La segunda parte del gobierno
Fausto Rosario - 03 de agosto 2002
 

El Gobierno del presidente Hipólito Mejía cumplirá dos años de gestión y aún no suelta los amarres que hizo internamente en el Partido Revolucionario Dominicano para satisfacer a la militancia que le ayudó en la conquista del poder. El Presidente es un hombre que ha cumplido y sigue cumpliendo con su gente.

Las autoridades igualmente han cumplido con una distribución más racional de la inversión pública, priorizando las obras pequeñas y de mayor impacto en comunidades apartadas, a diferencia de la política de concentración de la inversión en grandes obras ejecutada por el pasado gobierno.

El Presidente ha tenido suerte que los sectores populares no han actuado frente a él con la misma dureza que contra Leonel Fernández. Es poco lo que han protestado las comunidades pese a la ausencia de una política social coherente, y pese al incumplimiento en la aplicación de un paquete social que compensara muchas de las medidas fiscalistas de la actual administración.

El primer paquete fiscal pasó sin compensación para los más pobres. Los cupones del gas desaparecieron del mismo modo que la reducción posterior en ese producto. Los precios de los combustibles comenzaron a indexarse de acuerdo al precio internacional del petróleo. Los aumentos de precios en la energía eléctrica igualmente deterioraron el ambiente en los barrios, con la presión adicional del Programa de Reducción de Apagones (PRA), que procura ayudar a las empresas extranjeras que participaron de la privatización de la comercialización de ese servicio.

La Dirección General de Bienes Nacionales comenzó un programa especial de cobro de viviendas otorgadas por el Estado, incluyendo la recomercialización de las que no están siendo ocupadas por sus “dueños” y el Instituto Nacional de la Vivienda (INVI) ha conseguido aumentar las recaudaciones de cinco a veinte millones de pesos mensuales por cobro de las viviendas colocadas en el mercado.

Ahora el Presidente autoriza un aumento de un 200% en el precio de los peajes, y entrega concesiones por 16,576 millones de pesos, que a su vez significarán cobros de nuevos peajes en el norte, el sur y el este, incluyendo cobros en avenidas como la Máximo Gómez, del Distrito Nacional.

Un paquete fiscal mínimo, de corrección se ha argumentado, se encuentra en el Congreso, apenas comienza a hablarse de la necesidad de reducir el gasto corriente, mantener como se encuentra la nómina pública y limitar la capacidad de endeudamiento interno de las secretarías de Estado y Direcciones Generales.

El gran apoyo del gobierno ha sido la supuesta capacidad crediticia del país, que para el próximo año tiene comprometido el 22% de los ingresos del Estado, y el manejo de la política monetaria a través de los instrumentos de que dispone el Banco Central.

La economía y la política se juntan casi siempre a partir del segundo año del ejercicio gubernamental, porque es cuando el ejecutivo decide cumplir su propio programa y cuando ya siente que ha dejado satisfechos, con por lo menos dos años de bondades, a los militantes y allegados.

Ojalá que el presidente Mejía sienta que puede soltar las amarras, y que a partir de este momento debe hacer el Gobierno que íntimamente le interesa, incluyendo la aplicación de una política social más coherente y de más impacto. Lo que podría venir al Gobierno y al país es una etapa de inestabilidad y de choques sociales que paralizan parcialmente la economía, reducen la inversión extranjera y descomponen los elementos que contribuyen a la estabilidad macroeconómica.

“Gobernaré para todos sin olvidarme de los míos” fue uno de los lemas de campaña del presidente. Ojalá que a partir de ahora gobierne para todos sin olvidarse de los sectores populares, las comunidades marginadas y grupos realmente deprimidos, que no tienen forma de accesar a un empleo público, pero tampoco reciben los beneficios directos de la política social del Gobierno.

03 de agosto 2002