El diálogo político requiere moderación y transacciones
Juan Bolívar Díaz - 17 de octubre 2002

La posición de los reformistas, de la Iglesia Católica y otros sectores habría determinado la convocatoria a diálogo del Presidente Mejía

Tanto el gobierno como los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil tendrán que hacer un esfuerzo de moderación y conciliación para que el dialogo nacional a iniciarse el lunes encuentre un ambiente propicio a los acuerdos que pongan límites a los enfrentamientos que afectan a la nación.

Por más que el sector gubernamental lo cuestione es indudable que la constitución de la Junta Central Electoral (JCE) será el tema fundamental de las conversaciones, aunque puedan introducir algunos otros, sin demasiado ambiciones que hagan inmanejable y muy extenso el esfuerzo de concertación.

En lo inmediato la oposición deberá encontrar alguna forma de corresponder el gesto de conciliación implícito en la convocatoria al diálogo por parte del Presidente de la República, a quien corresponde asumir el papel de estadista por encima de los intereses grupales para garantizarse un clima más apto a la gobernabilidad en momentos de serias dificultades económicas.

Posiciones determinantes

La convocatoria al diálogo la noche del martes 15 formulada mediante declaración escrita del presidente Hipólito Mejía sorprendió a la nación en momentos en que el mandatario aparecía beligerante en el conflicto originado por la elección de los jueces electorales.

En el mismo texto se identifican los sectores que fueron determinantes en el paso conciliatorio del primer mandatario: el Partido reformista y la Iglesia Católica, que al comenzar la semana reiteraron la necesidad de que el gobierno y su partido pongan atención a los reclamos del resto de la comunidad política y social.

En la mañana del lunes se publicó un comunicado firmado por el Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado Dominicano donde daba pleno apoyo a los pronunciamientos del cardenal Nicolás López Rodríguez y de otros obispos, así como el nuncio papal Thimoty Broglio que habían reclamado consenso políitico para la integración de la JCE.

El comunicado asumía como propio de todos los obispos los pronunciamientos citados y advertía que aunque el Senado es el facultado para elegir los jueces electorales debía estar "abierto a las voces de la sociedad y de la ciudadanía que lo eligió y le confió ese derecho y deber".

Indicaba a continuación que "los obispos dominicanos hemos expresado el profundo deseo de la presencia en la Junta Central Electoral de una amplia representación de las varias corrientes de opinión del pueblo dominicano, como en cualquier otro organismo judicial del Estado, para una mayor garantía de credibilidad y confiabilidad de los dominicanos al juzgar las elecciones y dar sus resultados".

Debe advertirse que este comunicado fue máas moderado que la posición expresada tanto por el Cardenal López Rodríguez como por otros obispos, desde antes de que se produjera la elección. El arzobispo de Santo Domingo llegó a advertir al Senado que si escogía los jueces unilateralmente tendríia que "abstenerse a las consecuencias". Con posterioridad a la elección y hasta esta semana pidió la renuncia de los designados como forma de abrir paso al consenso.

Sorpresa reformista

Hay indicadores de que la fortaleza con que se han manifestado los reformsitas en el conflicto por la JCE ha causado sorpresa en el gobierno. Algunos alegan que hasta disgusto, porque se creía que algunas chivas estaban más amarradas de lo que ha resultado.

Al comenzar la semana el presidente del PRSC, Rafael Bello Andino, apareció en rueda de prensa demandando al gobierno una rectificación sobre la JCE, especificamente pidiendo al presidente Mejía que asuma el rol de mediador y convoque un diálogo entre los sectores involucrados.

El martes el bloque de diputados reformistas ratificó su ausencia del Congreso, inmpidiendo nuevamente, junto a sus colegas peledeístas, la sesión de la cámara baja. No se produjeron las deserciones que se esperaban por una u otra razón. Y hasta la presidenta de la cámara, Rafaela Alburquerque, a quien se situúa en los máximos niveles de colaboración con el presidente Mejía, pidió la intervención de éste para alcanzar algún nivel de acuerdo.

Fuentes reformistas aseguran que el mandatario se habría reunido la noche del lunes con Bello Andino, Joaquín Ricardo y Aníbal Páez, cabezas del sector colaboracionista denominado "la casa", aludiendo a los herederos políticos directos del desaparecido caudillo Joaquín Balaguer. Allí habrían explicado las presiones generalizadas del partido para mangtener la distancia con el gobierno después de la elección de los jueces electorales.

De cualquier forma la respuesta convocatoria al diálogo del presidente Mejía comienza expresando que recibió "con agrado la propuesta pública que me hace el Partido Reformista a través de su presidente Rafael Bello Andino, para que auspicie un diálogo nacional en el que participe toda la comunidad política, el gobierno, la sociedad civil y el sector productivo, con la mediación de la Iglesia Católica y las demás iglesias cristianas existentes en el país".

En otro párrafo vuelve a aludir a la propuesta del PRSC, sin referirse a la que en términos similares habían formulado el senador José Tomás Pérez del Partido de la Liberación Dominicana y diversos sectores sociales. En otras palabras, que el agrónomo Mejía importantizó por encima de todo la petición del PRSC, con lo que de paso seguía minusvaluando al principal partido de oposición.

