Ramón Tejada Holguín/EL SIGLO
Luego de que el miembro del Partido Reformista Socialcristiano, Angel Lockward, renunció a la Secretaría de Industria y Comercio, el Presidente Mejía dice que actuará con quienes crean conflictos en el gobierno (El Siglo, 1-07-2001). Pero, los conflictos entre los funcionarios públicos no cesan, y existen pocas probabilidades de que se detengan.
Es harto sabido las diferencias que existen entre el secretario de Interior y Policía y el jefe del cuerpo de orden, con el agravante de que el primero se supone es el jefe del segundo, según está consignado en el papel, en el organigrama del Estado Dominicano. Ambos funcionarios se encuentran trabajando en sus despachos; y el Presidente en más de una ocasión ha declarado su preferencia por Candelier.
Recientemente las Fuerzas Armadas llevaron a cabo un operativo en todo el país. Una acción inusitada e inesperada, de la cual no se ha dado una explicación satisfactoria. El jefe del Ejército Nacional, mayor general Rafael Ernesto Polanco Salvador, ofreció los detalles de la operación en la sede de la Secretaría de las Fuerzas Armadas, y advirtió que en el futuro acciones de este tipo podrían repetirse. Este tipo de acción y su advertencia no es competencia de las Fuerzas Armadas.
Uno de los aspectos más interesante y que quizás pocas personas le prestaron atención, son las declaraciones del jefe militar a propósito de tres personas apresadas en el extraordinariamente costoso operativo. Dijo que a pesar de que los detenidos intentaron disparar contra los militares, no fueron golpeados, y en la Secretaría de las Fuerzas Armadas han sido tratados con mucho respeto (El Siglo, 17-07-2001). El mensaje es claro: el Ejército no mata en intercambios de disparos, como la Policía, además de que respeta la integridad física de los apresados.
Se ha dicho, casi hasta la saciedad, que los diversos organismos gubernamentales no trabajan de manera coordinada y que parecería más bien que se encuentran en competencia. Más de uno ha hablado de la falta de liderazgo en el tren gubernamental. Parecería que es llover sobre mojado hablar de la falta de institucionalidad, e inclusive opinar que se viven procesos involutivos.
LOS RESPONSABLES. Una visión superficial puede llevarnos a decir que el problema remite al tipo de práctica política y visión de la cosa pública del PRD. Como quien dice que el Presidente Mejía y el PRD son los culpables de todos los males.
Hay declaraciones de dirigentes perredeístas que pueden dar pie a la idea de que ellos y sólo ellos son los culpables. Guido Gómez Mazara reivindicó su funesto discurso en Samaná (aquel de nosotros, y luego nosotros, y si queda algo, pues, para nosotros mismos), e insistió en la necesidad de una reforma constitucional protagonizada por el PRD y realizada según las necesidades partidarias (El Siglo, 11-07-2001).
Hatuey De Camps sostiene que Mejía debe "remenear la mata", y hacer cambios importantes en el Gobierno, ya que hay funcionarios que "han nombrado a sus primeras, segundas y hasta terceras novias, además de los primos, hermanos y cuñados" (El Siglo 15-07-2001). Su preocupación no es por el perfeccionamiento del Estado, es porque estos funcionarios no le dan oportunidades a las bases del partido.
Un análisis rápido de las declaraciones de la mayoría de los perredeístas que critican el Gobierno nos lleva a la misma conclusión, la crítica es por un pedazo del pastel y no porque se piensa que el tren estatal deba ser perfeccionado. Pero, ¿significa esto que es el PRD culpable? ¿Tiene la moneda otra cara que mostrarnos?
UN DISCO RAYADO. El conflicto desatado en el Consejo Nacional de Drogas puede ayudarnos a ver el reverso de la moneda. Resultó evidente que este Gobierno dio continuidad a algo que se venía haciendo desde antes: el usufructo de los bienes incautados al margen de lo establecido en la ley.
La justificación del Presidente no pudo ser más desafortunada: "los gobiernos anteriores hicieron lo mismo". La misma salmodia se dice cuando se critican los despidos masivos, y el uso patrimonial de los bienes del Estado: todos hacen lo mismo. Mal de muchos consuelo de tontos y oportunistas. Si todos hacen lo mismo, todos son culpables, y ese es el punto adonde se quiere llegar. Habrá quien dirá que unos son más culpables que otros, que unos son culpables por acción y otros por omisión.
Pero, la otra cara, y lo que remite a la responsabilidad colectiva no es el hecho de que todos hayan hecho lo mismo. Es algo más substancial y preocupante. Nadie puede negar los logros que el gobierno del PLD cosechó en Impuestos Internos, Pasaportes, licencia de conducir y otros trámites administrativos. Se hicieron avances importantes en cuanto a la discusión de las reformas del Estado, la discusión sobre el problema de la justicia, y otros aspectos que apuntan directamente a la creación de reglas del juego claras.
