Quién y para qué quiere reformar la  Policía Dominicana

 

Ramón Tejada Holguín/El Siglo


 El Diputado César Peralta, presidente de la Comisión Permanente de Interior y Policía y de la Comisión Especial de la Cámara de Diputados, consideró que las sugerencias que realizó una comisión de reforma de la propia  Policía Nacional a la Cámara de Diputados constituyen un irrespeto a dicha Cámara, dijo que todos los miembros de la Comisión que preside han decidido a unanimidad que ahora más que nunca debe fortalecerse la institucionalidad de la Cámara de Diputados y resurgir fortalecida con el respeto a la Constitución de la República y los reglamentos internos del hemiciclo (El Siglo, 19-10-2001).

Pero, la presidenta de la Cámara no ha dado a conocer entre los diputados las sugerencias de los miembros de la Comisión Policial. Aunque se sabe que lo que preocupa a la Comisión de Reforma de la Policía Nacional es la eliminación de los tribunales policiales y de la plana mayor. Dos aspectos que harían de la policía dominicana un cuerpo más moderno y podrían contribuir con la profesionalización y eficientización del cuerpo. Pero, no son suficientes para dotar el país de una policía ciudadana autentica y honesta.

  Muchas expectativas ha creado el anunciado proyecto de ley de Reforma Policial que descansa en el congreso dominicano, y sin embargo podría ocurrir que se apruebe el proyecto y la Policía Nacional sea la misma institución ineficiente, ineficaz y violadora de los más elementales derechos de la ciudadanía. En otras palabras, no sólo debe discutirse si se reforma o no se reforma la Policía, lo importante es el contenido, la naturaleza y característica del cambio que se desea provocar.

  ¿Cómo se puede establecer cuál puede ser la mejor reforma?, uno de los primeros pasos es realizar un diagnostico, estudiar la magnitud del problema, y eso es lo que no se ha hecho con sinceridad. Desde ese punto de vista, lo primero que debe hacerse es un análisis de la institución policial, y reflexionar sobre la motivación que se tiene para reformarla. Todo analista debe estar abierto a un abanico de posibilidades, saber que las conclusiones pueden ser que la Policía Nacional no necesita ser reformada.

  ¿POR QUÉ SE QUIERE REFORMAR LA POLICIA DOMINICANA? Un análisis de los momentos en que se tiende a hablar de la necesidad de reforma policial sugiere que la razón de reformar la policía se asocia a la forma casi primaria y brutal con que combate “la delincuencia”. El tema resurge cuando los casos de brutalidad son muy sonados o escandalosos.

  A mediados de febrero de este año se reprimió una manifestación de la Asociación Médica Dominicana (AMD), se hizo un gran alboroto y se envió un proyecto de ley de reforma policía. Entre los aspectos que se hicieron fue pasar a manos de la Amet, las labores que antes realizaba el Departamento de Tráfico de la Policía. Cuando el nombrado Tyson mató a mansalva a Pedro María Contreras (el moreno) de18 años, de nuevo se reactivaron los reclamos de reformar la policía dominicana. Se recordó que en Junio del 2000, la entonces Comisionada de Apoyo para la Reforma y Modernización de la Justicia denunció que en varios destacamentos se maltrataba y violaba a menores, al parecer el agente Tyson estaba entre los implicados.

  Parecería que la razón para reformar la policía se relaciona a la brutalidad con esta responde, a la existencia de policías que disparan primero y averiguan después. Estos policía cuentan, se dice, con el apoyo de la jefatura. Si ese es el problema la solución es evidente, no hay mucho que reformar, basta con cambiar a los policías que cometen los atropellos y a quienes los defienden.

  UN PROBLEMA COMPLEJO. El problema policial va más allá de la existencia de sádicos policías y sus defensores. Los métodos policiales de combate a la delincuencia no son efectivos, ni dan resultados reales, además los miembros de la institución tienden a convertirse en parte del problema.  Hay casos en que los afectados de un robo o cualquier fechoría no llaman a la policía por temor a que se maltrate a los familiares de las victimas, y cada vez más gente prefiere usar métodos informales para hacerse justicia.

