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Hipólito,
desbordado La impresión que está
dejando la política oficialista, en su esplendor más eficiente con la
designación de los jueces de la Junta Central Electoral, es de que no es
necesario concertar nada, ni siquiera la gobernabilidad y la estabilidad
política del país para los próximos dos años, pese a los terribles
conflictos internacionales que nos acechan y que podrían requerir del
Gobierno que salga a la calle a pedir el apoyo de la oposición política. El escaso pudor que han
reflejado las autoridades políticas del Gobierno y del Congreso se
refleja en el tono de las respuestas que han dado el presidente Hipólito
Mejía al retiro de los legisladores opositores del Senado y de la Cámara
de Diputados y a las respuestas que han dado Andrés Bautista, Papo Luna y
Cesar Augusto Matías a la sociedad civil, a la Iglesia y al propio nuncio
apostólico, que no han podido ser más destempladas e inconsistentes. Uno esperaba una reacción más
política e inteligente a la demanda de consenso para la designación de
la nueva Junta Central Electoral. Respuestas políticas las había, y de
sobra. Pero el poder se ha sobrepuesto sobre el liderazgo del Gobierno y
del Congreso, y el coro oficial pareciera salir a la calle a pedir a
gritos la salida al ring de los contendientes, para propinarles nuevamente,
ahora fuera del ámbito electoral, otra derrota a la impertinencia de la
oposición, la sociedad civil, las iglesias y el empresariado. Es lamentable el tono de la
reacción, y resulta imprudente si observamos que en algún momento el
Partido Revolucionario Dominicano y el Gobierno tendrán que recurrir a la
oposición, para garantizar la gobernabilidad y la estabilidad política y
económica, tomando en cuenta el terrible panorama internacional, que
parece no tener otro camino que la confrontación en el Medio Oriente. El secretario de Finanzas,
José Lois Malkun, ya lo dijo hace tres semanas: si el precio del petróleo
se colocara por encima de los 35 dólares el barril habría que declarar
en estado de emergencia la economía nacional. Esa posibilidad no está
muy lejos, y sería muy difícil para el Gobierno declarar en emergencia
la economía nacional si no contara con la comprensión de la oposición y
del Congreso Nacional, especialmente de la Cámara de Diputados, que
cuenta con más del 50% de los componentes de ese hemiciclo. Ese es sólo un escenario
complicado. En el caso de que no fuera ese el panorama, y que todo
marchara como hasta ahora, habría que pensar en una estrategia política
del PRD y del Gobierno para evitar que ocurra lo que siempre se quiso
evitar: que coincidieran en posiciones políticas el Partido de la
Liberación Dominicana con el Partido Reformista Social Cristiano. Ya la inconsecuencia del
Senado juntó en una misma causa a reformistas y peledeístas, con el
inconveniente para Hipólito Mejía de que la última encuesta de Penn
& Schoen le da una ventaja de por lo menos 5 puntos porcentuales al
PLD por encima del PRD en simpatías electorales, algo que pocas veces había
ocurrido desde el nacimiento del partido morado en 1973. El mismo desbordamiento que
ha juntado al PLD y al PRSC es lo que motivó que en las elecciones de
medio término el PRD rompiera la alianza que había formalizado con casi
una docena de organizaciones políticas, que podían sumar pocos votos
pero tenían la capacidad de sumar muchas voces. Es en ese contexto que el
partido de Gobierno se ha ido colocando poco a poco en una condición
especial, de partido solitario. Si a ello le sumamos las
diferencias internas que separan a la presidencia del PRD, en la persona
de Hatuey Decamps, del conglomerado oficialista, podríamos decir que en
este momento el Gobierno está afectado por una borrachera de poder que le
impide ver más allá de sus narices el profundo deterioro en que va
cayendo, en imagen pública como en proyección esperanzadora. Si analizamos los últimos
períodos gubernamentales veremos cómo después de la mitad del
Gobierno se inicia un proceso de deterioro que nadie consigue ver
desde el poder. Si esto le pasa al PRD ahora no sería un desastre tan
grande, porque es lo mismo que ocurrió al pasado Gobierno y que le
permitió al PRD ganar las presidenciales en la primera vuelta. Ojalá
encuentren el rumbo. 05
de octubre 2002 |