Ramón Tejada Holguín/El Siglo
El
Diputado César Peralta, presidente de la Comisión Permanente de Interior y
Policía y de la Comisión Especial de la Cámara de Diputados, consideró que
las sugerencias que realizó una comisión de reforma de la propia Policía Nacional a la Cámara de Diputados constituyen un
irrespeto a dicha Cámara, dijo que todos los miembros de la Comisión que
preside han decidido a unanimidad que ahora más que nunca debe fortalecerse la
institucionalidad de la Cámara de Diputados y resurgir fortalecida con el
respeto a la Constitución de la República y los reglamentos internos del
hemiciclo (El Siglo, 19-10-2001).
Pero, la presidenta de la Cámara
no ha dado a conocer entre los diputados las sugerencias de los miembros de la
Comisión Policial. Aunque se sabe que lo que preocupa a la Comisión de Reforma
de la Policía Nacional es la eliminación de los tribunales policiales y de la
plana mayor. Dos aspectos que harían de la policía dominicana un cuerpo más
moderno y podrían contribuir con la profesionalización y eficientización del
cuerpo. Pero, no son suficientes para dotar el país de una policía ciudadana
autentica y honesta.
En
Capotillo, Gualey y otros barrios las bandas siguen haciendo tropelías, a pesar
de que todas las muertes en los llamados intercambios de disparos. Como lo
evidencia las recientes muertes de infantes a manos de bandas de delincuentes, y
la impunidad con que las mismas se mueven.
La
Policía no ha podido decir quienes son los involucrados en el caso Vimenca.
Angito, el supuesto asesino del General Juan René
Beauchamps Javier, no ha sido capturado, a pesar de que se peinó el país
completo en su busca. Hay sonadas equivocaciones, agentes de la policía dieron
muerte a un sacerdote, en otra ocasión otros agentes murieron a un empresario
secuestrado, en una manifestación en Herrera cayó abatida una jovencita, también
el hijo de un dirigente del partido de gobierno. A principios de año, durante
manifestaciones se vejó y maltrató a un diputado del PRD relacionado al
movimiento popular.
La
lista de equivocaciones sería larga, tan larga como la trompa de un elefante,
pero muchas de ellas simplemente carecen de importancia porque afectan a gentes
de los sectores más vulnerables y pobres. La policía tiene defensores porque
garantiza la paz de un sector muy reducido de la población, como quien dice que
la ineficiencia e ineficacia policial son selectivas.
Si ese es el problema, la solución
es capacitar a la policía, entrenarla en el respeto a los derechos humanos y
promover una nueva generación de policías, reestructurar la plana mayor,
educar para la democracia a la policía. Pero, el problema es aún más
complejo.
TODO MUNDO ESTÁ IRRESPETANDO LA
LEY. Según el artículo
33 de la Ley Institucional
de la Policía Nacional no.
6141 de fecha 28 de diciembre de 1962, gaceta oficial no.8724: “La Policía
Nacional, cuyo mando supremo corresponde al Presidente de la República, es una
dependencia de la Secretaría de Estado de
Interior y Policía.”
Es
decir que Rafael Suberví Bonilla, secretario de Interior y Policía es
responsable de los desmanes policiales, y de su ineficiencia a la hora de
combatir la verdadera delincuencia. Se
dirá que la policía no respeta a esta institución y menos a su incumbente. Lo
que nos llevaría a la conclusión que la Ley Institucional de la Policía
Nacional es irrespetada por el jefe policial, por la Plana Mayor, por la
Secretaría de Interior y Policía que no procura que se le respete, y por el
propio Presidente de la República.
En efecto, el artículo 35
de la Ley Institucional de la Policía, modificado por la ley No. 876 de fecha
31 de julio de 1978, sostiene que “El Presidente de la República designará
Jefe de la Policía Nacional, a un miembro activo de la Institución que ostente
el grado de oficial general o coronel, con no menos de veinte años de
servicios, de acuerdo con el escalafón, ni menos de cinco años de haber sido
promovido a cualquiera de estos grados en la Policía Nacional”. Si el jefe
policial no se subordina al poder civil simplemente debe ser separado de su
cargo y se nombra otro jefe policial.
Pero,
la consuetudinaria violación del artículo 35 de la mencionada ley es más
profunda: ¿Cuántos jefes policiales son efectivamente policías de carrera, cuántos
han sido “enganchados a policías” para que realicen las labores de jefe
policial?
Entonces,
¿podemos decir que la reforma policial lo que debe exigir es la subordinación
de este cuerpo al poder civil, y el respeto por su propia ley institucional,
además, como se dijo más arriba, de capacitar a todo el cuerpo y promover una
nueva plana mayor?. Pero no, el
asunto policial es aún más complejo. Así lo sugiere el hecho de que
secretario de interior y policía haya intentado hacerse respetar y no lo haya
logrado, y el presidente no haya intentado que la policía se subordine de
manera efectiva al poder civil.
