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La
moderación derrotada Aún reconociendo que, en
el fondo, la política es la lucha por el poder, y que en esa lucha hay
situaciones tan difíciles que pueden llegar hasta la violencia, se ha
dicho que la política es mas un arte que una ciencia, queriendo decir con
esto que quienes se dedican a esta actividad humana deben hacerlo
evidenciando poseer cualidades que les permitan
realizar lo que es posible, o probable, logrando atraerse la
voluntad de los demás por la persuasión y no por la imposición. La
actividad política obliga a que se utilicen maneras que tienen que ver
con el buen hacer y el buen decir en la búsqueda del éxito, que no deben
apartarse de las normas socialmente aceptadas en el comportamiento humano,
incluyendo el de los políticos. Sin embargo, últimamente hemos visto
como se ha extendido, desde la máxima autoridad del Estado a todos los
demás ámbitos del poder, un decir y un hacer en los que ha tenido cabida
la rudeza sobre la delicadeza, la truculencia en vez de la moderación, la
imposición sobre la concertación y la prepotencia en vez de la humildad.
Al leer los periódicos pareciera que hay un pugilato diario para ver quién
es capaz de expresar la insensatez o truculencia mayor. Frente a las críticas, reclamos, y hasta propuestas,
determinadas autoridades responden con la amenaza o la descalificación de
la persona que las formulan. No se trata de ver el mérito de lo expresado,
o el derecho que tiene la persona de hacerlo. El rechazo a lo que ha sido
formulado se manifiesta en la descalificación a la persona, no a sus
argumentos, llegándose a calificar de atrevimiento o insolencia lo que ha
sido, simplemente, el ejercicio de un derecho en la democracia sobre una
persona que detenta una autoridad delegada, que es nuestro representante.
Cuando el reclamo es para que se proceda conforme a la legitimidad en la
democracia, haciendo ver la necesidad de observar valores y principios que
otorgan legitimidad a la legalidad, la defensa viene entonces en la forma
de “la justificación del canalla”: se pretender justificar lo que se
hace porque otros antes lo hicieron. Así, una travesura sufrida quiere
ser la justificación de la que se hace ahora, olvidando que la realización
de una acción que no es correcta, o una travesura política, porque otros
las hicieron, lo que nos hace es ser como los otros, no diferentes, ni
mucho menos mejores. Hemos visto, además, cada vez con mayor frecuencia,
denuncias temerarias, violaciones de acuerdos, ataques despiadados en
medio de unas negociaciones, declaraciones reiteradas de autoridades,
incluyendo al Presidente de la República, colocándose por encima de la
ley. También las maniobras para evitar que se tomen algunas decisiones y
la resistencia a la ejecución de decisiones ya tomadas. A nivel
social, padecemos el incremento de la violencia doméstica y la
inseguridad ciudadana, como otra muestra mas del dominio que ha venido
tomando la intolerancia. La resiente convocatoria a un diálogo, sin agenda, ni
siquiera el punto principal que motivó a distintos sectores a reclamarlo,
pudiera ser el inicio de una actitud de mayor apertura y
reconocimiento de que otra debe ser la tónica del debate. O pudiera ser
tan solo un recurso para
desmotar la protesta, abrir fisuras y ganar tiempo. El tiempo nos lo dirá.
17
de octubre 2002 |