La Sociedad Civil en la mirilla
Fausto Rosario - 12 de octubre 2002   

Se ha reiniciado, ahora con nuevos actores sociales y políticos, la vieja campaña que pretende contraponer a los partidos políticos, especialmente al gobernante, contra las organizaciones sociales y políticas no partidistas que buscan contribuir al fortalecimiento democrático dominicano sin asumir una de las banderas que representan al espectro electorero.

El momento escogido para esta nueva fase de la campaña contra la sociedad civil se explica con una mirada simple al contexto nacional: La nueva Junta Central Electoral es motivo de discordia, igual que en 1998. Vuelven a juntarse el PLD y el PRSC para reclamar equilibrio en la composición del tribunal. Se retiran del Senado y la Cámara de Diputados todos los congresistas de la oposición. Los partidos opositores amenazan con retirar a sus delegados del tribunal electoral. Recientemente se aprobó, con el rechazo del PLD, una reforma constitucional que permite la reelección presidencial. Está pendiente de aplicarse el voto de los dominicanos en el exterior y está pendiente la renovación de las juntas electorales municipales.

Las organizaciones de la sociedad civil han jugado un papel dinámico y positivo en la consolidación de las instituciones de la democracia dominicana. El ejemplo más elocuente es, precisamente, el electoral. Las tres elecciones que se produjeron entre 1986 y 1994 fueron el detonante para que profesionales sin partidos, intelectuales, centros académicos, grupos empresariales y personas bien intencionadas de las más variadas procedencias sociales se juntaran y estructuran varias organizaciones con vocación política no partidista, entre ellas el movimiento cívico Participación Ciudadana, surgido en octubre de 1993.

La primera gran acción de Participación Ciudadana fue el sometimiento a la justicia de los miembros de la Junta Central Electoral que organizaron el trauma de las elecciones de 1994, y que llevaron al país a una de sus más graves crisis política, precisamente por el fraude que se cometió en ese proceso. Se reformó la Constitución de la República y se inició un fortalecimiento del movimiento político y social independiente de los partidos y una vocación más firme del sector empresarial y los centros académicos para asumir las cuestiones políticas como parte de sus preocupaciones.

Si el sistema electoral dominicano ha mejorado en los últimos años se le debe, en buena medida, a la sociedad civil. Se modificó la ley electoral y el país ganó, y los procesos electorales de 1996, 1998 y del 2000 fueron ejemplares. Los partidos políticos entendieron que la sociedad civil no pretendía competir con ellos en la búsqueda de votos, y que más bien eran aliados, y así lo demuestran las elecciones relaciones de cooperación que entre los partidos y los movimientos sociales mantienen.

Claro existen diferencias, y que incluso algunas organizaciones han dado demostraciones de excesiva apertura al designar a dirigentes políticos en sus direcciones ejecutivas, como ha sido el caso de la Fundación Institucionalidad y Justicia. Pero los directivos designados han pertenecido a organizaciones partidarias diferentes, lo que habla muy bien de sus juntas directivas.

La sociedad civil también ha sido protagonista en el proceso de reforma judicial dominicana, y ha contribuido extraordinariamente en la socialización de los conceptos participativos, lo que permite que haya más ciudadanos y ciudadanas que se interesen por los temas del país sin necesidad de inscribirse en los partidos. Desde la sociedad civil no se estimula el antipartidismo, más bien se le gestionan apoya para fortalecer su democracia interna.

El trabajo educativo de la sociedad civil ha sido igualmente valioso, al colocar, por ejemplo, en los procesos electorales más 50 mil personas como observadoras nacionales en las mesas de votación, lo que ha reducido y casi eliminado la presencia de observadores internacionales.

La sociedad civil ha realizado una gran labor y merece seguirla haciendo, aunque en la búsqueda de sus objetivos haya cometido errores, como los han cometido los partidos, las instituciones públicos y privadas y los que reclaman que ahora la sociedad civil asista a las elecciones a buscar votos. Eso no será posible.

12 de octubre 2002