El tiempo de Milagros Ortiz Bosh
Fausto Rosario - 21 de septiembre 2002   

El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) deberá levantar sus antenas y evaluar las consecuencias políticas de las decisiones del Gobierno sobre el tema energético, especialmente frente a los sectores de clase media, a los que resulta tan atractivo el discurso del ex presidente Leonel Fernández. Esta misma semana la encuesta Penn & Schoen acaba de revelar, por primera vez en diez años, que como partido el PLD está por encima del PRD con por lo menos un 5%.

Las decisiones del presidente Hipólito Mejía en materia económica, reduciendo el gasto público, restringiendo el circulante y aumentando el precio de la energía evidencian no sólo su gran valentía, sino la verdad de su reiteración de que no será candidato presidencial a la reelección. Además, no es lógico pensar que Mejía estaría interesado en buscar su repostulación si ha sido tan frontal contra los más variados actores sociales, políticos y económicos, incluyendo a personalidades dentro de su propio partido.

Por eso, el PRD está obligado a mirar hacia Milagros Ortiz Bosch como su posible y probable candidata presidencial, quien tiene en este momento la mejor imagen pública, y quien como secretaria de Educación conserva la mejor de las valoraciones en el desempeño de su cargo.

La encuesta publicada esta semana indica que Ortiz Bosch tiene, en este momento, mejor valoración que Hipólito Mejía frente a Leonel Fernández, con una diferencia de apenas 4 puntos porcentuales a favor del posible candidato del PLD. Cuando se compara a Mejía con Fernández, por ejemplo, en los sectores de clase baja la diferencia a favor del ex presidente es de 11 puntos porcentuales.

Probablemente a Milagros Ortiz Bosch no le interese profundizar públicamente en este análisis, pero debe asumirlo como parte de una realidad que cada vez le beneficia más políticamente, y que incluso podría llevar a los sectores vinculados a Hipólito Mejía y al PPH a respaldar la candidatura de la vice-presidenta como forma de garantizar la continuidad perredeísta y de que el mandatario siga teniendo real influencia política en el ámbito del PRD y del futuro Gobierno.

Ortiz Bosch, a diferencia de los demás potenciales candidatos perredeístas, tiene un discurso articulado, con raíces en las concepciones ideológicas socialdemócratas, tiene una imagen bien cuidada, una legión de seguidores especialmente a lo externo del PRD, y una creciente autoridad interna. Tiene también la autoridad gubernamental de haber sido la responsable del encarcelamiento por corrupción del ex director de Bienes Nacionales Víctor Tió y del ex cónsul en Cabo Haitiano Radhamés García, quienes por pura casualidad vieron desmoronarse su influencia estando fuera del país el presidente Hipólito Mejía, por lo que estaba a cargo del Palacio la doctora Ortiz Bosch.

Milagros tiene, además, la experiencia de haber negociado varias leyes importantes en el Congreso Nacional, de haber sido protagonista de la designación de la Suprema Corte de Justicia en 1997, y ahora de aplicar una reforma en el sector educativo sin mucha alharaca, como ocurrió con el Plan Decenal de Educación, con la virtud de que en la actualidad se está en camino a la solución a largo plazo del histórico conflicto salarial entre el magisterio y la secretaría de Educación.

La vicepresidenta, sin embargo, necesita articular sus fuerzas al interior del PRD y convertirlas en sujetos de negociación con el PPH y con las demás estructuras políticas que allí cohabitan. Deberá también estructurar un movimiento externo que tenga influencia política en el PRD. Esas dos tareas estratégicamente son importantes en este momento. Es verdad que Hipólito Mejía no tomará una decisión de apoyarla ahora, sino al final del proceso de selección perredeísta, cuando evalúe todos los riesgos de su propia candidatura y reitere su palabra por enésima vez de que no le interesa la reelección presidencial.

Pese a las ventajas que tiene, y a que los vientos pueden seguir soplando a su favor, Milagros Ortiz Bosch deberá pisar con excesiva cautela el terreno de la promoción, porque las susceptibilidades con las que bregará no serán únicamente las del Presidente de la República, sino las de todos sus acólitos.

21 de septiembre 2002