Ramón Tejada Holguín*
EL SIGLO
El lunes el presidente se ufanó de haber dejado como "pericos en la estaca" a "los extremistas de izquierda y de derecha", ya que el programa de lucha contra la pobreza desarticuló los planes de protestas y huelgas de comerciantes y grupos populares. La desarticulación fue posible, porque el plan fue el fruto de la experiencia de técnicos extranjeros y "del conocimiento de lo que estamos aquí en el medio", sostuvo el presidente Mejía (Hoy, 13-02-2001).
El martes agentes de la Policía Nacional, comandados por el coronel Félix Alcántara, reprimieron una marcha hacia el Congreso Nacional encabezada por médicos y diversos empleados de instituciones relacionadas con el sector salud, para promover la modificación del proyecto de Ley de Seguridad Social (El Siglo, 14-02-2001). Los hechos sugieren que, por un lado, las palabras no pueden conjurar las protestas, y por el otro, las demandas de los sectores organizados de la sociedad civil rebasan la oferta gubernamental.
En el discurso en que expuso el Plan de Lucha contra la Pobreza, este proyecto de ley fue visto por el Presidente de la República como una de "las tres reformas madres que sustentan la estrategia de desarrollo económico y social del gobierno" (El Siglo, 6-02-2001). La protesta de los médicos y las organizaciones que les apoyan pueden verse como la punta de un discreto y peligroso iceberg, contra el cual puede estrellarse el gobierno que más expectativas ha creado entre los sectores populares.
Existen serios problemas de gobernabilidad que podrían, a mediano plazo, desencadenar una ola de protestas y manifestaciones cuyos resultados podrían ser agravados por la forma en que la Policía Nacional interviene en las protestas. Especialmente cuando se toma en cuenta que la mentalidad policial dominicana es herencia de la guerra fría y su actitud represiva y violenta ha sido estimulada por diversos sectores de la sociedad, incluyendo sectores del gobierno.
LA GOBERNABILIDAD DIFíCIL. La gobernabilidad, entendida como la capacidad que tiene una sociedad de procesar los conflictos, es decir, como un atributo tanto de la sociedad civil como del Estado, es deficitaria en el país. En efecto, para que las ideas e intereses de un actor social sean tomadas en cuenta éste debe hacerse visible a través de las protestas sociales. Los médicos no son los únicos sectores afectados con la ley de seguridad social, pero su "victimización" les abrió las puertas del Palacio de Gobierno.
La semana pasada planteamos que "uno de los grandes déficits del proyecto esbozado por Hipólito es la parte en que habla de la ley de reforma de la seguridad social. Al parecer las voces de la sociedad civil no han sido escuchadas en lo que se refiere a este proyecto de ley. El debate sobre el tema ha consumido interminables jornadas en el seno de todos los sectores interesados, y todavía no hay acuerdos" (El Siglo, 11-02-2001).
El proyecto de ley está en manos de los legisladores desde 1998, cuando fue sometido por Iván Rondón. Diversos son los sectores que han tratado de establecer cuáles son las ventajas y desventajas del mismo, que han tratado de llegar a acuerdos, pero todo ha sido imposible.
Hoy se escuchan la voz de la AMD gracias a la violencia a que fueron sometidos, desatando las simpatías de un sector de la sociedad dominicana. Pero, los médicos están defendiendo el mantenimiento de una serie de privilegios que afectan la calidad de la salud de los dominicanos(as), defensa a la cual se han sumado algunos sectores populares que no han entendido con claridad las ventajas y desventajas del proyecto. Hay otros actores del proceso que no tienen voz, que no han podido expresarse a plenitud de manera pública, y que pueden ser gravemente afectados.
Las evidencias son claras: para ser tomados en cuenta hay que gritar a voz en cuello cual perico, o hay que dar con la estaca por la cabeza cual policía trujillo-balaguerista. El diálogo deviene en meta de ilusos. Gobierno y sectores organizados de la sociedad dominicana son corresponsables de las dificultades que enfrenta la gobernabilidad
DEMANDA VS OFERTA: LOS INDICADORES DE PELIGRO. Cuando hay fractura entre demanda y oferta de democracia, cuando el gobierno se inclina hacia un sector social y la autoridad del gobierno está siendo erosionada, las posibilidades de un estallido social que deje a toda la sociedad dominicana como perico en la estaca se hace más real de lo imaginado.