Acercamiento PLD-PRSC

Hay quienes creen que uno de los factores que impulsó al presidente Mejía fue la comprobación de que el enfrentamiento por la JCE estaba impulsando un acercamiento acelerado entre reformistas y peledeístas, lo que sería una cuestión seria de cara a una próxima elección presidencial que demandaría una segunda vuelta.

En fuentes perredeístas se cree que a ese convencimiento habría contribuído un encuentro sostenido entre el presidente Mejía y el presidente del partido, Hatuey de Camps, quien tendría razones adicionales para no simpatizar con la línea de imposición impulsada por sus contradictores del Proyecto Presidencial Hipólito, mejor conocido como PPH.

Un alto dirigente reformista, de los que más posibildiades tiene de encarnar la candidatura presidencial colorada comentó que en dos o tres semanas la crisis post elección de la JCE había logrado borrar todos los resentimientos que en el ámbito reformista generó el gobierno del PLD.

Para este mismo dirigente, la situación obligaba al gobierno perredeísta a una rápida rectificación, ya que mientras más tiempo transcurriera en el enfrentamiento, peor serían las consecuencias para los gobiernistas, porque el espacio para el colaboracionismo se había reducido.

No negaba la posibilidad de que el régimen lograra "conquistar" tres o cuatro legisladores reformistas a través de "la casa" o por medio de Amable Aristy, desesperado por garantizarse su continuidad en la Liga Municipal. Pero en ese caso el remedio sería peor que la enfermedad en términos de la reacción de las bases y los dirigentes reformistas que aspiran a mantener su partido como una opción.

También habría contribuido a la decisión gubernamental la reunión sostenida el mismo martes por el bloque de los diputados peledeistas con el Cardenal López Rodríguez y encuentros de influyentes empresarios con jerarcas católicos que se habían traducido en sugerencias al mandatario para que pusiera límites al enfrentamiento.

Perspectiva desalentadora

Las perspectivas de un diálogo exitoso son tan poco alentadoras que la opinión pública ha acogido el llamado con reservas, se diría que hasta con poco entusiasmo, sin faltar quienes ponen en duda la sinceridad de la convocatoria.

Pero lo que más reservas produce es la radicalización de los protagonistas fundamentales. En el Senado y en la JCE pretenden que no hay no que tocar el tema de los jueces electorales, que todo está consumado, con lo cual el diálogo sobra. En sectores de oposición, particularmente en el PLD, concluyeron la semana barajando públicamente nombres de candidatos para sustituir el pleno de los jueces electorales.

Lo que parece haber ganado más espacio es la propuesta reformista de dividir las funciones admnistrativas de las contenciosas en materia electoral, instituyendo un tribunal electoral, que al mismo tiempo permitiera neutralizar el peso gobiernista en el arbitraje de elecciones. La propuesta, que resucita una reforma demandada en el pasado, ha sido vista con simpatía en ámbitos de la sociedad civil y ha tenido públicamente el aval de dirigentes perredeístas como Enmanuel Esquea.

La mayor dificultad es que la misma entraña una nueva reforma constitucional, ya que el título X de la Constitución, referente a las asambleas electorales, consigna que "las elecciones serán dirigidas por una Junta Central Electoral y por juntas dependientes de ésta, las cuales tienen la facultad para juzgar y reglamentar de acuerdo con la ley". Ya un sector perredeista sugirió que se volviera a la reforma constitucional para insistir en la reducción del porcentaje para elegir el presidente de la República.

Extensión de la agenda

Tras convocar al inicio del diálogo el próximo lunes, el eterno mediador en las disputas y discordias políticas nacionales, Monseñor Agripino Núñez Collado, ha enfatizado en la necesidad de que los diversos sectores vayan "en actitud de apertura, flexibilidad, sin prejuicios ni situaciones de fuerza".

El primer problema a confrontar será la agenda. Ya el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) ha propuesto que se incluya el presupeusto del próximo año, el problema de la energía elécrica y otros aspectos económicos. Otros sectores favorecen que se considere un plan de contingencia ante las posibilidades de nuevas alzas del costo del petróleo en la eventualidad de una guerra internacional.

Una agenda muy ambiciosa podría ser contraproducente, pues alejaría las posibilidades de acuerdos y obligaría a múltiples consultas que los dificultarían.

No faltan quienes temen que se repita la frustración del último intento formal de diálogo que involucró a los partidos mayoritarios, efectuado en 1997 con la mediación de Monseñor Núñez Collado y en la misma Universidad Católica Madre y Maestra.

La extensión de la agenda conllevó numerosas sesiones de trabajo, en las que cada vez más los representantes del gobierno (entonces del PLD) se mostraban apáticos y prepotentes. Hasta que un día el PRD rompió aburptamente el proceso. La misma noche el presidente Leonel Fernández convocó el "Diálogo Nacional", que quedó cojo por la negativa del perredeísmo a participar.-

17 de octubre 2002