La inauguración del metro
Rafael Toribio - Clave Digital, 24 de enero 2008    

Tal como se había prometido, la ciudadanía espera, y pienso que los Legisladores también, que el Presidente de la República les dará, de alguna manera, un paseito por el Metro con motivo del 27 de febrero. Lo que se espera es que el Presidente, acompañado de altos funcionarios del gobierno, y de los Legisladores, arribe al Congreso Nacional montado en el Metro.

Si el retraso de la obra lo impide, el paseo tendría que ser, por lo menos virtual. La tecnología hace posible que sentados acogedoramente en una sala pueda simularse un confortable recorrido por el Metro hasta llegar al Congreso. Queda la alternativa de un pequeño recorrido hasta llegar a la estación más próxima al edificio de la Asamblea Nacional, empujando el primer vagón. Nadie puede dudar que el Presidente cumplirá su palabra.

Como las tormentas Noel y Olga retrasaron los trabajos, este primer recorrido, virtual o empujado, no debe considerarse como la inauguración de tan importante y “prioritaria” obra, definida como la más representativa de nuestra modernidad. Será solo una muestra y el cumplimiento de lo prometido. La verdadera inauguración vendrá después.

Como en estas elecciones se está jugando la posibilidad de continuar “subio en el palo”,

poco antes de las elecciones conviene hacer algo con el Metro que tenga un impacto favorable en lo electoral. En el caso de que las obras no se encuentren aun finalizadas, se pudiera poner en funcionamiento algunos tramos para que la ciudadanía, de forma gratuita, saboree los beneficios del Metro sin recibir aún los inconvenientes de su operación.

La regia inauguración se debe posponer para después de las elecciones de mayo. Convendría hacerla coincidir  con la “retoma de posesión”, si triunfa la reelección, en el mes de agosto. Si políticamente se entiende que no conviene en esas fechas, posponerla entonces para hacerla en las navidades o en el inicio del 2009. Lo que no se puede es desaprovechar la oportunidad de una inauguración que haga historia.

Para esa regia e histórica inauguración, me permito formular estas sugerencias, con el ánimo de contribuir humildemente a tan fausto acontecimiento.

La celebración debe abarcar, por lo menos, una semana, declarada por Decreto del Poder Ejecutivo de Regocijo Nacional y el día de la inauguración como Fiesta Nacional no laborable. Durante toda la semana de celebración se organizarían viajes desde el interior del país, costeados, claro está, por el gobierno y\o el PLD (como se hace en los mítines), utilizando desde las guagas de la OMSA hasta transportes privados, sin discriminar las “voladoras”.

En esos días el transporte en el Metro será gratis y los pasajeros recibirán, también gratis, brindis, líquidos y sólidos, (pero no chicharrones), proporcionados por los Comedores Económicos. Los peledeístas, que ya son muchos, bien pudieran hacer las veces de edecanes para atender a los pasajeros.

Para que el magno acontecimiento perdurara en el recuerdo sería conveniente disponer de un souvenir (una réplica en miniatura del Metro, por ejemplo) que se entregue a cada pasajero. Una proliferación de afiches sería un recurso visual que ayudaría a que la memoria a no olvidar. El afiche pudiera ser un Metro entrando (o saliendo) a un túnel ¡para ingresar a la modernidad! Ayudaría también al mismo propósito la impresión de postales alegóricas al acontecimiento. Una con la imagen del afiche no estaría del todo mal.

El Presidente debiera aprovechar la ocasión para ofrecer, al menos, dos discursos. Uno el día de la inauguración, destacando los beneficios del Metro para la solución definitiva del problema del trasporte urbano en toda la zona metropolitana y su contribución al ahorro de combustible. En el segundo, al final de la semana inaugurativa, deberá destacar los beneficios que recibirá la ciudadanía con la nueva línea del Metro, anunciando que su construcción se iniciará en breve, aunque los recursos no estén consignados en el presupuesto, ni elaborados los estudios de suelo y los planos.

La sustitución de prioridades, haber dispuesto de recursos que no aparecieron en la cuantía debida para las verdaderas prioridades de la Nación, la necesidad de un nuevo subsidio para cubrir los costos operativos del Metro y que fuera impuesto y construido contra viento y marea, se les deja a los críticos sempiternos, siempre opuestos al progreso y a la modernidad. 

Rafael Toribio 
rtoribio@intec.edu.do

24 de enero 2008