Las demandas de la sociedad dominicana parecen exceder la capacidad de oferta real del Estado, ya que una gran parte de las demandas se quedan en el plano del discurso y la creación de expectativas que no puede satisfacer, mientras que sólo una parte reducida de las demandas de la sociedad son satisfechas. Las promesas pretenden aplazar el conflicto pero no conjurarlo. Hasta ahora sólo los sectores empresariales y comerciales han logrado ver satisfechas sus demandas.
En efecto, Anadegas logró que el gobierno echara hacia atrás cuando fijó un precio máximo de venta, es decir, que los detallistas podían reducir el precio de venta de la gasolina al público a través de una reducción de sus márgenes de ganancia (El Siglo, 21-09-2000). Los empresarios lograron que se revisara la aplicación del anticipo del 1.5%, entre otros aspectos, logrando que su aplicación fuera provisional y reduciendo su base imponible. Al mismo tiempo, los representantes de los grupos populares son amenazados (El Siglo 31-01-2001), la Policía responde con fuerza excesiva ante las protestas del gremio médico y la de los estudiantes, pero ha sido incapaz de aclarar el intento de asesinato de que fue víctima el empresario gasolinero Turbí. La erosión de la autoridad gubernamental se evidencia en los múltiples desacuerdos entre los funcionarios y el presidente de la República, los cuales se iniciaron desde las primeras semanas, cuando Mejía desautorizó a Franco Badía, y éste no le hizo caso.
Al mismo tiempo que dentro del gobierno se evidencia una falta de autoridad y liderazgo, hay signos de descontentos en las bases del PRD. Según la vicepresidenta Ortiz Bosch, hay que tener en cuenta que el PRD cuenta con un millón 200 mil militantes y que, por lo tanto, no es posible emplear inmediatamente a todo el mundo, pero prometió que se buscará una solución al problema (Listín, 12-02-2001).
Los indicadores son claros: el gobierno tiende a ceder cuando hay presión, el diálogo es unilateral, se empiezan a notar descontentos a lo interno del partido de gobierno, los sectores populares se encuentran a espera de ver los efectos del plan de lucha contra la pobreza, el cual ha enfrentado dificultades evidentes para ser materializado. Hay, pues, suficientes elementos que evidencian la posibilidad de importantes movimientos huelguísticos y de protestas.
La violencia es una espiral que se expande, que crece y que a todos y todas arropa inmisericordemente. La forma en que la Policía Nacional ha sido apoyada cuando de las redadas en los barrios se trata, la indiferencia con que amplios sectores de la sociedad dominicana miraron la denuncia del Programa de Defensa Pública del Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia sobre torturas y abuso sexual a menores de ambos sexos de parte de oficiales y policías de cuatro destacamentos de la Capital a principio de julio (El Siglo, 9-07-2001), son los cimientos sobre los que descansan las acciones policiales frente a las protestas.
Para Candelier, "el incidente en el que resultaron heridos nueve galenos, no constituye un exceso, debido a que los profesionales de la medicina no tenían permiso para marchar hasta el Congreso a protestar en rechazo al proyecto de ley de seguridad social" (El Siglo 14-02-2001). Sin embargo, el presidente de la República respaldó al jefe policial al desautorizar las declaraciones del Consultor Jurídico del Poder ejecutivo: "Ese no es su problema; él lo que es, es consultor jurídico; esas son atribuciones mías" (El Siglo, 16-02-2001).
Como dice una canción de Silvio Rodríguez: "Cuando se encuentran dos balas en un campo de guerra, algo puede ocurrir".
* Docente del Instituto Interamericano de Desarrollo Social (Indes-BID-Intec). El análisis necesariamente no es compartido por la institución en que labora.