Los mil violines de la reforma no conjuran los malos espíritus

 

Ramón Tejada Holguín/El Siglo


La lectura del “Pacto para la Reforma Constitucional” puede tener para esa parte de la sociedad dominicana interesada en el desarrollo institucional y la calidad de la democracia, el mismo impacto en los sentidos que aquellos mil violines de amor que unos enamorados, hace algún tiempo, creyeron escuchar.

El compromiso del PRD, el PLD y el PRSC es el de a sus legisladores para que convoquen a una Asamblea Revisora de la Constitución con sólo cuatro puntos de agenda: 1) eliminar los incómodos Colegios Electorales Cerrados; 2) consignar que para ganar en primera vuelta sea necesario cumplir con una de las siguientes condiciones A) o ser favorecido con el 45% de los votos válidos emitidos; B) o tener al menos el 40% de los votos válidos y una diferencia de 10 puntos porcentuales sobre el candidato que esté en segundo lugar; 3) Que los representantes dominicanos ante el Parlamento Latinoamericano sean elegido por el voto popular y 4) que para poder modificar la constitución en el futuro sea necesario convocar a una Asamblea Constituyente, la cual será elegida en elecciones, en concreto se consigna que para las elecciones congresuales y municipales del 2002 se elijan los quienes formarán parte de la primera asamblea revisora. Es definitivamente música de violines para los oídos de quienes ya estaban cansados de tanta cháchara inservible alrededor del tema constitucional. 

Los mil violines marchan hacia “un allegro apoteósico” cuando se lee el siguiente párrafo del Pacto por una Reforma Constitucional: “Los partidos político firmantes reafirman una vez más su fe y su confianza en un futuro promisorio para el pueblo dominicano y están convencidos de que mediante la vía de la concertación, la colaboración y el diálogo y colocando el interés nacional por encima de cualquier tipo de interés grupal o coyuntural, se impulsará el fortalecimiento de nuestras instituciones democráticas y se abrirán caminos de progreso y de prosperidad para las dominicanas y dominicanos”.

LOS VIOLINES TOCAN PARA TODOS. Tutti mundi parece ganar algo con el pacto. El congreso salvan su honor en tanto se les reconoce la potestad de reformar la Constitución Dominicana, y se les ofrecen tres puntos de importancia sobre los cuales debatir... y definitivamente aprobar. 

Los sectores de la sociedad civil que rechazaban la realización de una reforma constitucional a la carrera, sin concertación, sin que se tomara en cuenta a la ciudadanía salen airosos al crearse la figura de la Asamblea Constituyente. Los proponentes del pacto, además, reconocen el importante rol de la sociedad civil, ya que a una connotada y dos connotados participantes de la comisión especial creada por el presidente Mejía, junto a tres miembros de los tres partidos que tienen el supuesto dominio del congreso se les asigna el rol de Comisión de Seguimiento del Pacto para la Reforma Constitucional. 

Los tres partidos políticos dan señales de que cuando del interés nacional se trata, existe la posibilidad de trabajar unidos. En apariencias esto fortalece el sistema de partidos, y envía una señal positiva a los inversionistas extranjeros, y sobre todo a sectores importantes de la diplomacia en Dominicana.

De los partidos indudablemente el que más gana es el PRD. Se sacude el sambenito de ser el promotor de la extensión del período de congresistas y autoridades municipales. Da una muestra de generosidad y apertura. Se redime –parcialmente- ante los ojos de algunos sectores que estaban viendo con preocupación la concentración del poder y la petulancia con que se estaba manejando en las cuestiones institucionales. Las acusaciones y citaciones contra ex-funcionarios públicos del PLD pierden interés para la prensa, y se sospecha que la lucha contra la corrupción entrará en una etapa de “baja intensidad”.

La Palma del Triunfo se la lleva el Presidente Mejía, a quien se le cuestionó desde diversos litorales la forma en que se designaron los jueces de la Suprema Corte de Justicia, quien se enfrentó a sectores de la sociedad civil organizada, y, lo más importante, calma un poco el displacer provocado con sectores internacionales y en particular con quienes representan al más importante socio comercial: los Estados Unidos de Norteamérica.

