La reestructuración del PRSC y sus retos
para competir con el PLD y el PRD
Ramón Tejada Holguín / EL SIGLO

El Partido Reformista Social Cristiano hace intentos de reformularse de cara a las próximas elecciones congresionales y municipales. El anuncio no es nuevo. En cada momento preelectoral el PRSC informa sobre la reestructuración de sus directorios y subdirectorios. Pero, esta vez existen diferencias importantes. Este partido es una máquina esencialmente electoral en la cual el peso específico del doctor Balaguer se ha convertido en el mayor obstáculo para su auténtica renovación, obstáculo que por razones biológicas tiende a disminuir.

Joaquín Balaguer ha logrado imprimir al sistema político dominicano su sello. No sólo ha gobernado el país, sino que ha dirigido "la mentalidad" y las prácticas de la mayoría de los políticos dominicanos. Sin embargo, no ha logrado crear estructuras estables e institucionales que le sobrevivan. Juan Bosch, por el contrario, ha fracasado en imprimirle a la sociedad dominicana su visión del mundo, pero ha creado dos de las tres organizaciones que mayor apoyo de la población poseen y ambas han logrado gobernar sin su creador.

Todos los procesos de reestructuración reformista han tenido como norte las elecciones y el afianzamiento del poder de Balaguer. Cuando en el 1999 se comenzó a hablar de la necesidad de reactivar el PRSC inmediatamente se creó el movimiento "Balaguer una vez más por necesidad".

Hoy las cosas son diferentes. Definitivamente, a pesar de la apabullante sagacidad y ladina inteligencia de Balaguer, su modelo de estructura partidaria ya no tiene cabida en la sociedad dominicana de hoy, porque descansa en sí mismo como centro del universo y la biología es implacable. Además, el próximo torneo electoral no revive los apetitos presidenciales del nonagenario caudillo.

LA GRAN ENSEÑANZA DE BALAGUER. El caudillo reformista deja como herencia a la sociedad dominicana su visión de la política como el arte de llegar al poder a cualquier costo y su concepción del partido como un accesorio necesario pero prescindible, sacrificable, sobre todo porque puede convertirse en el lugar de entrenamiento de quienes pueden competir con él. Bosch entendía el partido como el espacio en el que debían forjarse las personalidades de quienes le acompañarían en la tarea de cambiar el país.

El PLD como partido sintetiza la experiencia de estos dos caudillos, colocando de esta manera al reformismo en grandes dificultades para poder ocupar, como partido, el espacio que el "bajo perfil" impide llenar al líder. El PLD, sectores del PRD y el PRSC compiten por ser el centro de la oposición y capitalizar el descontento que asoma y se profundiza.

De ahí que la reestructuración reformista sea impensable sin que se tenga una cuota de poder. El balaguerismo es esencialmente clientelista. El secreto "del Doctor" ha sido ese y no otro. Desde el inicio de su vida política supo repartir canonjías y prebendas a granel. Se aprovechó de la pobreza del dominicano y sus necesidades para controlar y gobernar, profundizando el individualismo. Bosch, hostosiano, quiso cambiar la mentalidad y la forma de ver el mundo de los y las dominicanos (as), para lo cual entendía que necesitaba un "ejército" entrenado que "sirviera al partido para servir al pueblo". Balaguer creó una federación cuyo centro político fue él mismo.

Hay indicios de que entre la dirigencia del PRSC se ha entendido que las probabilidades de sobrevivir al líder aumentan con el ejercicio del poder, por lo que "los aspirantes a la candidatura presidencial en el PRSC firmaron un pacto mediante el cual dejan a un lado sus aspiraciones particulares para poder enfilar todos los esfuerzos a las elecciones congresionales y municipales del próximo año" (El Siglo 12-04-2001).

 

Los intentos de lograr darle una ideología, la socialcristiana, a esta organización, han dado algunos resultados, pero no se han consolidado, a pesar de los esfuerzos realizados desde su escuela de formación política. El temor a que una parte importante de la dirigencia del PRSC se disperse y sea asimilada por otros partidos es real. Los reformistas no han podido entender claramente lo que significa el trabajo sin su líder. De hecho todos los grupos enfrentados apelan a ser los albaceas de la herencia.

EL DILEMA REFORMISTA. El ‘affaire Lockward’ puede ser una ilustración del dilema que se le presenta a los reformistas. Hay evidencias de que el último aumento dispuesto por el gobierno a los hidrocarburos busca esencialmente ayudar al gobierno a solucionar parte del déficit fiscal que se le viene encima. ángel Lockward, como secretario de Industria y Comercio, ha llevado la voz cantante en la vana y baladí justificación del aumento en los precios de los hidrocarburos y el desmonte del subsidio al gas propano.