 En Capotillo, Gualey y otros barrios las bandas siguen haciendo tropelías, a pesar de que todas las muertes en los llamados intercambios de disparos. Como lo evidencia las recientes muertes de infantes a manos de bandas de delincuentes, y la impunidad con que las mismas se mueven.

 La Policía no ha podido decir quienes son los involucrados en el caso Vimenca. Angito, el supuesto asesino del General Juan René Beauchamps Javier, no ha sido capturado, a pesar de que se peinó el país completo en su busca. Hay sonadas equivocaciones, agentes de la policía dieron muerte a un sacerdote, en otra ocasión otros agentes murieron a un empresario secuestrado, en una manifestación en Herrera cayó abatida una jovencita, también el hijo de un dirigente del partido de gobierno. A principios de año, durante manifestaciones se vejó y maltrató a un diputado del PRD relacionado al movimiento popular.

 La lista de equivocaciones sería larga, tan larga como la trompa de un elefante, pero muchas de ellas simplemente carecen de importancia porque afectan a gentes de los sectores más vulnerables y pobres. La policía tiene defensores porque garantiza la paz de un sector muy reducido de la población, como quien dice que la ineficiencia e ineficacia policial son selectivas.  

Si ese es el problema, la solución es capacitar a la policía, entrenarla en el respeto a los derechos humanos y promover una nueva generación de policías, reestructurar la plana mayor, educar para la democracia a la policía. Pero, el problema es aún más complejo.

TODO MUNDO ESTÁ IRRESPETANDO LA LEY. Según el artículo 33 de la Ley Institucional de la Policía Nacional no. 6141 de fecha 28 de  diciembre de 1962, gaceta oficial no.8724: “La Policía Nacional, cuyo mando supremo corresponde al Presidente de la República, es una dependencia de la Secretaría de Estado de  Interior y Policía.”

Es decir que Rafael Suberví Bonilla, secretario de Interior y Policía es responsable de los desmanes policiales, y de su ineficiencia a la hora de combatir la verdadera delincuencia.  Se dirá que la policía no respeta a esta institución y menos a su incumbente. Lo que nos llevaría a la conclusión que la Ley Institucional de la Policía Nacional es irrespetada por el jefe policial, por la Plana Mayor, por la Secretaría de Interior y Policía que no procura que se le respete, y por el propio Presidente de la República.

En efecto, el artículo 35 de la Ley Institucional de la Policía, modificado por la ley No. 876 de fecha 31 de julio de 1978, sostiene que “El Presidente de la República designará Jefe de la Policía Nacional, a un miembro activo de la Institución que ostente el grado de oficial general o coronel, con no menos de veinte años de servicios, de acuerdo con el escalafón, ni menos de cinco años de haber sido promovido a cualquiera de estos grados en la Policía Nacional”. Si el jefe policial no se subordina al poder civil simplemente debe ser separado de su cargo y se nombra otro jefe policial.

Pero, la consuetudinaria violación del artículo 35 de la mencionada ley es más profunda: ¿Cuántos jefes policiales son efectivamente policías de carrera, cuántos han sido “enganchados a policías” para que realicen las labores de jefe policial?

Entonces, ¿podemos decir que la reforma policial lo que debe exigir es la subordinación de este cuerpo al poder civil, y el respeto por su propia ley institucional, además, como se dijo más arriba, de capacitar a todo el cuerpo y promover una nueva plana mayor?. Pero no,  el asunto policial es aún más complejo. Así lo sugiere el hecho de que secretario de interior y policía haya intentado hacerse respetar y no lo haya logrado, y el presidente no haya intentado que la policía se subordine de manera efectiva al poder civil.

LA POLICIA UNA CALIENTE ORGANIZACIÓN DE LA GUERRA FRÍA. Hasta ahora el diagnostico de la institución nos revela que son ineficientes sus métodos de combatir la criminalidad, que responde con fuerza excesiva e irrespetando los derechos humanos, que ha cometido sonados errores, que se les acusa de ser un cuerpo totalmente corrompido, y que no respeta su propia ley institucional.  

