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El
Dialogo: Temores y Expectativas De manera oportuna e
inteligente, el Presidente de la República convoca la realización de un
diálogo, con la participación de representantes de las fuerzas políticas
mas importantes y las sociales mas significativas, atendiendo al reclamo
que en ese sentido habían formulado distintas organizaciones y
personalidades, en búsqueda de alguna solución al problema surgido por
la designación unilateral de los miembros de la Junta Central Electoral,
que ya había producido el enfrentamiento del gobierno con amplios
sectores de la sociedad, con los partidos de la oposición, así como el
distanciamiento con uno de éstos partidos, que había sido un virtual
socio, y el acercamiento de los dos partidos opositores, antes distantes.
Sin embargo, aunque el reclamo había surgido por el problema de la
designación de los miembros de la Junta, este tema no apareció como
motivo principal de la convocatoria. Es mas, el Presidente de la República
señaló recientemente que cuando pensó en la convocatoria al diálogo no
tenía a la Junta Central Electoral en la mente. El tema principal por el
que se reclamaba la necesidad del diálogo no era estimado por el
convocante lo suficientemente importante para que fuera el principal tema
o, al menos, uno de los temas a discutir. Hecha la convocatoria y
realizada la primera reunión, las organizaciones participantes parecen
que han entendido que el
primer punto del diálogo debe ser, precisamente, la solución del
problema de la Junta Central Electoral. Y así tiene que ser. ¿ Cómo es
posible pensar que en estos momentos las fuerzas políticas y sociales
convocadas podrán abordar y ponerse de acuerdo respecto a otros grandes
problemas nacionales sin resolver éste que ha creado tan serios
enfrentamientos y distanciamientos?. Así mismo lo ha entendido el
coordinador del diálogo, Monseñor Agripino Núñez Collado. Consideramos,
no obstante, que la JCE debe ser el primer punto a debatir y resolver,
pero no el único. Agotado y resuelto este tema, dotando a la Junta
Central Electoral de la legitimidad requerida en un organismo de esta
naturaleza, además de su legalidad, entonces las fuerzas y organizaciones
participantes en el diálogo deberán tratar de lograr acuerdos básicos
sobre la forma de enfrentar los grandes problemas nacionales. Sin
pretender llegar a la elaboración de un Plan Nacional de Desarrollo,
deberá lograrse un acuerdo,
al menos, respecto a unas líneas estratégicas para el desarrollo
nacional o un plan mínimo para el fortalecimiento de la gobernabilidad.
Lo que no puede ser el diálogo es un recurso para desactivar el rechazo a
la designación de los jueces de la Junta por la forma en que fue hecha,
lograr la integración de los legisladores a los trabajos del Congreso
Nacional o que dar la impresión de una total armonía social y política
porque se está en un diálogo nacional cuando los Presidentes y Jefes de
Gobierno se reúnan en nuestro país el
próximo mes de Noviembre. Las experiencias de viejos
y recientes diálogos y acuerdos no presagian nada positivo. Incluso el
mismo Presidente de la República dijo que a este le puede pasar lo que le
ha pasado a otros: que quienes deben asumir y ejecutar los acuerdos son
los primeros en rechazarlos. Para evitar esto, y con ello nuevamente otra
frustración, el primer acuerdo de este diálogo debiera ser respetar y
ejecutar lo acordado. 24
de octubre 2002 |