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Votaría por Leonel sí... No soy un hombre de partido, pero si políticamente comprometido. Aunque no milito en ningún partido, soy militante de una sociedad civil políticamente comprometida. No me considero neutral, ni quiero que así me consideren. Tengo mis opiniones, y las expreso. La lealtad a mis propias convicciones me ha obligado a tomar posiciones contrarias a las adoptadas por amigos y colegas cuando han asumido el poder en alguna de sus manifestaciones. La defensa de lo que considero principios y valores a veces no es comprendida, ni siquiera por los que alguna vez los compartieron, antes de asumir posiciones de poder. En la medida de que las diferencias ideológicas entre los partidos han desaparecido y se ha impuesto como elemento esencial del éxito en la política un pragmatismo salvaje que aconseja realizar en cada momento lo que es conveniente, aunque suponga desdecirse, renuncias, o asumir lo que antes se rechazaba, la ciudadanía se ve obligada en cada torneo electoral a tener que decidirse, no por el mejor entre los buenos, sino por el menos malo entre los peores. En el caso concreto de la candidatura del Dr. Leonel Fernández, que aspira a reelegirse por un tercer mandato para la Presidencia de la República, a pesar de reconocer la recuperación económica lograda en un tiempo mucho menor del esperado para poder hacerlo, los avances en algunas instituciones del Estado y sectores de la administración pública, me inclinaría a votar por él en las próximas elecciones... Si hubiera mantenido mayor coherencia entre el discurso, sobre todo el que pronunciaba en el exterior, con las decisiones tomadas y las acciones emprendidas. Por lo menos en lo que respecta al Presupuesto la diferencia es evidente entre las prioridades que se declaran y las que se ejecutan Si se hubiese castigado la corrupción, tanto la cometida por extraños como por allegados, tal y como se había declarado durante la campaña, en vez de haber terminado tolerándola. Si no se hubiera permitido el conflicto de intereses por el hecho de que muchos de los altos funcionarios dirigían órganos del Estado donde desarrollaban sus negocios particulares. Ante la denuncia se permitió la justificación. Si la inversión en políticas sociales hubiese sustituido el gasto en programas de asistencia social de alta rentabilidad político electoral. El clientelismo, disfrazado esta vez de “transferencias condicionadas”, terminó por imponerse. Si no se hubiera aceptado en la práctica que el simple crecimiento económico da como resultado el desarrollo y que las fuerzas del mercado producen el desarrollo humano. La tesis neoliberal del “derrame” primó sobre la ejecución de políticas públicas que procuraran el bienestar general. Si la voluntad politica evidenciada en la construcción del Metro se hubiese hecho presente en las decisiones para enfrentar y solucionar los problemas en salud y educación. Un concepto muy particular de la Modernidad determinó que esta contribución a la solución del trasporte público se asumiera como punto de partida, no de llegada, y mas representativa en una sociedad del conocimiento que una educación de calidad para todos. Si en vez de denunciar la existencia de una partidocracia se hubiera opuesto a la práctica de que el ingreso a un cargo en la Administración Pública esté reservado a los militantes de los partidos políticos, en primer lugar del que gana las elecciones, y luego de sus aliados. Si no hubiera nombrado tantos Secretarios de Estado inorgánicos, Subsecretarios, Cónsules y Vicecónsules, así como a tránsfugas de otros partidos, que lejos de contribuir a la racionalización del Estado acentuaba su hipertrofia. Si en vez de tratar de auto implicarse y justificar decisiones de subalternos violatorias de la Constitución y las leyes en materia económico-financiera hubiera tomado distancia y la exigencia de responsabilidades. Si en vez de haberse declarado representante de las fuerzas históricas del balaguerismo hubiera intentado serlo del bochismo, prefiriendo ser el articulador de las fuerzas políticas progresistas y no de las conservadoras. Si se hubiera desempeñado más como Jefe de Estado que como Presidente electo perteneciente a un partido político y, sobre todo en estos últimos tiempos, como un Presidente-candidato. Si fuera el candidato mejor entre los buenos y no, simplemente, el menos malo. Lamentablemente, motivaciones similares, pero de otra naturaleza, no me motivan votar por los candidatos de los otros dos partidos mayoritarios. Y creo que esta situación es compartida por una buena parte de la ciudadanía.
Rafael
Toribio
16
de febrero 2008 |