En la ceremonia de suscripción de la enmienda al “Programa para Fortalecer el Estado de Derecho y el Respeto a los Derechos Humanos” realizada el miércoles 19 de septiembre del 2001, la Encargada de Negocios de la Embajada Estadounidense, Janice L. Jacobs, al mismo tiempo que donaba 3.8 millones de dólares al país dijera: “estamos convencidos de que un proceso de selección de los jueces y magistrados debe ser riguroso, con criterio sumamente profesional, y substancialmente transparente; especialmente si el proceso aspira a obtener una legitimidad y amplia aceptación ante el pueblo. También, esas mismas cualidades son primordiales para asegurar un Poder Judicial independiente y capaz. En el pasado, la comunidad internacional, y sobre todo los reformadores de la democracia y del estado de derecho en América Latina, han contemplado con admiración lo que sucedió aquí hace cuatro años -- en 1997 -- con el proceso que terminó en la selección de la Suprema Corte de Justicia.” (El Siglo 20-09-2001).  

Pero, además, el presidente se presenta como el principal artífice y testigo del Pacto. En efecto, el Pacto está firmado por Reynaldo Pared, Joaquín Balaguer y Hatuey De Camps en representación del PLD, el PRSC y el PRD, mientras que el presidente firma como testigo, y como tal no tendrá rol ejecutivo alguno, ni responsabilidad en su incumplimiento, si lo hay. Si los congresistas hacen cualquier desaguisado será responsabilidad de ellos y sus partidos.

Finalmente, la ciudadanía, organizada o no, mortificada por los “malos espíritus” que la discusión de un proyecto de reforma constitucional en el congreso podría convocar, respira aliviada ante el acuerdo. Se piensa que ya no habrá extensión del período congresual, que ya no habrá intentos de consignar la reelección, que los políticos pueden dedicarse a hacer sus labores, que los congresistas pueden legislar con tranquilidad, que los miembros del gabinete pueden elaborar y ejecutar sus planes, la sociedad civil –y la prensa, la cual también pertenece a ella- ya no gastará tantas energías preocupándose por los aprestos de reformas nefandas y podrá prestar más atención a la corrupción, a las celebración de los próximos comicios. Los violines, además, tocan un réquiem para Darío Gómez y compartes. 

LOS MALOS ESPÍRITUS RONDAN DE TODAS MANERAS. La canción dice claramente que los enamorados creyeron escuchar mil violines de amor. Siempre hay un grupo de aguafiestas que encuentra “el pero” a todo. ¿Y si en esto de la reforma constitucional sólo se está creyendo?

Habrá quien dirá que en el 1994 firmaron partidos y sociedad civil y que finalmente se aprobó algo diferente a lo consensuado. Lo cual crea suspicacias entre una parte de los actores sociales. Se dirá que el Pacto por la Democracia sólo difirió los problemas para una fecha posterior, y como ejemplo se observará que los puntos actualmente en conflictos, son los pilares de las reformas de 1994: la independencia del poder judicial, la realización de elecciones separadas, los colegios electorales. 

Se dirá que el pacto ha sido posible porque el PRD y el presidente Mejía concentran una gran proporción del poder, porque han doblegado al PLD –los tienen agarrado por el pichirrí- y están de luna de miel con el PRSC, es decir que no hubo tal acuerdo, sino que el más poderoso de los partidos impuso a los demás su parecer. Hay algo de “vendetta” en el acuerdo, baste recordar que los Colegios Cerrados y el porcentaje de 50% más un voto para ganar en primera vuelta fueron los “aportes” que hizo el PLD al Pacto por la Democracia y con el cual el PRD nunca estuvo de acuerdo.

Los sospechosos de siempre mirarán con desconfianza la prisa por modificar esos tres puntitos constitucionales, y en convocar una constituyente para el 2002, junto con las elecciones congresuales y municipales. Y alertarán sobre lo mala consejera que es la prisa, y sobre la verdadera capacidad de la sociedad dominicana de soportar la organización de una constituyente en el 2002.

