores de
semáforos, de quienes no respetan ninguna norma, de los que circulan en
carriles contrarios, de los que invaden las áreas peatonales y se
estacionan en las aceras. Por
demás, incautar vehículos por la falta de la revista es un abuso
desproporcionado, una reminicencia del autoritarismo que todavía carcome
el alma de tantos dominicanos y dominicanas.- 25
de octubre 2002 |