LA INORGANICIDAD. Lo que nos enseña la experiencia del Consejo Nacional de Drogas es que existe un irrespeto sistemático de todos los gobiernos por las leyes, y la existencia de reglas informales que se ubican por encima de las leyes y lo acordado, y ese es el punto en donde efectivamente todos son culpables.
El neo-populismo perredeísta y la falta de liderazgo puede llevarnos hacia una crisis de gobernabilidad de importancia, pero el déficit de gobernabilidad que provocó el PLD y la inorganicidad de su proyecto de reforma gravita sobre la situación actual. Al señalar la responsabilidad del PLD no se quiere dar la apariencia de imparcialidad, se señala porque un sector del PRD se encamina hacia comportamientos similares a los que se le criticaron a este partido, esos comportamientos son parte de las fuentes de los déficit de gobernabilidad.
Diversas son las visiones de la gobernabilidad. Para algunos estudiosos relacionados a organismos como el BID, es la capacidad de un sistema de autogobernarse y enfrentar positivamente los desafíos que se le presentan. Para otros, relacionados al PNUD, la gobernabilidad está relacionada a los procesos de toma de decisiones que afectan la economía, la política y la implementación misma de las políticas públicas.
Es decir, que la gobernabilidad remite a la participación de los actores relevantes en la toma de decisiones. Los actores relevantes son los partidos, los poderes del Estado, grupos organizados de la sociedad, y la ciudadanía. En pocas palabras, en el mundo moderno no se puede gobernar sólo, nadie puede.
El PLD, partido de la clase media y con un grupo humano de indudable capacidad intelectual, entendió que no podía gobernar solo, pero intentó comprar de manera clientelista el apoyo necesario. Hubo un PEME para las masas, y Peguero Méndez en el Congreso. La inorganicidad de las reformas del PLD estuvo dada por su incapacidad de aliados reales, que soportaran y defendieran las reformas, lo que provocó que al final los logros y los desaciertos se fueran al basurero juntos.
El gran problema que se le presenta al PRD en la actualidad, es que a pesar de tener la mayoría en el Congreso y que una gran proporción de los sectores organizados le apoyó durante el proceso electoral, no ha logrado unificar sus propias fuerzas, ni dar respuestas a las demandas de quienes le han apoyado. A finales de los sesenta, Huntington observó que uno de los graves problemas de gobernabilidad en América Latina se relacionaba a las excesivas demandas de parte de la sociedad, las cuales no podían ser satisfechas por los gobiernos. Lo cual nos lleva a augurar que estamos en la antesala de una gran crisis de gobernabilidad en el país.
El PRD contribuyó a definir la demanda de los sectores populares, sus promesas de campañas estuvieron por encima de lo que como Gobierno ha podido ofertar y no ha dado una explicación convincente de las razones de su escasa capacidad de soluciones. Se ha enfrascado, el partido, en una lucha irracional por la candidatura a la presidencia que ha paralizado el tren gubernamental. Ha cometido el mismo error que el PLD, y le ha añadido su sello particular: el de ser un archipiélago de intereses y apetencias personales.
Hablar de déficit de gobernabilidad es como decir que se erosiona del apoyo y la legitimidad, que se le reducen la capacidad de diálogo y los sectores para concertar, pero, y es lo más importante, el déficit de gobernabilidad remite a la necesidad de un acuerdo que permita que el PRD y sus organizaciones satélites puedan ponerse de acuerdo entre sí. De poco vale que la llamada comisión que trabaje en un pacto social trate de dialogar con la sociedad civil y lograr apoyo para sus ejecutorias si el PRD es incapaz de dialogar consigo mismo.
Baste ver lo ocurrido alrededor de la elección de los candidatos perredeísta para dirigir el Senado, piense en las "filtraciones" que determinados sectores del PRD hacen de las acciones de otros sectores, piense en un partido que no ha realizado su convención y su dirigencia es fruto de acuerdos de aposentos durante el proceso de selección de los candidatos presidenciales, y entenderá que el primer nivel de concertación es interno. Los déficits de gobernabilidad de este partido serán más grandes y profundos que los del PLD, y sobre todo cuando se toma en cuenta que la situación económica internacional es mucho menos favorable que la que tuvo el PLD.
La posibilidad de que un buen día amanezcamos en un asombro de piedras, balas, y que de repente, alguien de uniforme hable no sobre el combate a la delincuencia, sino de la necesidad de orden y disciplina, va, desgraciadamente, en aumento.
22 de julio, 2001