Un error del PRD
Fausto Rosario - 28 de septiembre 2002   

La designación de la Junta Central Electoral al margen del consenso tendrá consecuencias inmediatas para el Gobierno, el Partido Revolucionario y para el propio organismo electoral, los cuales tendrán que resignarse, respectivamente, a una erosión de la gobernabilidad política, un deterioro de su capacidad de negociación y una pérdida de su imagen de neutralidad para administrar el próximo proceso electoral.

Ahora sin justificación, el PRD tomó la misma decisión que en el segundo semestre de 1998 cuando designó una JCE unilateralmente, como respuesta a la acción del Gobierno de Leonel Fernández de quitarle la presidencia de la Cámara de Diputados y de colocar adherentes del Partido de la Liberación Dominicana en la Cámara de Cuentas.

La lectura del escenario nacional resulta, en este momento, de mucha preocupación para los actores políticos, con la sola exclusión del PRD, pues está a la vista un proceso electoral arbitrado por una JCE sin el consenso ni la confianza generalizada, algo realmente imprescindible en cualquier contienda electoral. En ese contexto debe incluirse la reforma constitucional con la reelección presidencial y el dominio casi absoluto del PRD sobre los poderes del Estado.

El PRD está demostrando, con la última decisión, su rechazo a la búsqueda de consenso político sobre temas fundamentales, y está mostrando una voracidad más allá de lo prudente en relación con la composición de las instituciones del Estado. Y no es que rechace las propuestas de los partidos opositores, algo normal y hasta razonable, sino está rechazando la posibilidad de un entendimiento con organismos de la sociedad civil con capacidad de diálogo mucho más allá que los partidos políticos.

Pareciera que el ejercicio del poder está impidiendo al PRD y al Gobierno ver más allá de sus narices, porque están permitiendo que se produzca un aislamiento en su relación con la sociedad. Rechazan el diálogo, evitan la transacción y al tomar decisiones se imponen a fuerza de mayoría. Es la lectura que se hace desde una población que transita entre propuestas políticas que no tienen mucha sustentación en las ejecuciones gubernamentales.

Eso es lo que explica que la encuesta Penn & Schoen-El Caribe haya mostrado que el 69% de la población percibiera que el Gobierno iba por mal camino. Ese solo dato debía sugerirle al PRD y al Gobierno un cambio en su relación con la sociedad. Estamos en un momento especial, en el que mucha gente que simpatizaba y votaba por Balaguer está replanteándose su decisión, ahora sin el caudillo. Leonel Fernández es un político atractivo para esa gente, como lo es para la clase media castigada por el Gobierno con la decisión de aumentar los precios de la energía eléctrica, sin importar la irracionalidad de la medida.

Sobre la JCE vendrán desafíos importantes. De los siete jueces designados cinco son acusados de tener vínculos con el partido blanco y una con el Partido Reformista. El magistrado Roberto Leonel Rodríguez Estrella, ratificado el jueves por el Senado, decidió renunciar irrevocablemente precisamente para darle mayor fuerza al cuestionamiento de la falta de consenso en la designación. Rodríguez no tenía otra salida, sobre todo porque su designación inicial en 1999 se debió a la sugerencia del Partido de la Liberación Dominicana.

Aunque ha dado una demostración de fuerza, el PRD ha errado en este paso, porque se aisla de instancias de la sociedad con las que convivía desde la oposición y porque no percibe que la erosión del poder está afectando seriamente una de sus grandes virtudes históricas: la concertación y la negociación con fuerza sociales y políticas de la más variada gama, con las que aislaba a las fuerzas gubernamentales que le adversaban.

28 de septiembre 2002