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El
tiempo de Milagros Ortiz Bosh El Partido Revolucionario
Dominicano (PRD) deberá levantar sus antenas y evaluar las consecuencias
políticas de las decisiones del Gobierno sobre el tema energético,
especialmente frente a los sectores de clase media, a los que resulta tan
atractivo el discurso del ex presidente Leonel Fernández. Esta misma
semana la encuesta Penn & Schoen acaba de revelar, por primera vez en
diez años, que como partido el PLD está por encima del PRD con por lo
menos un 5%. Las decisiones del
presidente Hipólito Mejía en materia económica, reduciendo el gasto público,
restringiendo el circulante y aumentando el precio de la energía
evidencian no sólo su gran valentía, sino la verdad de su reiteración
de que no será candidato presidencial a la reelección. Además, no es lógico
pensar que Mejía estaría interesado en buscar su repostulación si ha
sido tan frontal contra los más variados actores sociales, políticos y
económicos, incluyendo a personalidades dentro de su propio partido. Por eso, el PRD está
obligado a mirar hacia Milagros Ortiz Bosch como su posible y probable
candidata presidencial, quien tiene en este momento la mejor imagen pública,
y quien como secretaria de Educación conserva la mejor de las
valoraciones en el desempeño de su cargo. La encuesta publicada esta
semana indica que Ortiz Bosch tiene, en este momento, mejor valoración
que Hipólito Mejía frente a Leonel Fernández, con una diferencia de
apenas 4 puntos porcentuales a favor del posible candidato del PLD. Cuando
se compara a Mejía con Fernández, por ejemplo, en los sectores de clase
baja la diferencia a favor del ex presidente es de 11 puntos porcentuales. Probablemente a Milagros
Ortiz Bosch no le interese profundizar públicamente en este análisis,
pero debe asumirlo como parte de una realidad que cada vez le beneficia más
políticamente, y que incluso podría llevar a los sectores vinculados a
Hipólito Mejía y al PPH a respaldar la candidatura de la vice-presidenta
como forma de garantizar la continuidad perredeísta y de que el
mandatario siga teniendo real influencia política en el ámbito del PRD y
del futuro Gobierno. Ortiz Bosch, a diferencia de
los demás potenciales candidatos perredeístas, tiene un discurso
articulado, con raíces en las concepciones ideológicas socialdemócratas,
tiene una imagen bien cuidada, una legión de seguidores especialmente a
lo externo del PRD, y una creciente autoridad interna. Tiene también la
autoridad gubernamental de haber sido la responsable del encarcelamiento
por corrupción del ex director de Bienes Nacionales Víctor Tió y del ex
cónsul en Cabo Haitiano Radhamés García, quienes por pura casualidad
vieron desmoronarse su influencia estando fuera del país el presidente
Hipólito Mejía, por lo que estaba a cargo del Palacio la doctora Ortiz
Bosch. Milagros tiene, además, la
experiencia de haber negociado varias leyes importantes en el Congreso
Nacional, de haber sido protagonista de la designación de la Suprema
Corte de Justicia en 1997, y ahora de aplicar una reforma en el sector
educativo sin mucha alharaca, como ocurrió con el Plan Decenal de Educación,
con la virtud de que en la actualidad se está en camino a la solución a
largo plazo del histórico conflicto salarial entre el magisterio y la
secretaría de Educación. La vicepresidenta, sin
embargo, necesita articular sus fuerzas al interior del PRD y convertirlas
en sujetos de negociación con el PPH y con las demás estructuras políticas
que allí cohabitan. Deberá también estructurar un movimiento externo
que tenga influencia política en el PRD. Esas dos tareas estratégicamente
son importantes en este momento. Es verdad que Hipólito Mejía no tomará
una decisión de apoyarla ahora, sino al final del proceso de selección
perredeísta, cuando evalúe todos los riesgos de su propia candidatura y
reitere su palabra por enésima vez de que no le interesa la reelección
presidencial. Pese a las ventajas que
tiene, y a que los vientos pueden seguir soplando a su favor, Milagros
Ortiz Bosch deberá pisar con excesiva cautela el terreno de la promoción,
porque las susceptibilidades con las que bregará no serán únicamente
las del Presidente de la República, sino las de todos sus acólitos. 21
de septiembre 2002 |