¿La nueva JCE?
Fausto Rosario - 10 de agosto 2002
 

La Junta Central Electoral no es motivo de debate en este momento. Por lo menos públicamente. Reformistas, perredeístas y peledeístas están entusiasmados con la instalación de las cámaras legislativas y las salas capitulares de los ayuntamientos el próximo 16 de agosto.

Los reformistas porque seguirán dirigiendo la Cámara de Diputados, con una nómina sólo de 36 de 150. También porque tendrán el control de los municipios de Santiago, Ramón Santana, Nizao, Los Llanos, Consuelo, Higuey, Bayaguana, Jarabacoa, La Descubierta, Partido, Jánico y Villa González. Y porque se estrenan ahora en las negociaciones políticas del más alto nivel sin la presencia del doctor Joaquín Balaguer.

Los perredeístas porque controlarán en forma absoluta el Senado de la República,  dirigirán 105 de los 125 municipios, y tendrán 73 de los 150 diputados. Aparte, controlan el Poder Ejecutivo y acaban de conseguir una reforma de la Constitución que aprueba la reelección presidencial.

Los peledeístas se entretienen porque tendrán el gobierno del Distrito Nacional, la capital de la República, el senador de la capital y las sindicaturas y salas capitulares de los municipios de Nigua, La Romana, Yamasá, Licey Al Medio, Juan de Herrera y Navarrete. Serán mayoría en la Cámara de Diputados cuando logren actuar conjuntamente con los reformistas, pues los 41 diputados morados y los 36 rojos representarán la mayoría absoluta.

Se olvidan, sin embargo, de la Junta Central Electoral, un órgano sumamente importante para el éxito y la transparencia de los procesos electorales. Con excepción de Hipólito Mejía y Hatuey Decamps, que ya sugirieron la permanencia de los actuales jueces electorales, reformistas y peledeístas friamente han hablado de que se cambie la composición del organismo.

La Ley 175-97, en su artículo 4 dice claramente que los jueces titulares del organismo electoral serán cinco, pero una disposición especial y temporal en 1998 acogió una disposición especial del Congreso para permitir la entrada de los magistrados Roberto Leonel Rodríguez y Julio César Castaños Guzmán, sugeridos por los partidos de la Liberación Dominicana (PLD) y Reformista Social Cristiano (PRSC), respectivamente.

Reformistas y peledeístas aspiran a cambiar la composición de la JCE, pero reconocen no tener fuerza para impedir que el Senado, con 29 perredeístas, 2 reformistas y 1 peledeísta, designe a su antojo nuevos miembros que menos potable a sus deseos que los actuales, entre los que hay por lo menos uno que respondería a sus respectivos intereses.

Es realmente una decisión difícil para ambas organizaciones opositoras. Ellos rechazan la actual composición, pero lo hacen especialmente por el presidente, doctor Manuel Ramón Morel Cerda, a quien reformistas y peledeístas han acusado de tener vínculos históricos con el PRD, y a quien acusan de autoritario frente a los demás miembros del tribunal electoral.

Los perredeístas deberán cuidar sus relaciones con los reformistas, y al mismo tiempo no pecar de atropellantes al momento de decidir sobre este tema. Aunque públicamente no se está sugiriendo que haya ya una negociación o algún amarre, es sabido que la decisión la deberá tomar rápidamente el Senado de la República que se instale el próximo 16 de agosto.

Si fuera una decisión unilateral, le quitaría legitimidad a la JCE y podríamos volver a los procesos electorales accidentados y violentas por las pugnas sobre la organización de las elecciones. Lo correcto es que haya consenso en un perfil profesional y ético de los miembros del tribunal electoral, incluyendo el reclamo de la sociedad civil de que no sean militantes de partidos, y de que la designación cuente con el apoyo de los dos senadores reformistas y el senador peledeísta.

10 de agosto 2002