LA
POLICIA UNA CALIENTE ORGANIZACIÓN DE LA GUERRA FRÍA. Hasta ahora el
diagnostico de la institución nos revela que son ineficientes sus métodos de
combatir la criminalidad, que responde con fuerza excesiva e irrespetando los
derechos humanos, que ha cometido sonados errores, que se les acusa de ser un
cuerpo totalmente corrompido, y que no respeta su propia ley institucional.
Pero,
hay más. “El cuerpo policial dominicano conserva la
estructura de un organismo de represión política del Estado. Esta estructura
de carácter militar es heredada del trujillismo, y de los doce años del doctor
Balaguer. No ha existo una sintonía entre los cambios operados en el orden político
y social, y la necesaria transformación de la policía. Los "métodos de
investigación y de interrogación" aplicados a los comunistas, son hoy los
aplicados a los delincuentes. Simplemente se ha dado una redefinición del
"enemigo"
La policía actúa como si se
tratase de una guerra cuyo campo de batalla es la sociedad, en el cual el
enemigo es el delincuente, pero un delincuente que tiene la misma características
que los jóvenes de los sectores más desposeídos. El peligro se encuentra en
que la definición del "enemigo" la hace la propia policía
(Análisis Político, El Siglo, 12-06-2001).
En jueves el Jefe de la Policía
Nacional sostuvo que los que quieren reformar la institución son unos
“comunistas retrasados” (Diario Libre, 19-10-2001), ¿Usará los mismos métodos
de los doce años para enfrentar el “peligro” comunista, o lo mismo método
con que enfrenta la criminalidad? La situación tiende a agravarse en tanto que
la policía parece querer ubicarse por encima del bien y el mal, se asume como
intocable y autorregulada.
Si este es el problema, entonces
la solución sería hacerle entender a la policía que sus labores no son las de
contrainsurgencia, que su labor es proteger al ciudadano... Pero, no. El
problema es más complejo todavía.
Para la conocida jurista y
ex-jueza Doctora Carmen Imbert Brugal en nuestro país campea el “irrespeto al
debido proceso, el desconocimiento de los derechos del procesado, el asesinato
consentido de aquellos declarados por el aparato represivo delincuentes
incorregibles, ocurre entre el asombro y el consentimiento de una sociedad que,
sumida en urgencias cotidianas, no repara en los derechos que le corresponden y
puede reclamar en cualquier momento.” (Carmen
Imbert Brugal, Hoy, 3-09-2001).
Es
decir, la situación de la Policía Nacional atañe a toda la sociedad, la
responsabilidad va desde el presidente como jefe máximo de la institución a
los sectores económicos que apoyan la actual jefatura y sus métodos, de los
beneficiados por las acciones barriales del jefe policial a los diversos
organismos defensores de los derechos humanos, así como al ciudadano de a pie,
que en cualquier momento puede ser muerto por una bala perdida.
NO,
A LA REFORMA POLICIAL. Lo que vemos es apenas un Iceberg de la realidad. La
Policía no es un organismo útil para la justicia. El presidente de la Suprema
Corte de Justicia ha pedido a los jueces que no hagan caso a las fichas
policiales a la hora de dictar sus sentencias. Según Jorge
Cela, director del Centro de Estudios Juan Montalvo, la policía es un “cuerpo
enfermo, corrompido y muy deteriorado” (Hoy, 15-10-2001), y lo mismo sostienen
la mayoría de los organismos defensores de los derechos humanos, inclusive uno
dirigido por el ex-precandidato a senador por el PRD, Porfirio Rojas Nina.
Actualmente, en América Latina se
está discutiendo la necesidad de transformar los cuerpos policiales en policía
comunitaria, que además de sus labores de mantener el orden, de prevenir y
reprimir la criminalidad, ayude a la comunidad en la solución de diversos tipos
de problemas. Ruido, conflicto entre vecinos, podrían muy bien solucionarse con
la ayuda de un policía con nociones básicas de derecho y sicología. Dicho
agente funcionaría como árbitro y las soluciones podrían surgir evitando que
cualquier caso termine frente al fiscal o al juez. (Ver los diversos documentos
y artículos de Murrielle Perroud, elaborados para la Finjus)
Evidentemente que tal transformación
es imposible sin un proceso de concertación entre todos los sectores, y sin que
la mayoría de los actores estén más o menos de acuerdo. La construcción de
una policía comunitaria en estos momentos es un sueño imposible, los datos
evidencian que el apoyo a la actual estructura es substancial y profundo. Sin
embargo, al ver la magnitud del problema, es fácil llegar a la conclusión de
que la Policía Nacional no es un cuerpo que necesite ser reformado, sino
cambiado de cabo a rabo, modificado totalmente, transformado, reconstruido, se
necesita una nueva policía.
21 de Octubre, 2001
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