El miércoles el bloque de diputados del PRSC le pidió que "por dignidad, por vergüenza y si siente ser reformista, que renuncie" a la Secretaría de Industria y Comercio (El Siglo, 19-04-2001). El jueves la Comisión Ejecutiva declaró que no puede pedir a Lockward la renuncia ya que éste ejerce sus funciones a título personal por lo que su gestión "no compromete, ni en bien ni en mal al partido" (El Siglo, 20-04-2001).

En la misma rueda de prensa Federico Antún Batlle, secretario político del PRSC, en referencia a la política social del actual gobierno, dijo que "todo se viene abajo, porque la única medida que se había implementado era la del subsidio al gas licuado de petróleo y que, sin embargo, ya comenzó a ser desmontada" (El Siglo 20-04-2001).

La participación de Lockward y de otros dirigentes reformistas en el gobierno demuestra que a pesar de los intentos de reestructuración y redefinición, el PRSC no tiene el control de su dirigencia. Si como dijo la Comisión Ejecutiva no existe una alianza con el PRD, ¿cómo puede ser que se permita "a título personal" que un dirigente de esa organización esté ubicado en un puesto clave para el actual gobierno? No puede hacer nada porque no controla a su militancia, y no hay certeza entre los dirigentes reformistas de que el proceso de reestructuración sea exitoso, ya que muchos de ellos temen ser desplazados.

Según los resultados de la encuesta de la Penn, Schoen & Berland publicados por El Siglo, se llega a la conclusión de que: "poco más de la mitad de los reformistas expresaron tener algún nivel de insatisfacción con la labor que viene realizando el Presidente, mientras que dos tercios de los peledeístas dijeron lo mismo, al igual que uno de cada diez perredeístas." (El Siglo, 27-02-2001). Lo cual permite concluir que: "los datos tienen ciertos niveles de continuidad con las actitudes de quienes dirigen ambos partidos. Importantes sectores del reformismo han declarado su apoyo al Presidente Mejía, e inclusive en el tren gubernamental participan conocidos dirigentes reformistas. Empero, un sector del reformismo ha sido sistemático en las críticas a las ejecutorias del Gobierno, haciendo una norma la celebración cada jueves de una rueda de prensa en la que se abordan diferentes temas de la actualidad, en la mayoría de los casos con críticas al Gobierno". (El Siglo, 27-02-2001).

La participación de dirigentes reformistas en el gobierno es incompatible con los intentos de convertirse en la principal fuerza opositora. No basta sostener que se participa a "título personal y sin permiso del partido"; lo que resulta obvio es la ausencia de un liderazgo nuevo y renovado que pueda aglutinar a la mayoría de su dirigencia y militancia. Cada cacique anda por su lado, tal como les enseñó Joaquín Balaguer. El reformismo fuera del poder es como un león sin dientes.

LA COMPETENCIA. La reestructuración "tiene el propósito de lograr que el PRSC pueda incrementar su matrícula congresional y municipal, que es de dos senadores, 17 diputados y 12 síndicos" (El Siglo 12-04-2001). Para lograr hacerlo tiene que intentar convertirse en la fuerza principal de la oposición. En ese terreno no sólo compite con el disminuido PLD, sino con fuerzas internas del PRD.

Hatuey De Camps está actuando con discreción y tacto. De Camps ha sido siempre un admirador confeso de la forma de hacer política del presidente Balaguer. Así, mientras Mejía, molesto e incrédulo, dijo que es inaceptable decir que su gobierno no ha arrancado y que las medidas sociales no terminan de llegar, díganlo "curas o curotas", en alusión directa al Cardenal López Rodríguez; Hatuey consideró que la opinión del Cardenal le merece un profundo respeto y que en cierta medida está a su favor, cuando entiende que los planes de compensación social, anunciados por el Gobierno para amortiguar los efectos negativos de las medidas económicas, tienen que funcionar (El Siglo 17-04-2001).

A pesar de los aspectos interesantes que tiene el proceso de reestructuración reformista, la renovación y la posibilidad de capitalizar el descontento y la desazón que se sienten en el ambiente es muy limitada. Los intentos de presentar un partido unificado y con ideas homogéneas seguirán estrellándose contra la cruda realidad del apoyo que un sector del reformismo brinda al gobierno.

Si los dirigentes comprometidos con el cambio dentro de esa organización confiesan que la reestructuración "busca aplicar medidas restrictivas, fortaleciendo las sanciones disciplinarias con sus miembros, para evitar que cualquier dirigente se vaya en contra de los lineamientos de la organización y pretenda continuar con el mismo rango" (El Siglo 12-04-2001), este es el momento de iniciar el proceso, o los demás competidores le ganarán por muchos cuerpos de ventaja.