Los asuntos de este tipo atañen a la Junta Central Electoral, la cual tiene que organizar un proceso comicial en el que por primera vez se votará en circunscripciones electorales. Apenas faltan 8 meses para la celebración de dichas elecciones, en las cuales, según el pacto, habrá de incorporarse otro elemento que podría provocar gran confusión entre los votantes dominicanos: la elección de los constituyentes. Si el tiempo es poquito para organizar las elecciones con la nueva modalidad, qué puede decirse de la incorporación de ese nuevo ingrediente. ¿Fue la JCE consultada? ¿Se pensó en la viabilidad técnica y material de tan hermosa música de violines? ¿Y si también se decide incluir la elección de los representantes dominicanos al Parlamento Centroamericano? 

La sociedad civil sueña, si cree que con consignar una constituyente resuelve el problema. La constituyente será lo que los partidos políticos deseen. En concreto lo que el partido con mayor nivel de organización y probabilidades electorales imponga.

Nadie mejor preparado para ganar elecciones que los actuales miembros del congreso dominicano, nadie conoce mejor cómo se manejan las cosas en sus demarcaciones electorales, y serán esos mismos legisladores quienes, según se consigna en el pacto, elaborarán la ley que decidirá la “composición” de la constituyente. 

NO SE AMILANE, NO SE DEPRIMA, SIGA PARA ADELANTE. Quienes tienen la sartén por el mango son los congresistas, los mismo que no firmaron ningún pacto. Algunos de los cuales tienen una tradición muy grande de rebeldía contra sus partidos. Algunos de los cuales han sido activos promotores de chanchullos y desaciertos. Nadie tiene el control absoluto del congreso dominicano. Nadie puede imponer nada. Quizás por eso el PRD propició el pacto, porque en el fondo no poseía el control de todos sus congresistas y aliados entusiastas. Dice un conocido militante de la sociedad civil: “el Congreso Dominicano es una caja en la que todo mundo sabe y conoce lo que entran, pero sobre la que no hay certeza de lo que sale”. Este congreso sería la delicia de alquimistas y prestidigitadores medievales, Rey Midas a la inversa.

De todas maneras el congreso es uno de los principales actores del drama, el cual no fue tomado en cuenta. Mal que bien son los legisladores quienes definitivamente modificarán la constitución, debieron ellos, como símbolo del fortalecimiento de lo institucional, estar presentes en el pacto y rubricar el compromiso. El Pacto es el mejor posible en el contexto de nuestro sistema político, tomando en cuenta del desarrollo institucional y las característica de nuestra cultura política. Al mismo tiempo sugiere que la conciencia de que no se puede seguir por los derroteros actuales crece y se acrecienta. 

La sociedad civil organizada tiene ante sí, un nuevo reto. No debe repetir los errores del pasado, ni querer sustituir a los famosos notables de los años ochenta y principio de los noventa. Hasta ahora la gran fortaleza de la sociedad civil organizada ha sido su perspectiva laica y “ecuménica”. Las cuales debe estimular y profundizar.

De cara a la ardua labor que le espera a la sociedad dominicana en su conjunto puede resultar pertinente recordar un párrafo del análisis político del 15 de julio del 2001: “Constituyente no es panacea de nada, y la experiencia internacional lo ha demostrado. La demanda actual ha de ser por un pacto que permita una reforma constitucional y del Estado que viabilice la construcción de una sociedad más democrática y plural. Pero que no se quede en el papel, ni se quede en un puro fetichismo de las formas. Para eso hay que aceptar que nuestro país está formado por partidos, congresistas, Poder Ejecutivo, los gremios, agrupaciones civiles, expertos y ciudadanos en general que pueden y deben debatir los contenidos de la reforma constitucional, que hay sectores que verán mermados su poder si se hace una constitución democrática. El que tenga oídos que oiga: las palabras Reforma, Comisión y Constituyente son volátiles y elusivas en la República Dominicana de hoy, el ciudadano dominicano común se queda perplejo ante la polisemia de las palabras, y no sabe quién defiende a quién, mira extrañado que hay aliados estratégicos que hoy se ven enfrentados, y que hay potenciales contendientes que hoy parecen ser aliados.”

30 de Septiembre, 2001


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