Pero, hay más. “El cuerpo policial dominicano conserva la estructura de un organismo de represión política del Estado. Esta estructura de carácter militar es heredada del trujillismo, y de los doce años del doctor Balaguer. No ha existo una sintonía entre los cambios operados en el orden político y social, y la necesaria transformación de la policía. Los "métodos de investigación y de interrogación" aplicados a los comunistas, son hoy los aplicados a los delincuentes. Simplemente se ha dado una redefinición del "enemigo"

La policía actúa como si se tratase de una guerra cuyo campo de batalla es la sociedad, en el cual el enemigo es el delincuente, pero un delincuente que tiene la misma características que los jóvenes de los sectores más desposeídos. El peligro se encuentra en que la definición del "enemigo" la hace la propia policía  (Análisis Político, El Siglo, 12-06-2001).

En jueves el Jefe de la Policía Nacional sostuvo que los que quieren reformar la institución son unos “comunistas retrasados” (Diario Libre, 19-10-2001), ¿Usará los mismos métodos de los doce años para enfrentar el “peligro” comunista, o lo mismo método con que enfrenta la criminalidad? La situación tiende a agravarse en tanto que la policía parece querer ubicarse por encima del bien y el mal, se asume como intocable y autorregulada.

Si este es el problema, entonces la solución sería hacerle entender a la policía que sus labores no son las de contrainsurgencia, que su labor es proteger al ciudadano... Pero, no. El problema es más complejo todavía.

Para la conocida jurista y ex-jueza Doctora Carmen Imbert Brugal en nuestro país campea el “irrespeto al debido proceso, el desconocimiento de los derechos del procesado, el asesinato consentido de aquellos declarados por el aparato represivo delincuentes incorregibles, ocurre entre el asombro y el consentimiento de una sociedad que, sumida en urgencias cotidianas, no repara en los derechos que le corresponden y puede reclamar en cualquier momento.” (Carmen Imbert Brugal, Hoy, 3-09-2001).

Es decir, la situación de la Policía Nacional atañe a toda la sociedad, la responsabilidad va desde el presidente como jefe máximo de la institución a los sectores económicos que apoyan la actual jefatura y sus métodos, de los beneficiados por las acciones barriales del jefe policial a los diversos organismos defensores de los derechos humanos, así como al ciudadano de a pie, que en cualquier momento puede ser muerto por una bala perdida.

NO, A LA REFORMA POLICIAL. Lo que vemos es apenas un Iceberg de la realidad. La Policía no es un organismo útil para la justicia. El presidente de la Suprema Corte de Justicia ha pedido a los jueces que no hagan caso a las fichas policiales a la hora de dictar sus sentencias. Según Jorge Cela, director del Centro de Estudios Juan Montalvo, la policía es un “cuerpo enfermo, corrompido y muy deteriorado” (Hoy, 15-10-2001), y lo mismo sostienen la mayoría de los organismos defensores de los derechos humanos, inclusive uno dirigido por el ex-precandidato a senador por el PRD, Porfirio Rojas Nina.

Actualmente, en América Latina se está discutiendo la necesidad de transformar los cuerpos policiales en policía comunitaria, que además de sus labores de mantener el orden, de prevenir y reprimir la criminalidad, ayude a la comunidad en la solución de diversos tipos de problemas. Ruido, conflicto entre vecinos, podrían muy bien solucionarse con la ayuda de un policía con nociones básicas de derecho y sicología. Dicho agente funcionaría como árbitro y las soluciones podrían surgir evitando que cualquier caso termine frente al fiscal o al juez. (Ver los diversos documentos y artículos de Murrielle Perroud, elaborados para la Finjus)  

Evidentemente que tal transformación es imposible sin un proceso de concertación entre todos los sectores, y sin que la mayoría de los actores estén más o menos de acuerdo. La construcción de una policía comunitaria en estos momentos es un sueño imposible, los datos evidencian que el apoyo a la actual estructura es substancial y profundo. Sin embargo, al ver la magnitud del problema, es fácil llegar a la conclusión de que la Policía Nacional no es un cuerpo que necesite ser reformado, sino cambiado de cabo a rabo, modificado totalmente, transformado, reconstruido, se necesita una nueva policía.

21 de Octubre, 2001


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