Hipólito, desbordado
Fausto Rosario - 05 de octubre 2002   

La impresión que está dejando la política oficialista, en su esplendor más eficiente con la designación de los jueces de la Junta Central Electoral, es de que no es necesario concertar nada, ni siquiera la gobernabilidad y la estabilidad política del país para los próximos dos años, pese a los terribles conflictos internacionales que nos acechan y que podrían requerir del Gobierno que salga a la calle a pedir el apoyo de la oposición política.

El escaso pudor que han reflejado las autoridades políticas del Gobierno y del Congreso se refleja en el tono de las respuestas que han dado el presidente Hipólito Mejía al retiro de los legisladores opositores del Senado y de la Cámara de Diputados y a las respuestas que han dado Andrés Bautista, Papo Luna y Cesar Augusto Matías a la sociedad civil, a la Iglesia y al propio nuncio apostólico, que no han podido ser más destempladas e inconsistentes.

Uno esperaba una reacción más política e inteligente a la demanda de consenso para la designación de la nueva Junta Central Electoral. Respuestas políticas las había, y de sobra. Pero el poder se ha sobrepuesto sobre el liderazgo del Gobierno y del Congreso, y el coro oficial pareciera salir a la calle a pedir a gritos la salida al ring de los contendientes, para propinarles nuevamente, ahora fuera del ámbito electoral, otra derrota a la impertinencia de la oposición, la sociedad civil, las iglesias y el empresariado.

Es lamentable el tono de la reacción, y resulta imprudente si observamos que en algún momento el Partido Revolucionario Dominicano y el Gobierno tendrán que recurrir a la oposición, para garantizar la gobernabilidad y la estabilidad política y económica, tomando en cuenta el terrible panorama internacional, que parece no tener otro camino que la confrontación en el Medio Oriente.

El secretario de Finanzas, José Lois Malkun, ya lo dijo hace tres semanas: si el precio del petróleo se colocara por encima de los 35 dólares el barril habría que declarar en estado de emergencia la economía nacional. Esa posibilidad no está muy lejos, y sería muy difícil para el Gobierno declarar en emergencia la economía nacional si no contara con la comprensión de la oposición y del Congreso Nacional, especialmente de la Cámara de Diputados, que cuenta con más del 50% de los componentes de ese hemiciclo.

Ese es sólo un escenario complicado. En el caso de que no fuera ese el panorama, y que todo marchara como hasta ahora, habría que pensar en una estrategia política del PRD y del Gobierno para evitar que ocurra lo que siempre se quiso evitar: que coincidieran en posiciones políticas el Partido de la Liberación Dominicana con el Partido Reformista Social Cristiano.

Ya la inconsecuencia del Senado juntó en una misma causa a reformistas y peledeístas, con el inconveniente para Hipólito Mejía de que la última encuesta de Penn & Schoen le da una ventaja de por lo menos 5 puntos porcentuales al PLD por encima del PRD en simpatías electorales, algo que pocas veces había ocurrido desde el nacimiento del partido morado en 1973.

El mismo desbordamiento que ha juntado al PLD y al PRSC es lo que motivó que en las elecciones de medio término el PRD rompiera la alianza que había formalizado con casi una docena de organizaciones políticas, que podían sumar pocos votos pero tenían la capacidad de sumar muchas voces. Es en ese contexto que el partido de Gobierno se ha ido colocando poco a poco en una condición especial, de partido solitario.

Si a ello le sumamos las diferencias internas que separan a la presidencia del PRD, en la persona de Hatuey Decamps, del conglomerado oficialista, podríamos decir que en este momento el Gobierno está afectado por una borrachera de poder que le impide ver más allá de sus narices el profundo deterioro en que va cayendo, en imagen pública como en proyección esperanzadora.

Si analizamos los últimos períodos gubernamentales veremos cómo después de la mitad del  Gobierno se inicia un proceso de deterioro que nadie consigue ver desde el poder. Si esto le pasa al PRD ahora no sería un desastre tan grande, porque es lo mismo que ocurrió al pasado Gobierno y que le permitió al PRD ganar las presidenciales en la primera vuelta. Ojalá encuentren el rumbo.

05 de octubre 2002